El primer mes de mamá doble

Azul tiene unos ojos grandes, un ceño que frunce casi todo el tiempo, cara redonda, una nariz y boca pequeñas y una papada con presencia.

Por Florencia para BabyDove

Azul tiene unos ojos grandes, un ceño que frunce casi todo el tiempo, cara redonda, una nariz y boca pequeñas y una papada con presencia. Cada vez que vamos a control, la pediatra no para de decir que está divina y que está creciendo bárbaro. Está pesando 4.790 kilos. Ya hay ropa que no le queda o le queda corta o apretada. Ya te fija la mirada, esa mirada seria que tiene y, cada tanto, nos regala una sonrisa -y nos derrite-.

Azul cumplió su primer mes afuera de mi útero el 10 de abril. Ahora se descubre en un entorno que le es familiar, pero ella sabe que ya no es lo mismo, ahora lo explora desde otro lado.

Se da cuenta de que no puedo estar todo el tiempo con ella como cuando la llevaba en mi panza porque su hermana Alma necesita también de su mamá, y porque hay que hacer tareas del hogar que son necesarias. Y, a veces, eso le molesta. Le molesta tanto que llora. Suele acompañar su llanto con gritos desgarradores que cesan en el instante en que alguien -sea mamá, papá, abuelos, tíos, primos- la alza y la pone contra su pecho.

A menos que tenga hambre. En ese caso, la teta es el único calmante. A eso le llamo conexión cósmica.

Ella sabe que no hay nada más hermoso que un buen abrazo. Y nosotros sabemos que los necesita más que nadie. Y se entiende. ¡Es que vivió muchos meses abrazada a mí, apoyada sobre mi ser, juntas todo el tiempo!

Debo admitir que, en este primer mes, he transitado por emociones de todos los colores. Aunque en mis días predomina la felicidad y serenidad, de a ratos me he sentido saturada y muy cansada. He llorado en silencio, le he pedido al Universo que me dé energías. He tenido que acostarme a respirar profundo para poder seguir.

Las primeras noches han sido eternas. Los cólicos invaden a la bebé en algunos momentos del día, más que nada en la madrugada. Y en esto soy una mamá novata, porque con Alma no nos pasó.

Por otro lado, ser mamá de dos seres tan pequeños tiene sus desafíos y sus momentos de mucha demanda, pero no hay nada más hermoso que verlas conectarse con una mirada, un beso o un mimo.

Alma es muy pequeña -tiene un año y medio- pero también muy sabia. Sabe que ahora nuestro tiempo se comparte con Azul. Alma me enseña a tener paciencia, a no perder la calma. Su capacidad de adaptación no sólo me sorprende, más bien me enseña.

Y Azul me acaricia el corazón con su perfección, su fragilidad, con su mirada penetrante, con su entrega a este nuevo mundo, con su forma de amor tan simple. Sentir su respiración sobre mi pecho me traslada a otra dimensión. Su necesidad de amor permanente me hace estar despierta, consciente de entregarme al máximo para que crezca sintiéndose acompañada y contenida.

Entre ellas se aman. La primera noche en casa, Alma dormía profundamente en la cama grande, haciendo colecho muy tranquila mientras que la hermana menor dormía en el moisés al lado nuestro. De repente, Azul se puso a llorar y ella se despertó diciendo "bebé" una y otra vez, a punto de largar el llanto. Se acercó a la cunita y hasta que no la vio calmada, no se separó de ella.

De a poco, nos vamos acoplando a nuestros ritmos. Con Lolo hacemos un buen equipo, es que cuando hay predisposición todo es más fácil.

Azul va venciendo a los dolorosos cólicos, por lo menos, ya no le vienen de madrugada y esto no es menor porque nos permite reponer energías.

También, la ayuda que recibimos de nuestras familias es fundamental, más ahora que Lolo ya volvió al trabajo.

Nunca le di paso a los miedos, al ‘no podré'. Aunque se aparecían en mi mente, siempre logré disiparlos. Esto no quiere decir que sea una madre perfecta. No sé lo que es eso, solo sé que aquí estoy, terminando de escribir esta nota, sintiendo que no me dan los párrafos para describir lo intenso que es esto. Son la una y media de la mañana. Azul está envuelta en una manta y reposa, durmiendo, en mi pecho. Alma y Lolo me esperan con los ojos cerrados en la cama. El silencio del hogar me llena de calma. Después de todo, la madrugada tiene su encanto.

Me siento plena, feliz y maravillada de estos seres que me acompañan en la diaria. Ya hace un mes que Azul está en este espacio, conquistando su hogar y nuestros corazones y que Alma es hermana mayor. Ya hace un mes que soy mamá doble.