¡Mamma mía!

En estos cuatro años y tres meses que llevo de mamá me he dado cuenta de que las madres somos seres muy especiales.

Por Jujy Fabini para BabyDove

En estos cuatro años y tres meses que llevo de mamá me he dado cuenta de que las madres somos seres muy especiales. Pero no lo digo por eso de que hacemos mil cosas a la vez y toda esa parafernalia que algo de real tiene, pero también bastante de mito. Yo creo que en las mujeres, desde que nos convertimos en madres, en esa revolución que nos atraviesa y nos deja paradas en la vereda de enfrente, se da una suerte de conversión, que siendo sinceras, no sé hasta qué punto es taaannn buena, porque como saben, todo converso, es más papista que el Papa.

Por ejemplo, lamento confesarle al mundo que somos seres muy aburridos para "el mundo de afuera". Llegan los viernes y estamos liquidadas. Llegan las 12:00 y grito en el cielo, como si fueran las 4 de la mañana, conscientes de que antes de las 8:00 unos seres que caminan como enanos se suben silenciosamente a la cama y nos abren los ojos y listo, ya está, sin anestesia empieza el día. En nuestro ropero las pilchas con más onda es de la moda del lustro pasado, y el cepillo de pelo (en casa de varones) es más fácil encontrarlo entre los chiches que en el baño. Eso sí, la gomita en la muñeca, ya estirada y desgastada es tan valiosa como el amuleto de la abuela.

Pero, la vida, sabia ella, nos sabe compensar. Todo lo embole que le resultamos al mundo conocido como "divertido", somos lo máximo, las mejores, las más lindas y sin duda las más divertidas para ellos, nuestros hijos. Que no es menor. O básicamente es todo. Porque las madres conversas nos regocijamos felices como chanchos con sus chanchitos en nuestro pequeñito chiquero, nuestro nuevo, rico y alucinante mundo, universo y galaxia entera. Y es lo mejor que nos puede pasar.

Otra capítulo, el chusmerío, tan típico del ADN femenino. Como que se esfuma. No me preguntes qué pasa en el mundo de afuera. Todo lo que antes me llegaba de información, ahora es como si estuviera encapsulada, no me entero de nada, ni si vuelve Tinelli ni de lo que pasa en la oficina de al lado. Pero, ojo, si querés te recito la programación entera de Discovery Kids, te tiro al hilo cinco pedagogías alternativas con sus particularidades y teorías, te recomiendo 10 libros infantiles en dos minutos y te cuento qué tiene que llevar de merienda cada día Salva al colegio (mentira, eso no lo logro registrar, tengo que poner un papelito en la heladera).

Uno de los ejemplos cúlmine de esta conversión lo noté en una sala de espera la semana pasada. Mientras esperaba un largo rato que nos atendiera la pediatra de Indro y León nos pusimos a hablar con una mamá. Ella ya estaba del otro lado, tenía cerca de 60 años e hijos grandes. Nueve hijos. Sí, sí. Cuando me lo dijo, me vino como un subidón al cuerpo, respiré hondo, me senté a su lado y con la mayor curiosidad, inquietud y atención que le puede dedicar a alguien una persona, le pregunté, ¿y cómo hacés? Esa mamá, que tenía nueve hijos me generó un entusiasmo tan sublime como si estuviera frente a Steve Jobs. Y cuando me contó que acostaba a los nueve niño a las 8:00 de la noche, fue la panacea. Como si Steve frente a mí me estuviera contando su idea del I PAD (antes de crearlo, claro).

En cuanto la atendieron, corrí a contarle a Marcelo, para mí era tan revolucionario como increíblemente posible tal hazaña, y así lo narraba, como si estuviera contándole la idea del Ipad de Steve Jobs. Él me miró con un gesto de..."mirá" y siguió en la suya.

Hay varias cosas en esto de las madres fundamentalistas. Primero tu marido. Te tiene que seguir la cabeza. Comprender tu viaje. O te sumás al clan o perdés. Es como que una vez que se da la conversión, por un buen tiempo, no hay vuelta atrás. Sin duda, no sos la misma que con la que se ennovió años atrás. No la busques, porque no está. Metele onda y aceptalo. Jajajaja

Tus amigas. Muchas de ellas se lo toman más light. Vos las mirás tipo, ¿quéee, preferías salir a tomar una que quedarte en tu casa mirando Pepa Pig? Y bueno, digamos que es de lo más normal, pero, desde dentro del capullo hasta lo más normal se convierte en algo raro. Lo importante y más desafiante es seguir queriéndonos como somos. Cada una con su mambo.

Y bueno, somos madres, y como sea que seamos nos tienen que bancar, acompañar y apoyar. No hay otra. Eso también es parte del fundamentalismo maternal. Hagamos clan, observémonos, aprendamos y enriquezcámonos de nuestra diversidad.

La madre naturaleza, la madre patria, la Mama Vieja, la Pachamama, ¡Mamma mía! Grande ma!!!! Arriba las madres en sus mil formas!!!! ¡Feliz día para todas y salú por nosotras, la mía, las que se fueron y las que están por venir!