Efemérides

Debo confesar que tengo una manía u obsesión; ¡bah!, tengo miles, pero ahora, acá, quería detenerme en una: suelo fijarme o intentar recordar qué estaba haciendo en determinado momento, pero determinado tiempo atrás.

Por Federico Petersen para BabyDove

Debo confesar que tengo una manía u obsesión; ¡bah!, tengo miles, pero ahora, acá, quería detenerme en una: suelo fijarme o intentar recordar qué estaba haciendo en determinado momento, pero determinado tiempo atrás. Generalmente es 1 año, pero también pueden ser 6 meses, o 1 día igual. Por ejemplo: hoy, a esta hora, hace 1 año, estaba haciendo tal o cual cosa. Qué voy a hacer, tengo eso, y cuanto más pesado o grande o íntima es la cuestión, más me pega. Con esta data en mente imagínense cómo estuve, y estoy, en estos días que hace un año (ahí fue el primero) atravesábamos las turbulencias más feas imaginables.

Me pasó este 14 de febrero a mediodía, cuando hace un año estaba aterrizando de un viaje relámpago (5 días) que tuve que hacer a Copenhague, Dinamarca y, al llegar a casa para ducharme, almorzar e ir a la oficina Nani me deslizó la idea de que había roto bolsa "o algo así porque me sale un líquido raro, pero apenas unas gotitas".

Me pasó la noche de ese mismo día, cuando a eso de las 23:00 estábamos, hace un año, recibiendo la confirmación de que efectivamente se había roto la bolsa y quedábamos internados.

Me pasó a las 18:27 del 15, cuando un año atrás vi salir a una Luisa toda roja y llorando a pulmón vivo "aupada" por detrás de la gran tela verde que (por suerte) ponen entre tu cara y la carnicería que es una cesárea.

Me pasó a las 23:00 del 15, cuando hace un año Luisa dio la primera señal de su malformación y empezó la pesadilla. Pero me pasó con una fuerza inusitada la noche del 16, la previa del festejo de su cumple. Esa noche me ofrecí a ser quien atendiera a Luisa cuando se despertara por la noche porque Nani venía de dormir dos noches bastante poco y mal, y yo estaba bastante en forma; así estábamos los dos descansados y con todas las pilas para disfrutar del hermoso cumple que veníamos armándole. A eso de la 1:30 am del sábado 17 Luisa se despertó, como suele suceder. Fui hasta su cuarto con una mema, como siempre, se la di, como siempre y la tuve en brazos (sorprendentemente despierto) un buen rato más del que le llevó dormirse. Me llamó la atención que no "quería" soltarla, cuando generalmente a esa hora es "vamos Luisita, vamos a dormir que cada minuto vale oro a esta hora". Pero mi espíritu efemeridírico (perdón, idioma español) me hizo entender al toque que exactamente a esa hora, un año atrás era la noche previa a la operación de Luisa y yo estaba vestido de enfermero, pasando la mano por la ventanita de la incubadora que la contenía llena de cables y tubos, y ella agarraba con su manito entera y con firmeza, la falange más pequeña de mi dedo más pequeño. Estábamos a centímetros y a la vez tan lejos. El lugar al que ella pertenecía (y pertenece cualquier bebé recién nacido) eran los brazos de sus papás, no una incubadora; pero yo no la podía agarrar.

Recuerdo vívidamente que esa madrugada, un año atrás, la sensación que me invadía era que yo ME MORÍA (con mayúsculas y énfasis en la "í") por eso: agarrarla, auparla, besarla, ponerla contra mi cuerpo y hacerla sentir querida, bien; humana. Y no pude.

Es una espina que me pude sacar recién ahora, el 17 a la madrugada pero de este año, cuando pude mirarla dormir feliz, grande, pesada, en paz; y en mis brazos.

El 17 la fiesta fue hermosa; amigos, familia, un día soleado y miles de recuerdos; y cuando fuimos a soplar las velitas, quizás un poco de atrevido, yo también pedí mis tres deseos. Uno fue que nunca más, por favor, en la vida, tenga que volver a mirar un año atrás y recordar algo tan feo. El otro, es que, ojalá, no le tenga que pasar nunca más a nadie una cosa así; y que si les pasa tenga solución, como por suerte pudo tener solución Luisa (ok, esto es un deseo y medio ponele).

El tercero me lo guardo. Es nuestro.