La alimentación de la madre durante el embarazo y la lactancia

Las grasas constituyen unos de los principales nutrientes energéticos requeridos por el organismo y desempeñan un importante papel.

Las grasas se clasifican en saturadas, mono-insaturadas y poli-insaturadas. Desde el punto de vista metabólico las saturadas son utilizadas como fuente energética. Al obtenerlas de los alimentos, el cuerpo las acumula en los tejidos (adiposo) y en el organismo y se transforman en glucosa para ser utilizada por los tejidos, en la producción de energía. De la misma manera la glucosa que ingerimos en exceso se va a transformar en grasas que se acumulan en los tejidos. Este tipo de grasa no es esencial porque el organismo las sintetiza. 

Las grasas poli-insaturadas tienen funciones metabólicas fundamentales y no son sintetizadas por nuestro organismo, por lo que deben ser ingeridas con la dieta. Su ausencia no es compatible con la vida. Las necesidades de este tipo de grasas son pequeñas pero se incrementan notoriamente durante el embarazo y la lactancia. Este tipo de grasas se acumula en mayor concentración en el cerebro y la retina y cumplen funciones esenciales en estos órganos. 

Dos tipos de grasas son esenciales: los ácidos grasos omega-6 y los ácidos grasos omega-3. Estas son sustancias diferentes que no pueden transformarse una en otra, que tienen efectos diferentes en el organismo y que su carencia (omega-3), o su exceso (omega-6) genera trastornos a nivel de todos los tejidos.

El omega-6 se llama araquidónico (AA) y el omega-3 docosaexaenoico (DHA). Estos ácidos grasos se encuentran en las membranas celulares de todos los tejidos y en los tejidos de reserva lipídica (adiposo). Éstos deben estar en armonía o sea en una relación de equilibrio o igualitaria

La actual ausencia en la alimentación de los ácidos grasos omega-3 y el exceso de omega-6 predispone a una enorme cantidad de patologías principalmente de origen inflamatorio que, en la madre embarazada predisponen a la preclamcia pos-parto, tendencia a la alergia y asma . 

En el caso de los bebés es frecuente el nacimiento prematuro y posteriormente una menor agudeza visual como indicador de menor rendimiento intelectual. También pueden aparecer trastornos respiratorios y alérgicos. 

La leche de madre tiene alto contenido de estos dos ácidos grasos, varias veces más que la leche de los animales. Esto es debido a que las necesidades de los seres humanos son mucho mayores por su mayor masa cerebral. Esta propiedad es la que hace que la leche de la madre sea insustituible.

¿Por qué la alimentación contiene exceso de omega-6 y carencia de omega-3 ?

Los vegetales sintetizan los ácidos grasos poli-insaturados esenciales. Los omega-3 se concentran en las hojas verdes y algunas semillas como el lino, y su representante es el ácido alfa linolénico (C18:3n-3). 

Los omega-6 se concentran principalmente en los granos como: maíz, girasol y soja, y su representante es el ácido linoleico (C18:2n-6). 

Estos ácidos grasos son ingeridos desde los vegetales por los animales y transferidos al hombre a través de la alimentación. Las hojas verdes son alimento para insectos como orugas y langostas que acumulan estos aceites en su cuerpo. Estas, a su vez, son ingeridas por las aves, que son consumidas por el resto de los animales, estando el hombre al final de la cadena. 

De la misma manera, los granos son consumidos por las aves y sus ácidos grasos, principalmente omega-6, son transmitidos al resto de los animales. Las membranas celulares de los animales contienen los ácidos grasos finales: araquidónico AA (omega-6) y docosaexaenoico DHA (omega-3), en una relación igualitaria. 

Esto es lo que recibíamos cuando nos alimentábamos de carne y huevos de animales silvestres. Cuando el hombre confinó los animales para su consumo y los tuvo que alimentar, le administró productos con alto contenido de omega-6 como granos y aceites extraídos de éstos, dejando de lado la alimentación natural y los ácidos grasos omega-3 que venían a través de los insectos. Fue así que la relación omega-6 / omega-3 en las células de los animales de consumo y las humanas, cambió. 

En los últimos años, este cambio se hizo mucho más profundo cuando incorporamos en la elaboración de nuestros alimentos los aceites de girasol: (70% omega-6 / 0% omega-3), maíz (59% omega-6 / 0% omega-3) y soja (55% omega-6 / 7% omega-3).Como resultado de este cambio nutricional todas nuestras células contienen en su membrana fosfolipídica un exceso de omega-6 araquidónico y una carencia de omega-3 DHA. Estos ácidos grasos forman parte fundamental en la célula porque disparan los mecanismos de defensa. 

El exceso de omega-6 AA desencadena inflamación. Un exceso de este ácido graso dispara los procesos alérgicos e inflamatorios ante la más mínima causa e incluso sin causa aparente y este estado de continua inflamación se manifiesta en todos los tejidos: 

  • Cerebro: menor rendimiento intelectual, fatiga o cansancio permanente, depresión, en los niños: síndrome de hiper-actividad y falta de atención. Piel: alergia atópica, piel áspera que descama, poco desarrollo piloso. Además de caída del pelo y uñas frágiles. 
  • Aparato digestivo: gastritis casi permanente, evacuación intestinal irregular, divertículos y hemorroides. 
  • Sistema circulatorio: hipertensión, inflamación de la interna arterial y obstrucción, mayor tendencia a la coagulación de la sangre y disminución en la irrigación periférica. 

La lista de afecciones es enorme y esto marca la importancia de tener en cuenta estos nutrientes en la alimentación.

¿Cómo suplementar con omega-3?

Para atacar la causa debemos hacer un cambio radical en nuestra alimentación. Debemos disminuir el consumo de aceites vegetales peligrosos por su alto contenido en omega-6 como girasol, maíz y soja y sustituirlos por otros como oliva o arroz. Es importante tener en cuenta además, que los aceites vegetales han invadido casi la totalidad de nuestros alimentos como los productos de panadería, confitería, golosinas, masas, productos cárnicos, huevos, mayonesas y frituras. Los animales marinos contienen en sus lípidos seis veces más omega-3 que omega-6, lo cual los convierten en los suplementos ideales de ácidos grasos omega-3 que permiten revertir los desequilibrios. 

Suplementar la dieta con lípidos omega-3 y especialmente DHA es imprescindible para reestablecer el equilibrio. 

En Uruguay contamos con un suplemento ideal, en venta en farmacias “Omega-3 Vipez” que tiene un 20% de DHA, es obtenido en frío, 100% natural, ideal para un correcto desarrollo intelectual del bebé. Una madre embarazada o lactando debe tomar una cucharada sopera por día (10cc) todos los días. 

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