Educando mellizos y gemelos

Después del primer susto y la alegría de recibir mellizos, luego que ven que pueden alimentarlos, bañarlos, dormirlos, surgen otras preocupaciones, ¿cómo los educamos?, ¿qué debemos saber?

Después del primer susto y la alegría de recibir mellizos, luego que ven que pueden alimentarlos, bañarlos, dormirlos, surgen otras preocupaciones, ¿cómo los educamos?, ¿qué debemos saber?

Aquí van algunas pautas generales y no siempre admitidas, ya que en este tema, como en otros las cosas van cambiando...

Un tema es la educación de un par de hermanos gemelos o mellizos. Si a un niño ”normal” le cuesta reconocer su propia individualidad y aprender a conocerse como persona, a los hermanos mellizos más y a los gemelos mucho más. Hasta el punto de que muchos hablan siempre en plural, se inventan un nombre y responden por él los dos, hablan un lenguaje propio que les retrasa el dominio del lenguaje materno, uno de ellos es mucho más retraído que el otro ya que la personalidad dominante del hermano le acompaña allá donde vaya o haga. Antes o después los gemelos deberán separarse, si por su educación lo logran antes de llegar a la pubertad, donde seguro que ocurrirá, será mejor para ellos.

Existen unas pautas convenientes a seguir dentro de lo posible para que los padres favorezcan la madurez individual de cada hermano:

  • Procurar no ponerle nombres muy parecidos. 
  • Dedicar un tiempo de juego o charla por separado con cada uno, ellos necesitan saber que son importantes por sí mismos. 
  • No vestirlos iguales, y mucho menos si uno de ellos no quiere. 
  • Separarlos de aula en el colegio. 
  • Si se van de viaje uno o dos días, dejarlos a cada uno en casa de un amigo distinto, donde se sientan divertidos y seguros. 
  • Procurar separarlos de cama lo antes posible. 
  • Aprender a diferenciar el potencial de cada niño y animarlo a desarrollarlo. No aplaudir más las habilidades de uno e intentar anotarlos a clases extraescolares distintas según sus preferencias. 
  • Evitar que la madre se ocupe siempre de uno y el padre de otro. 

Aunque surjan pequeñas peleas es mejor no comprar siempre dos juguetes iguales, deben aprender a tener cada uno lo suyo y compartirlo. Evitar llamarlos ”los mellizos” o ”los gemelos”. 

Intentar no comparar los progresos de uno y otro, es fácil que si uno empieza a caminar, leer o nadar antes que el otro, los padres se pregunten si el que no lo ha hecho todavía debería estar haciéndolo, así, le ”achuchan” para que lo haga. Esto dañará la autoestima del niño y le obligará a hacer algo para lo que no está preparado. Son dos personas distintas y cada uno lleva su ritmo. 

Dejando de lado los pequeños problemas que conllevan los primeros años de unos hermanos gemelares la verdad es que tenerlos es una experiencia única que no todos los padres pueden vivir. Y para ellos, será una vida de compañía, amistad y recuerdos mutuos.