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Dra. Cristina Lustemberg: Uruguay Crece Contigo - La Infancia Primero

Casi casi desde que aprendió a hablar Cristina Lustemberg dijo que quería ser pediatra y mamá. Hoy cumplió ambos sueños, ya que tiene tres hijas -de 15, 13 y 8 años- y es pediatra y coordinadora de "Uruguay Crece Contigo - La Infancia Primero".

Casi casi desde que aprendió a hablar, Cristina Lustemberg dijo que quería ser pediatra y mamá. Hoy cumplió ambos sueños, ya que tiene tres hijas -de 15, 13 y 8 años- y es pediatra y coordinadora de “Uruguay Crece Contigo - La Infancia Primero”. Este programa busca consolidar en el país un sistema de protección integral a la primera infancia. 

¿Por qué es tan importante atender las necesidades de la primera infancia?

Hay dos etapas claves en la vida de un individuo: la primera infancia y la adolescencia temprana. La primera infancia es la etapa comprendida entre la gestación y los primeros cinco años de vida. Y la adolescencia temprana, va de los 10 a los 14 años. Respecto a los primeros años, los cambios que se dan en el cerebro son fundamentales,  son como los cimientos de una casa.  Si el niño no es suficientemente cuidado, estimulado, atendido,  el entramado cerebral tampoco es desarrollado. Muchísimos estudios demuestran que los niños que  nacen en contextos sumamente desfavorables, tienen menor desempeño escolar, por ejemplo. 

A su vez, se puede observar que la mejor política para combatir la inequidad, es el  apoyo a las familias desde la etapa de gestación. Invertir en esos primeros años es la mejor política, en cuanto a retorno de la inversión. Porque se minimizan los riesgos respecto a la salud e inserción social de esa persona. Muchísimos estudios evidencian que los países que invierten en esta etapa, logran una sociedad con mejores índices de población social al llegar a la etapa adulta. No estamos diciendo que hay que dejar de invertir en otras etapas, pero éstas  son claves. 

Contanos sobre el programa La Infancia Primero. ¿Cuándo y cómo surge?

Este programa toma como antecedente lo desarrollado en la administración anterior que fue la Estrategia Nacional de Infancia-Adolescencia (ENIA),  y consiste en una planificación estratégica generalizada para todo el país  desde el 2010 hasta el 2030, relacionada con las primeras etapas de la vida. E incluye  un plan de acción inicial 2010 - 2015. La necesidad de este programa surge porque pese al avance de las políticas sociales, Uruguay mantiene un problema estructural vinculado a la infancia.  La idea fue generar una política integral que involucre no sólo a la salud, sino también a la educación, las políticas sociales y los cambios culturales. 

Por eso mismo se decide la inserción institucional desde la OPP y no el MSP por ejemplo. Porque tiene que ver con los lineamientos estratégicos del país a largo plazo. En el diseño e implementación del programa se involucran varias instituciones del Estado, como la Administración de Servicios de Salud del Estado (ASSE), la ANEP, la Dirección de Primera Infancia del Ministerio de Educación y Cultura, el INAU, el INDA (Instituto Nacional de Alimentación) y otras instituciones. Un desafío que tenemos, es que no solamente sea una prioridad para el gobierno sino para el país en su conjunto.

¿Cuáles son esos problemas estructurales?

Tenemos un problema demográfico porque tenemos muy pocos nacimientos, la tasa de fecundidad y reproducción es muy baja y no da para cubrir la tasa de reemplazo. Pero además, se da la infantilización de la pobreza.  Es seis veces superior la pobreza en los hogares donde hay niños y jóvenes, que en los hogares donde hay sólo adultos.

Si bien viene descendiendo, estructuralmente es el país de América Latina que tiene el más alto coeficiente de pobreza en hogares donde hay niños menores de 14 años. En los demás países quizás tienen más pobreza total que nosotros y un índice de Gini (que es el que mide la inequidad) diferente al nuestro. En el Uruguay ese coeficiente es de los mejores de América Latina, pero cuando se va desagregando la pobreza, aparece que el 24% de los niños en nuestro país se encuentra por debajo de la línea de la pobreza contra el 4% que tiene la población adulta. Un país que tiene tan bajos nacimientos y todavía casi 1/4 de los niños que nacen se encuentran  por debajo de la línea de la pobreza, tiene un problema ético, de capital humano, de derechos, económico y conceptual como país. 

¿Cómo es la tasa de natalidad en nuestro país?

En las clases medias tienen menos hijos de los que quieren y pueden,  porque no hay políticas estructurales que compatibilicen la inserción de la mujer y/o de ambos padres en el mundo del trabajo. Y tampoco hay reducciones impositivas claras que estimulen la natalidad, por más que se han generado algunos beneficios y reformas. A la vez, las clases más vulnerables tienen más hijos de los que quieren y pueden, por falta de educación de salud sexual y reproductiva y un claro servicio que garantice esos derechos como tales.

¿Qué áreas y proyectos manejan?

Por un lado estamos desarrollando una campaña de comunicación, que comenzará en esta segunda mitad del año, que pretende generar cambios culturales en toda la población. Por ejemplo, la crianza no debe ser solamente una responsabilidad para las madres, sino que tiene que ser un trabajo compartido. 

También estamos trabajando en un “Set de bienvenida”. El set va a distribuirse en todas las maternidades del sector público y privado a partir de julio. Va a incluir entre otras cosas, cuatro libros con claro componente educativo. Uno es “Bienvenido Bebé”, otro es “Mucho, Poquito y Nada” de Natalia Trenchi vinculado a la crianza;  también una guía que se llama “Acompañando un crecimiento sano y feliz” que da pautas de cuidado del embarazo y los primeros años de vida  y el libro “Los Primeros Olores de la Cocina de mi Casa” que brinda pautas sobre la alimentación. 

A su vez, trabajamos mucho con el sector académico tanto en el ámbito privado como público. Un cometido es fortalecer las capacidades y competencias institucionales. El cuarto componente con el que trabajamos, es el del acompañamiento familiar y trabajo de cercanía dirigido a las poblaciones más vulnerables donde hay niños y niñas menores de cuatro años y mujeres embarazadas. Esas familias se benefician de un equipo de trabajo en el hogar.

Sabemos que también están trabajando para revertir el índice de anemia en los niños. Contános de qué se trata.

Según una investigación realizada por el Ministerio de Desarrollo Social, el Ministerio de Salud y UNICEF, el 31,5% de los niños de entre 6 y 23 meses, usuarios del sistema público y privado,  tiene anemia por déficit de hierro. Está demostrado que el hierro es un micronutriente esencial para el desarrollo cerebral. Lo que es más importante y que está demostrado por estudios longitudinales, es que los niños que tienen anemia en esta primera etapa de la vida, cuando se inserten en el sistema educativo, van a tener claras alteraciones de aprendizaje. Las consecuencias se pueden prevenir y evitar.

¿A cuántas familias atiende el programa?

Hoy son 116 técnicos que están trabajando en diez departamentos. Conforman duplas del área social y del área de la salud, por ejemplo un Licenciado en Psicomotricidad y otro en Nutrición, en Enfermería y un Psicólogo o un trabajador social. Entre las dos miradas (mirada social y de salud), realizan un abordaje integral y un acuerdo con esas familias. A partir de junio de este año, vamos a estar en el 100% de los departamentos. Hoy estamos llegando a los 2.500 hogares, los cuales están conformados por 3.600 personas: 1.100 embarazadas y el resto son niños y niñas menores de cuatro años. De esos 2.500 hogares que trabajamos, solamente hemos tenido 13 rechazos. La metodología y la intervención se hace en cuatro modalidades de acompañamiento: una se llama “Buen comienzo” que es la que está dirigida al trabajo con cualquier embarazada, hasta que el bebé cumple los siete meses de vida. Otra que es de cercanía, y está dirigida a las poblaciones más vulnerables. Allí se trabaja con un tiempo de acompañamiento de nueve meses. Otro es de seis meses y otro de cuatro meses. . El objetivo del componente cercanía es fortalecer a las familias en sus propias capacidades vinculadas a la crianza y ver qué derechos tienen que por determinadas vulnerabilidades no acceden, por ejemplo, la asignación familiar, la identificación civil, las prestaciones alimentarias o los controles de salud y los cuidados. Evaluamos el desarrollo infantil y de acuerdo a cada edad, vamos viendo qué cosas se pueden hacer en el hogar para estimular el desarrollo. Hacemos un acuerdo de trabajo de co-responsabilidades con las familias con un tiempo de inicio y de finalización.

Más allá de los aspectos esenciales que preocupan en el caso de las familias más vulnerables, ¿Cuáles creés que son los problemas a los que se enfrentan hoy los padres?

Sobre todo la demanda de tiempo y la compatibilización con las propias necesidades.

La maternidad tiene que ser tan deseada como querida y tan responsable como ética, porque requiere mucha dedicación. A pesar del estrés con que vivimos, nunca podemos perder la capacidad de disfrute como mamás y como papás. Es una etapa donde marcamos mucho el  desarrollo. No podemos prever qué rumbo van a tomar nuestro hijos, pero sí debemos saber que lo que hagamos con mucho amor en esta etapa, los va a marcar.

Y a nivel personal, ¿qué desafíos se te presentan en la crianza de tus hijas?

Tengo tres hijas y perdí muchos embarazos en el deseo de tenerlas. Cada niño (y esto es muy importante que lo tengan siempre presente), tiene su temperamento, algunos tienen un temperamento más conciliador, más pasivo, y otros un temperamento un poco más activo, más demandante y eso son aspectos a trabajar en las pautas de crianza. Para eso los padres necesitan mucho conocimiento. Compatibilizar todo eso requiere mucho amor y mucho trabajo. Esos valores son los que tienen que primar y atravesar todos los sectores de la sociedad.