Juegos sexuales infantiles: curiosidad desde chiquitos

A menudo los adultos olvidamos que ellos no sólo preguntan y elaboran teorías, sino que expresan su sexualidad en juegos y conductas de muy diferentes tipos.

A menudo los adultos olvidamos que ellos no sólo preguntan y elaboran teorías, sino que expresan su sexualidad en juegos y conductas de muy diferentes tipos.

Estas conductas se originan ni más ni menos que en la curiosidad (necesidad de exploración), pero en muchos casos constituyen una búsqueda de placer por autoestimulación o por contactos con los demás. El desarrollo de la sexualidad humana comienza con el contacto físico inicial, con los abrazos y caricias. El niño/a necesita vivir esa experiencia prolongada de sentirse protegido y querido por sus papás o por quienes cumplen la función de tales. La autoexploración es una experiencia fundamental para el desenvolvimiento saludable de la sexualidad de niños y niñas. 

LOS JUEGOS SEXUALES

Iniciando el segundo año de vida, pero por sobre todo a los 3 y 4 años, el niño toca sus genitales. Es la edad en que quieren jugar “a los doctores” y a “papá y mamá”. Estos juegos ocurren sobre todo entre hermanos, hermanas, primos, amigos y vecinos. Con el juego buscan satisfacer su curiosidad, saber si los otros son iguales a ellos o diferentes.

En general, estos juegos son mixtos, y no están contraindicados, a veces somos los propios adultos quienes adjudicamos malicia a estas prácticas, sin darnos cuenta de que si hay algo malo en ellas, probablemente no radique en lo que los niños o niñas hacen, sino en el ojo adulto que proyecta allí sus pre-conceptos.

No olvidemos que así como el niño madura intelectualmente y quiere conocer cosas y fenómenos nuevos, también quiere conocer su cuerpo y sus sensaciones, y el cuerpo y las sensaciones de los demás.

Lo único recomendable es que los padres verifiquen que tanto niños como niñas que participan en estos juegos sean de la misma edad, y que ninguno participe obligado.

SUGERENCIAS

Regla básica: Siempre que el niño o la niña haga una pregunta referida a la sexualidad, responda, aunque sea para decir que no sabe la respuesta y que lo va a averiguar.

NUNCA DIGA: ”Cuando seas más grande te responderé” o cosas como:

*Preguntale a papá cuando llegue

*Preguntale a tu madre, eso es cosa de mujer

*Ahora no tengo tiempo

Y no finja que no escucha lo que el pequeño dice o pregunta.

ALGO QUE CONVIENE RECORDAR

-Aunque no hable de temas sexuales con sus hijos, los educa igual en este sentido. De su actitud, fundamentalmente, depende que su hijo o hija aprenda que la sexualidad es algo bueno o malo, lindo o feo, sobre lo que se puede conversar o no.

-La educación sexual es responsabilidad de la pareja y no de uno sólo de los dos integrantes. El padre que no participa se pierde de un proceso muy rico para él y para su hijo o hija.

-Ofrézcales información correcta, recuerde que cuando pregunta es porque está pronto/a para recibir la respuesta.

-No le ponga sobrenombres a los genitales, llámele a las cosas por su nombre, refiérase a ellos con la terminología correcta, lo mismo que hace cuando habla de los ojos, las manos y los pies.

-Cuando refiera a los genitales señale siempre que ambos sexos son distintos, que a ninguno de los dos les falta nada, hable de tenencias, no de carencias.

-Permítale que explore y toque su cuerpo, enséñele el concepto de “intimidad” que debe caracterizar los juegos sexuales, distinguiéndole del concepto “a escondidas”.

-Las actitudes y comportamientos represivos pueden comprometer el desarrollo natural del niño o la niña, dificultando la realización de una vida sexual plena de placer y amor en el futuro.

-Si ud. siente vergüenza al hablar de estos temas, no olvide que se debe probablemente a que es difícil dejar de lado la propia educación, pero entienda que se puede cambiar y que, de hecho, ya lo está haciendo al informarse a partir de esta nota.

-Si su niño o niña no ha preguntado nada sobre sexualidad y ya tiene cerca de 6 años, es probable que haya recibido algún mensaje indicando que no debe hablar del asunto. Aproveche las oportunidades cotidianas –una mamá embarazada, un beso en una película- para iniciar el tema.

-Muy pronto su hijo o hija se dará cuenta de que es posible hablar de estos temas. No exija respuestas, no obligue al pequeño/a a hablar. Cuando él o ella lo sienta , tomará la iniciativa.