Es ahora

Una de las cosas que empiezan a llover cuando sos papá, son consejos; ''tenés que armarles una rutina'', escuché chiquicientas veces. En esa rutina algo que no puede faltar, con día, hora y locación inamovible, es el baño.

Por Federico Petersen para Baby Dove

Una de las cosas que empiezan a llover cuando sos papá, son consejos; "tenés que armarles una rutina", escuché chiquicientas veces.
En esa rutina algo que no puede faltar, con día, hora y locación inamovible, es el baño.
Pero en casa no hay rutina.
Luisa se despierta cuando se despierta, se duerme cuando se duerme, come cuando tiene hambre y se baña... cuando pinta.
¿Cuándo es "cuando pinta"?
Bueno, es complicado y simple a la vez, como cuando los planetas quedan alineados; en algún momento en el que los dos estamos en casa, cuando ella está jugando de buen humor, o quizás recién despierta antes que le venga hambre, o novelera porque recién llegué a casa, o el momento o motivo que sea, sentimos que se abre como una especie de ventana temporal en la que, nos parece, durante 20 minutos ella va a estar de buen humor y es un momento propicio para bañarla.
Ahí nos miramos con Nani y sin decir nada ya sabemos lo que el otro está pensando: es ahora.
El momento suele comenzar con una canción; la tonada de base es la de "Bajo el mar" de La Sirenita (culpa mía, soy hijo de los 80's); la letra es cualquier sarta de bolazos divertidos que nos permitan hacerle caras y gestos a Luisa para que se divierta un montón mientras la desvestimos (tarea generalmente asignada a Nani) y le preparamos el agua (tarea en la cual me he convertido en un especialista).
Agua pronta y Luisa pronta, arrancamos los cuatro para el baño (sí, Tila nos acompaña siempre, echada en la alfombrita de pies con su eterna cara de la-perra-más-buena-del-mundo) y empieza la fiesta del baño, porque a Luisa le fascina el baño y lo disfruta como pocas cosas.
Y a nosotros nos fascina verla fascinada, entonces le incentivamos eso: su felicidad. Jugamos con sus macacos acuáticos, ella chapotea con piernas y brazos, y moja el baño y nuestra ropa. lLegamos tarde a lugares, se nos enfría la comida que nos espera en los platos, mientras la tele queda tirando hacia nadie los rayos luminosos de alguna serie que queríamos ver.
Y nos encanta que sea así.
Estoy seguro que a muchísima gente le recontra cuadra y sirve tener rutinas, y me parece fantástico, porque de eso se trata. Recuerdo entender esto tan básico luego de ver "Whatever Works" (Woody Allen, 2009); y aprovecho para recomendarla, si no la han visto.
A nosotros no nos rinde, y lo sabemos porque lo intentamos. Nos volvimos locos tratando de armar esa bendita rutina, pero bueno, somos algo despistados y distraídos y siempre nos pasaba que no nos acordábamos si ya habíamos hecho tal o cuál cosa, o cuánto había comido o a qué hora, o si le tocaba baño, siesta, cambio de pañales o qué se yo.
Y, en realidad, si lo pienso desde nuestra perspectiva: ¿una rutina? ¿En serio?
La "rutina" es una de las cosas que más intentamos evitar y de la cual más nos quejamos los seres humanos y sin embargo, es una de las primeras cosas que nos aconsejan imponerles a nuestros hijos.
Hay algo que no nos cierra del todo en eso.
Nosotros nos adaptamos a Luisa y Luisa, naturalmente, se adaptó a nosotros; al tal punto que sí, tenemos una rutina aproximada ya que todos los días duerme más o menos de 12 a 7, come más o menos la misma cantidad de veces en horarios similares y duerme más o menos la misma cantidad de siestas, en horarios parecidos, día a día.
Pero no fue que se la impusimos, fue que surgió a medida que nos fuimos conociendo y definiendo prioridades.
Nuestra prioridad es no imponerle cosas; ya veremos cómo nos va.
Por ahora, vamos tan bien que no lo cambiaría por nada del mundo.