Hola hija

Hoy te quiero escribir otra de esas 'cartas', o algo así, que hace unos meses te dije que iba a hacer dos por tres. Una de esas 'fotos' del ahora, que podamos agarrar y mirar dentro de un tiempo.

Por Federico Petersen para BabyDove

Hoy te quiero escribir otra de esas "cartas", o algo así, que hace unos meses te dije que iba a hacer dos por tres. Una de esas "fotos" del ahora, que podamos agarrar y mirar dentro de un tiempo, que nos sirvan de mojón, de punto de referencia para ver de dónde venimos, dónde es que estamos, a dónde vamos.

Hoy quiero hablarte de tu madre; porque es el "Día de la madre", sí. Pero podría hacerlo cualquier día porque, como bien escucharás y sentirás a lo largo de tu vida: "el día de la madre es todos los días".

Del pedazo gigante de madraza que ligaste; la que por ahora le decís "amamamamá" cada vez que te despertás, que tenés sueño, que tenés hambre, que querés jugar, que querés dos tenedores con comida (uno para cada mano, claro) o que te lean un cuento (el mismo, 19 veces seguidas).

Cada vez que lo que sea.

Y cada vez que lo que sea: mamá está ahí.

Yo no puedo poner en palabras lo que ella te ama desde siempre; incluso desde antes de estar embarazada, esperándote. Lo que ella se preparó, se informó, aprendió, se cuidó, te quiso, te esperó y, una vez que llegaste, te cuidó, te defendió, se plantó contra viento y marea por vos.

¿Contra viento y marea?

Creeme hija que tuvimos que pasar algunos temporales. No por vos; vos sos perfecta. Pero tuvimos que vérnoslas contra algunas personas a las que les importaba más su ego, sus libros o su "reputación" que vos, y que nosotros.

Y yo jamás vi dientes y garras tan afiladas como las de tu madre defendiéndote, cuidándote, protegiéndote. Y si hasta entonces la amaba y admiraba, verla así, peleando por vos, por nosotros, cuidándonos con su cuerpo y su vida... nada, imagínate a partir de entonces.

Creo que nadie puede poner en palabras lo que ella te ama; ni ella, probablemente pueda. Pero tampoco creo que haga falta porque vos sos la que recibe todo ese amor, toda esa dedicación y devoción, así que vos lo sabés y conocés más y mejor que nadie.

Pero como ahora sos chiquitita y tal vez dentro de unos años no te acordarás de todo lo que pasa hoy en nuestra casa, en los días que ambas tienen la gigantesca dicha de pasar juntas, es que quiero decirte todas estas cosas.

Y también porque quiero que esto quede escrito para siempre porque habrá momentos, días, ratos, en los que te vas a enojar o fastidiar con mamá. A todos nos pasa y ha pasado; te la vas a agarrar con ella por lo que sea: te vas a encerrar en tu cuarto dando un portazo, vas a decir que está loca y quién sabe cuántas cosas más. Y ella se la va a bancar.

Le va a doler, pero se la va a bancar porque ella sabe que cuando a uno le pasa algo, uno se la agarra con la gente que quiere, no con los que le dan lo mismo.

Es injusto, pero es así y, como te decía, ella también va a estar ahí para que le pegues como un boxeador a la bolsa en el gimnasio. Porque eso es lo que hacen las madres y lo que hace la tuya por vos: está.

Está ahí, para vos.

Pase lo que pase, ella está ahí para vos.

Y va a ser la primera en querer estar a tu altura. Y quizás de a ratos no lo logre, pero no porque no quiera o no lo intente lo suficiente, sino porque no es fácil estar a la altura de los hijos. Ahora lo entiendo: los hijos vienen a mejorarnos, y entonces los padres siempre los corremos de atrás.

Pero lo va a intentar y, ¿sabés qué? Lo va a lograr.

Porque tu madre logra todo lo que se propone. Todo, te lo juro.

Con el tiempo verás que la vida se va poniendo cuesta arriba; hermosamente cuesta arriba, pero cuesta arriba al fin de cuentas. Y, en esa subida, yo a tu madre no la suelto ni loco; y mirá que un poquito lo estoy.

Loco por vos, loco por ella y loco por esta vida linda que vamos aprendiendo, de su mano y a los tumbos, a armarnos para los tres.

Una última cosa, hija: esto es un secreto. No le digas a mamá, ¿dale?

No se nos vaya a agrandar, je.

Te amo hija, y a tu madre.