¿Cómo educar mellizos?

Cuando lo más habitual es tener un solo hijo, a veces resulta que vienen dos o más, y ya nada vuelve a ser igual en la familia.

Cuando lo más habitual es tener un solo hijo, a veces resulta que vienen dos o más, y ya nada vuelve a ser igual en la familia.

También aparecen las preguntas en relación a su educación, que es lo más conveniente para ellos y que no, etc. 

Al tratar de educar y entender a los mellizos, hay que tener en cuenta que desde el momento de su concepción han permanecido uno al lado del otro y ninguno sabe lo que es estar solo. Esto va a determinar en buena parte su personalidad y su forma de ser. Los mellizos se relacionan con ellos mismos de una manera que difiere en ciertos aspectos de otro tipo de relaciones interpersonales.

Esta especial identificación que se da entre ellos con frecuencia retarda la maduración de ambos niños causando a veces dificultades de lenguaje o interfiriendo en la forma de relacionamiento con otras personas, así como creando una cierta confusión de identidad. En cuanto al lenguaje es frecuente que se dé un enlentecimiento en cuanto a la adquisición de esta función, ya que cada niño tiene al otro como un modelo más frecuente que el modelo de los adultos o de otros niños mayores, y por tanto su progreso modesto o deficitario es el resultado de tener un modelo más pobre. 

En ocasiones también se da que manejan un lenguaje privado entre ellos, que se desarrollaría cuando hay una tendencia pronunciada al aislamiento. Habitualmente manifiestan un carácter complementario, donde uno se muestra débil y otro fuerte, uno es tímido y el otro extrovertido, uno manda y el otro obedece ... Y de la misma manera, no hay que preocuparse cuando intercambian su personalidad habitual, cosa que se da a menudo. Los padres de mellizos deben tener en cuenta que estos niños necesitan desarrollar su propia personalidad, determinar su yo y asumirse como un ser distinto de su hermano. Los mellizos luchan por existir separadamente y no es bueno confundirlos y no diferenciarlos. 

Por eso conviene:

  • Evitar los nombres parecidos o de parejas como Pedro y Pablo, Isabel y Fernando, etc., y esforzarse por llamarlos siempre por el nombre sin recurrir a la expresión de "los mellizos". 
  • Estimularlos a relacionarse con su entorno para evitar que se aíslen y prevenir retrasos en el habla. 
  • No es aconsejable vestirlos de forma idéntica porque esto no los ayuda a diferenciarse. 
  • Acostarlos en cunas separadas y si en la casa hay espacio, en distintas habitaciones. 
  • Que cada uno cuente con sus propios juguetes, distintos a los de su hermano/a y su lugar particular para guardarlos. 
  • Tratar que desde pequeños cada uno cuente con atención personalizada, sin esforzarse por que cada uno cuente con el mismo mimo, la misma galletita o una penitencia parecida. 
  • A partir de los 2 o 3 años es muy positivo acostumbrarlos en forma muy gradual a vivir la experiencia de la separación, por ejemplo dejando una tarde a uno con los abuelos y al otro con otro familiar o amigo. 
  • A la hora de ir al Jardín, tratar de que los ubiquen en clases separadas y que tengan la posibilidad de crear sus propios grupos de amigos. 
  • Hacer una torta para cada uno el día de su cumpleaños. 

Pero ante todo hay que tener en cuenta que estas actitudes resultarán ineficaces si no se acompañan de una actitud interior de los padres dispuesta a aceptar el movimiento existente en los mellizos que oscila entre la fusión y la diferenciación.