La leche materna es oro blanco

Empieza la Semana mundial de la lactancia materna y a diferencia de otros años éste hay muchas más movidas de concientización, una agenda llena de actividades, entrevistas por todos los medios. 

Por Jujy Fabini para BabyDove

Empieza la Semana mundial de la lactancia materna y a diferencia de otros años éste hay muchas más movidas de concientización, una agenda llena de actividades, entrevistas por todos los medios y fotos de "famosas" circulando por las redes apoyando la causa. Y todo esto que para alguien ajeno al tema podría resultarle exagerado, ¡me encanta!

Me parece buenísimo e importante que las madres nos sumemos enfáticamente a dar nuestro testimonio, como sea que haya sido nuestra historia con el tema y defender a capa y espada una práctica que vivimos como un ritual sagrado. Y me parece más importante aún que las organizaciones se muevan, hagan mucho ruido y muchas nueces y las instituciones se embanderen con la causa porque es una estrategia sabia, simple e inteligente de mirada al futuro. Una sociedad que defiende y promueve a ultranza la lactancia materna planta cimientos y raíces fuertes para cosechar salud física, psíquica y emocional en su población, en sus bebitos, futuros ciudadanos, votantes, emprendedores, trabajadores, padres y abuelos.

Y aunque por momentos parece que se trata de estos brotes snobs de vuelta a lo natural, como si estuviera de moda "dar teta" y mostrarlo y gritarlo a los cuatei vientos (o subirlo a las redes, que vendría a ser como el grito de Munch contemporáneo) no estamos planteando nada nuevo, Hipócrates, conocido como "el padre de la medicina" hace 25 siglos lo dijo con absoluta simpleza y verdad "que el alimento sea tu medicina"... empezando por los bebés recién nacidos en sus primeros meses.

Mi experiencia la he mencionado varias veces, pero siempre hay algo nuevo para sumar. Durante el embarazo veía como alguna de mis amigas vivía la lactancia de una forma complicada por llamarlo así. Digamos que lo hacía porque no tenía otra, pero lejos estaba de disfrutarlo. De esa experiencia quedé temerosa y recuerdo que leía, consultaba, preguntaba e iba a charlas con el fin de trabajar por una "lactancia feliz". Nació Salva, lo prendí a la teta al minuto y todos esos miedos se disiparon. Y no sólo eso, lo naturalicé de tal forma que me convertí en "la vaquita" como me decían en casa, esas mamás pro-lactancia que no tienen un solo reparo en darle teta donde sea, cuando sea y como sea, a pesar de caras raras, opiniones adversas y demás trabas "sociales" digamos. Le di teta hasta que quedé embarazada del segundo, como al año y medio y lo mismo ocurrió con Indro hasta que quedé embarazada de León.

Primera reflexión: eso de que dando de mamar no quedás embarazada es una absoluta mentira, soy vivo testimonio de ello.

Un día, me encontré discutiendo mi postura pro- lactancia. "Pero a vos te gusta dar teta", como si se tratara de algo raro que me distingue del resto del común de las mujeres Y sí, claro que me gusta, cómo no me va a gustar, si sé racional y empíricamente de los beneficios que tiene, sumado a que vivo emocional y espiritualmente el vínculo que genera y comparto el disfrute de mis lechoncitos prendidos como animalitos cachorros de humano, que eso es lo que son, y por supuesto que todo eso me parece milagroso, mágico, abio y soy una afortunada de poder vivirlo.

Con León la experiencia fue distinta. A los 5 meses me empecé a dar cuenta de que solo con la teta no se llenaba. ¿Complemento? ¿Qué es eso? Un sábado a la una de la madrugada absolutamente perdida llamé a mi hermano, que acababa de ser padre y le daba complemento a su gordita. ¿Cómo se hace? ¿Cuántas cucharadas, y cómo va el agua, y dónde está la medida? Era mi tercer hijo en cuatro años, me creía que las sabía todas y me encontré más dubitativa que una primeriza. ¿500 pesos???? ¿Ehhhhh? ¿Más de una lata por semana?????? ¿Y los seca? ¿Y entonces???

Si alguna duda existía de que la leche materna es "lo más" de este mundo, se disipó en un santiamén y volví a confirmar la revelación que tuve desde la primera hora de mi maternidad, "la leche materna es oro blanco", incluso desde el punto de vista más terrenal y mundano, el económico. La lecha materna es todo lo que está bien. Lo que necesita un bebé, una mamá, una familia y más aún una sociedad sana y sabia.

León tiene 9 meses y esta vez digamos que no abunda ni prolifera cual mina de oro, pero como soy una radical, testaruda, y orgullosa defensora y convencida de los beneficios indiscutidos, mágicos e infinitos de la lactancia materna, insisto y resisto y sigo dándole y seguiré hasta la última gota como sea. ¿Por qué? Porque mi León se merece lo mejor y eso es lo mejor.

He dicho.