Enana de jardín

Luisa empezó a ir a un jardín; es chiquita, tiene apenas (y ya, a la vez) 1 año y 3 meses, pero la empezamos a mandar, por varios motivos.

Por Federico Petersen para BabyDove

Luisa empezó a ir a un jardín; es chiquita, tiene apenas (y ya, a la vez) 1 año y 3 meses, pero la empezamos a mandar, por varios motivos.
El primero es que ella ve una niña o un niño y se le iluminan los ojos. Es impresionante; no importa si lo conoce, si es de su edad o tamaño o mucho mayor o menor, si está cerca o lejos, ni bien lo ven sus ojitos se iluminan y estira sus manitos como para alcanzarlo.
Eso ya venía pasando bastante pero fue hace poco menos de un mes, cuando fue a un cumpleaños infantil y nos costó, un montón, llevárnosla porque quería seguir y quedarse y se iba sola con el primero que pasara cerca, a jugar y mezclarse e intentar abrazar a todos, que dijimos "che, "¿no habrá que intentar que socialice un poco?"
El segundo motivo es que encontramos un lugar que nos pareció fantástico. Se trata de un jardín que trabaja con filosofía Montessori, algo a lo cual adherimos firmemente y que, si bien queríamos muchísimo encontrar, la verdad no teníamos demasiadas expectativas que ocurriera.
No me voy a explayar demasiado al respecto, entre otras cosas porque la colega bloguera Jujy Fabini ya supo hacerlo en su bellísima nota "Filosofía Montessori: el premio es su nueva habilidad" (de hecho me sirvió para interesarme más y aprender al respecto, también).
Que además de eso fuera cerca de casa, era como MUY improbable, pero resulta que es a 10 minutos caminando, lo cual lo hace más fantástico aún.
Otra cosa que a priori para mí era improbable era mandar a Luisa a un colegio religioso, porque nosotros somos ateos. Pero resulta que este colegio, con esta filosofía, que queda cerca de casa, es religioso; y nos han aceptado y dado la bienvenida de forma muy amable y amorosa.
Ha sido hasta una lección para nosotros; principalmente de respeto y tolerancia. Por ejemplo con la comida; en el jardín les dan de comer, les cocinan todos los días, pero si Luisa come cualquier cosa, no come cualquier cosa. No come lácteos ni carnes y tratamos de que coma la menor cantidad posible de harina. Y es algo que ha levantado polvareda y críticas de todas partes; algunas nos han sorprendido, pero otras, lamentablemente, nos han dolido un montón. Sobre todo porque se hacen suponiendo que es por caprichos o ignorancia, cuando es todo lo contrario. Pero en fin, allá ellos.
La cuestión es que acá nos han escuchado, contemplado y dicho que nos quedemos tranquilos, que Luisa no iba a comer NADA que a nosotros nos pareciera mal, y que les parecía sumamente importante poder respetar nuestros puntos de vista. Y nosotros, felices.
Así que ahí va, la enana de jardín, todas las mañanas con su mochilita verde, a conocer niñas y niños, y divertirse montones. Está en la etapas de adaptación, que quiere decir que va poco tiempo (15 minutos el primero día, 30 el segundo, y así cada vez más hasta que finalmente pueda quedarse las 4 o 5 horas que se quedan todos los niños), mientras Nani la espera afuera con el estómago más estrujado que la propia Luisita.
Pero ella sale feliz y contenta y con ganas de volver.
Y uno, verla feliz y contenta, es lo que más quiere en la vida. Así que ahora tendremos que aprender nosotros a empezar a "dejarla" ir.
Ver la expresión de su carita, llegando y yéndose, y los besos que te da cuando te vuelve a ver (aunque hayan pasado 15 o 20 minutos) ayudan mucho.