Gestando una nueva forma de "ser padres"

Vivimos en una sociedad compleja y acelerada, donde se nos hace difícil detenernos y encontrar un momento para conectarnos verdaderamente con lo que sentimos y con nuestras necesidades. Es así que perdemos contacto con nuestros aspectos más sensibles, con nuestra verdadera esencia como seres humanos y naturales.

Olvidamos muchas veces la magia de la existencia, la capacidad de sorprendernos ante las cosas más simples, como es la maravilla de engendrar una vida. 

Ser padres supone una gran aventura que requiere dedicación y entrega, por lo que es necesario que evaluemos nuestras prioridades para darle en nuestras vidas el lugar y la importancia que se merece; esto nos lleva a plantearnos la interrogante: ¿cuándo y cómo ser padres? Porque este proyecto requiere no sólo de nuestro tiempo, sino fundamentalmente de nuestra disponibilidad emocional, de "estar en contacto”. 

A partir de la fecundación de un óvulo por un espermatozoide, comienza el desarrollo de un nuevo ser, el cual necesitará aproximadamente nueve meses de la protección y nutrición del útero materno para nacer, no obstante, continuará por mucho tiempo dependiendo del amor y cuidado del "otro” para sobrevivir y desarrollar sus potencialidades. 

En este sentido la naturaleza es sabia. Durante esos nueve meses; en los cuales el bebé se va desarrollando hasta alcanzar el crecimiento y la madurez necesaria para nacer, también los padres van haciendo un proceso progresivo en el "sentirse padres", conociendo a su pareja en el rol de padre o madre y a sí mismos en esta nueva función. Poco a poco irán compenetrándose, conociendo y aprendiendo de ese bebé e iniciando un vínculo que durará toda la vida. El proceso de embarazo cumple así una importante función de preparación para los padres. 

Cuando una pareja toma la "decisión de tener un hijo”, se inicia un nuevo estado: el "estar embarazados”. Sin duda, se avecinan grandes cambios y reestructuras, tanto a nivel individual como de pareja. Por una parte, la madre vive una serie de cambios hormonales que se relacionan con su estado psico-afectivo, a su vez, desde el punto de vista bioenergético, llevar una nueva vida en su vientre, con un campo de energía propio, genera un aumento de energía en la totalidad de su biosistema. Este aumento de carga energética, si es bien tolerado por la madre, es percibido subjetivamente como una sensación de bienestar y de completud, acompañada de una mayor sensibilidad y apertura al contacto emocional. Este es el caso de las madres que se vuelven más lindas y atractivas durante el embarazo. Este estado de vitalidad y expansión energética, permite a la madre estar más receptiva y abierta al contacto con su bebé. Si la pareja funciona relativamente bien, libre de conflictos serios, el vínculo también se verá enriquecido por este nuevo estado, donde el hombre se siente atraído por la mujer que ”brilla” de una manera especial. 

El encuentro sexual de la pareja, en estas condiciones, puede adquirir una profundidad y un sentimiento diferente a las experiencias vivenciadas hasta el momento. Todo depende de la capacidad de abrirse y entregarse. 

Una vida sexual saludable y placentera, es fundamental en lo que refiere al estado de salud de la madre y el bebé, así como también del padre. Y es que la pareja necesita encontrarse y estar cerca en este período tan especial. No obstante, es común que surjan algunas dificultades, por ejemplo, la disminución del deseo sexual, que puede estar relacionado a múltiples causas: hormonales (en la madre), conflictos con el embarazo, problemas de pareja, etc. Este es un aspecto importante como dijimos, muchas veces los problemas que surgen en el ámbito de la sexualidad, son fuente de desavenencias y desencuentros, que luego tienden a agudizarse con la llegada del bebé y el estrés natural que genera el período de lactancia. 

Es importante tener en cuenta que "estar embarazados”, es un proceso individual y profundamente personal, por lo tanto, esa madre, ese padre, esa pareja, vivirán el embarazo de acuerdo a las características personales de cada uno, así como del contexto en el que cual están inmersos.

El estado de embarazo, es para ciertas mujeres desestabilizante. Todo lo que la maternidad puede implicar para la madre, sumado al aumento de carga energética que mencionamos anteriormente, produce muchas veces un desequilibrio en su organismo que se expresa a través de múltiples síntomas como: las tan conocidas náuseas y vómitos, la mayor irritabilidad e inestabilidad afectiva, los estados regresivos asociados a los tan mentados ”antojos” y ”caprichos” de la embarazada, así como la ”necesidad excesiva” de ser atendida y mimada, entre otros. Todos elementos, que de presentarse en forma acentuada y permanente, expresan conflictos en algún nivel, con la ”situación de embarazo” y que es importante atender, porque interfieren en la capacidad de contacto de la madre con su embarazo. Si la madre sufre de malestares continuos o estados de ánimo desestabilizantes, difícilmente podrá relacionarse activamente con su bebé, ya que su atención estará centrada principalmente en esto y su necesidad de ser atendida y cuidada.