¡Oh lá lá! Yo en París y los niños en la casa… ¡Todo una experiencia!

Viajé con mi papá por Europa. ¡Una bendición! Cuando surgió la posibilidad no lo dude ni un minuto. Pero cuando se empezó a acercar la fecha, la idea tomó realidad y fue ahí cuando caí en la cuenta de que una vez más la maternidad nos lleva por caminos inexplorados.

Por Jujy Fabini para Baby Dove

Acabo de volver de un viaje de dos semanas con mi papá por Europa donde visitamos dos de las ciudades más lindas del mundo, Londres y París. ¡Sí, una bendición!

Cuando surgió la posibilidad, varios meses antes, no lo dude ni un minuto, saltando en una pata ya me sentía arriba del avión, con la Torre Eiffel a un costado y el Big Ben al otro. Pero cuando se empezó a acercar la fecha, la idea tomó realidad, bajó a tierra, se instaló como un hecho irrefutable y fue ahí cuando caí en la cuenta de que una vez más la maternidad nos lleva por caminos inexplorados y nada vuelve a ser lo mismo, ni siquiera los viajes, sus expectativas e ilusiones.

Semanas antes empezamos la planificación, no del itinerario, sino de lo que iba a pasar acá mientras que mamá no estuviese y el querido Abuelo Laly, un pilar fundamental en la vida y el cuidado de los niños, tampoco. Mi marido, el papá, quedó encargado de Salva e Indro durante dos semanas (sí, muchas mamás me felicitan por ello, jajaja) Era la primera vez que me iba de casa tanto tiempo, que dejaba a Indro, el más chiquito, y que Marcelo se quedaba solo con los dos.

Cuando saqué las valijas empecé a contarles que en poco tiempo nos subiríamos a un avión, rumbo a Paris, un lugar donde hay una torre, y se las mostraba, y a Londres, donde hay un reloj enorme y que ellos se quedarían con Papito. Igual les traeríamos muchos regalos, la Patrulla Canina, Héroes en Pijamas, promesas que debíamos cumplir, ¡sea como sea! (¡y lo hicimos!)

Una amiga que viaja bastante por trabajo me dio algunos consejos, como una suerte de decálogo , sobre qué hacer cuando viajás lejos y sin los niños:

Hacer un calendario y ponerlo a la vista para que día a día - con ayuda de los mayores - tachen. Que les deje regalitos escondidos y que cuando los llame les diga - con complicidad de papá - que busquen una sorpresa abajo de la cama o adentro de la ducha. Que les mantengamos las rutinas y horarios, que los llame siempre a la misma hora, y que intente no hacerlo en la noche para que no extrañen antes de irse a dormir.

En familia, como un equipo armamos una red de contención para tenerlos cuidados y contenidos. Visitas diarias de tíos, abuelos, programas con primos y amigos y fotos de los lugares que conocíamos para que - a su forma - viajaran con nosotros.

Tener la posibilidad de hacerlo era una verdadera bendición y así lo viví cada día, agradecida dese la mañana a la noche, pero escuchar "acá está todo bien, no te preocupes" fue la clave para que el disfrute sea óptimo. Fue una prueba a mí misma, y a toda la familia, de fe, confianza y sobre todo generosidad. De todos. Cada unos desde su lugar y su rol. Era una red de contención para ellos y para mí. De otra forma, no funcionaba.

Acabamos de aterrizar. Fue increíble lo que disfrutamos y nos nutrimos de esta aventura. Pero a diferencia de otros viajes que había hecho años atrás, esta vez, estaba feliz de volver a casa. Las callecitas de París y sus luces tenues al atardecer reflejadas en el Sena, esa ciudad impresionante, imperial, detiene el tiempo en su belleza. Los acordes de los Beatles suenan al caminar por Trafalgar Square, los famosos ómnibus serpentean en rojo por Oxford Street para hacerse lugar entre el murmullo multicultural que impregna de música y cultura las calles londinenses. Son postales que guardaré para siempre, y que intentaré transmitir a mis hijos de alguna forma. Pero casa es casa. Y el "mamá, mamá" de Indro y el "mamita, vamos a jugar juntos" de Salva son mi hogar, mis maravillas, llenas de música y belleza.

Este viaje me enseñó varias cosas, más allá de los impresionistas o Pink Floyd. Aprendí que Marcelo se maneja perfecto con los chicos, ¡es un padrazo! Que está buenísimo trabajar el "desapego", delegar, confiar y disfrutar a la distancia sin tener el control de todo. Contar con el apoyo de tu familia es clave para el éxito de la aventura. Está buenísimo viajar y conocer el mundo, pero está mejor aún, luego de haberlo vivido, volver a casa.