El diálogo con los niños de 7 a 10 años

Es importante generar un diálogo fluido en esta etapa ya que es cuando los niños empiezan a ser más independientes y más lo necesitan.

Cómo alcanzar una buena comunicación

En primer lugar, proponiéndoselo y conscientemente. Se trata de crear las condiciones para que la comunicación y el dialogo con los hijos se dé espontáneamente y no pierdan la confianza en sus padres.

Por ejemplo, conociendo y compartiendo sus aficiones, sus gustos, al menos en cierta medida. Si les apasiona el futbol, no seria muy hábil de parte de los papis decirles algo como: “¿y a mi que me importa quien es ese Ignacio?”

Después, cuando quieran que les cuenten algo realmente importante, no se extrañen si se cierra y se niega a hablar. En el caso que empiecen a mostrar debilidad por el rock, no hay que mirarlos su suficiencia pensando en Pavarotti.

No hay por qué fingir que los gustos entre padres e hijos coinciden, pero sí mostrar interés y aprovechar para actualizarse en la cultura musical contemporánea (a ellos les encantará hablarles de este tema).


Al menos un rato diario en exclusiva

Otro requisito para que la comunicación y el dialogo con los hijos funcione, es dedicarles tiempo. Estar con los hijos no es una actividad menos importante que otras, así que hay que planificarla y hacerle un sitio en la agenda. No se debería dejar transcurrir ningún día sin pasar al menos un rato con ellos. Y, si es breve, no dedicarse a abrumarlo con preguntas.

Por supuesto que hay que interesarse por ellos, por sus cosas, pero hay que dedicarle también, simplemente, a estar con ellos, a mostrarse receptivos y escucharlos. Mantener un buen nivel de espontaneidad y confianza, ayudará a conocerlos mucho mejor que ningún interrogatorio. Hacerlos sentirse cómodos charlando y dejarlos elegir los temas es la mejor llave hacia su mundo interior.

No esperar cada día revelaciones trascendentales, pero la costumbre de charlar relajadamente logrará que nunca lleguen a ser para sus papis –como lastimosamente sucede a veces- unos extraños.

Cuando no sea fácil encontrar momentos para compartir, hay que ponerle ingenio. ¿Qué tal apagar la televisión durante la cena? Y, si no es posible cenar juntos, quizá si lo sea desayunar. O acompañarlos un rato en su cuarto antes de dormirse.

También se puede buscar actividades para hacer juntos: bañar al perro, llevar el auto a lavar, jugar a cualquier juego de mesa, hacer una colección, avanzar un poco cada día en la resolución de un rompecabezas gigante... Hay que recordar la intensa felicidad que embargaba a los hoy papis, cuando sus propios padres les dedicaban, de verdad, toda su atención. Entonces así, se verá y se sentirá más claro.