La nueva hora del baño, la hora del caos

Hace un tiempo atrás, creo que ya un año, escribí un post sobre la hora del baño. Se trataba del momento que daba un cierto y efímero orden a las rutinas del hogar. De eso pasó un año, lo releí, y me sorprendí.

Por Jujy Fabini para BabyDove

Hace un tiempo atrás, creo que ya un año, escribí un post sobre la hora del baño. Se trataba del momento que daba un cierto y efímero orden a las rutinas del hogar. De eso pasó un año, lo releí, y me sorprendí. Ya no me acordaba de aquel ritual. Es que la maternidad tiene eso de que por un lado convierte en imborrable miles de momentos, y por otro te lleva a un grado de atención, que te exige estar pendiente del día a día, de tal forma que lo que pasó una semana atrás se te olvida. Es esa percepción extraña del tiempo que generan los eventos que nos revolucionan la vida.
Cuando tenemos hijos chicos, en quienes los cambios se notan de un mes para otro, las diferencias en un año son una eternidad. Un año atrás Indro no tenía ni un año. No caminaba, no hablaba una palabra, obviamente; era un bebé. Salva no tenía ni tres años. Medía la mitad de lo que ahora, y tenía un cuarto del vocabulario que maneja hoy. Aún no había descubierto su fanatismo por las espadas y no podía subirse solo a los árboles. León, tenía unas pocas semanas dentro de mi panza. Su única manifestación era a través de unos malestares estomacales que aún no identificaba como embarazo.
De un año hasta ahora muchas cosas han cambiado en nuestras vidas y rutinas. Para empezar ya no somos cuatro, sino cinco. Eso es lo más revolucionario, pero yendo a otros detalles, la rutina del baño, por la que empecé el post es una de ellas. De la inmersión en la bañerita naranja con espuma, pelotas de colores y animales pasando por un momento de transición dimos un paso más. Ahora llegamos a la ducha. Luego de intentos fallidos y berrinches escandalosos Salva se dio cuenta de que la ducha no duele, de que la lluvia es divertida porque hace cosquillas y de que pasarse solo el jabón es de grande. Hubo un tiempo en el que el baño tenía que ser "con sin cabeza" eso significa sin pelo, y cuando pasamos a la ducha se tradujo en gorra de baño. Hace unas pocas semanas erradicamos la gorra y ya disfruta sin llantos del agua en la cabeza. A Indro le sigue gustando sentarse en la misma bañerita naranja a jugar con sus animales y se queda un buen rato hasta que, a veces aparece desnudo, mojado y con espuma de jabón por todo el cuerpo, mostrándome con orgullo que terminó y salió solo de la bañera. Pero como su hermano es el referente indiscutible de su vida, empieza de a poco a mirar la ducha con ganas. De la misma manera que va al baño, abre el wáter y hace la mímica de sentarse aún sin haberse hecho caca, porque ve a Salva hacerlo, ahora va a la ducha y se sienta a jugar con los animales como si se estuviera bañando. Otras veces, Salva se baña parado un rato y luego se sienta a jugar con el agua, y al rato llega Indro y se sienta igual que él. Finalmente están los dos bañándose en la ducha cada uno a su manera y en su proceso.
Hoy en casa el momento climax del día volvió a ser la hora del baño, pero no justamente porque imponga el orden del que hablaba en el post del año pasado. Todo lo contrario. Hoy la hora del baño es la hora del caos. Mientras uno se baña en la ducha, el otro se sienta en la bañerita y como una suerte de coreografía espontánea cuando uno se sienta, el otro se para y así se organizan de acuerdo al espacio reducido de la ducha, el baño y la bañerita. Pero en simultáneo, paralelo o al unísono, como si se tratara de otra área, (pero resulta que todo ocurre en el mismo espacio, un baño de dimensiones medianas) sobre la mesada, en una bañerita ya no naranja sino celeste, bañamos al más chiquitito. Leoncito disfruta del baño como uno de los momentos más divertidos y relajantes de su día. Y entre el agua, los mimos y los juegos y griterío de los hermanos parece que lo disfrutara aún más. También es su ritual, y a su manera se suma y participa de la nueva rutina del baño. La nueva refrescante, perfumada y divertida hora del caos.