Las frases de Vicente

No tengo forma de describir lo especial que es. Entiendo que todas las madres decimos lo mismo, pero con Vicente es distinto. Cuando alguien lo conoce y empieza a convivir con sus ocurrencias y frases queda realmente asombrado.

Por Sabina para Baby Dove

No tengo forma de describir lo especial que es Saltamontes. Entiendo que todas las madres decimos lo mismo, y no es un decir. Viene en nuestra naturaleza sentir que los hijos son especiales. Pero con Vicente es distinto. No soy solo yo quien lo dice o lo nota. Cuando alguien lo conoce y empieza a convivir con sus ocurrencias y frases queda realmente asombrado. Tiene una capacidad de razonamiento muy superior para un niño de su edad (o al menos para lo que yo creo que un niño de su edad tendría que tener). Es sensible y muy, pero muy empático. A veces esto le dificulta mucho socializar con otros niños, porque él lo piensa todo demasiado, lo analiza, lo estructura en su cabeza y le cuesta improvisar. Mi principal preocupación con él es lograr que rompa el cascarón y se sienta cómodo. Pero eso es otro tema que capaz toco en otro posteo.
Esta vez quiero ahondar en sus frases, en sus análisis de las situaciones, en cómo me saca una carcajada cuando debería estar enojada ante algo que hizo.
Hace unos días, estaba intentando que arreglara los juguetes que constantemente viven tirados en el piso del cuarto y de toda la casa. Andaba atrás de él sin dejarlo hacer nada que no fuera ordenar y ordenar. Venía caminando del living al cuarto lleno de juguetes en las manos y sin previo aviso paró, giró para mirarme, y con un aire reflexivo me suelta: "Mamá, tu me haces ordenar porque sos una mamá exigente, ¿verdad?" Le dije que sí muy segura de mi respuesta y aguantando la risa y seguimos ordenando.

Cuando Quique era chiquito (mejor dicho, cuando era bebé porque chiquito sigue siendo), lloraba mucho. Eso llegaba a veces al extremo de sacarme de mis casillas. No solo a mí, a todos. Y un día, cuando Quique ya hacía más de dos horas que lloraba, Vicente viene y me dice:

-Mamá, ¿sabes por qué llora Quique? Porque es un inútil.

Me dejó muda. En su cabeza era lógico que Quique llorara tanto, porque después de todo no podía hacer nada. No podía caminar, ni hablar, ni jugar. Era lo que él llamaba un inútil y eso tenía que ser muy frustrante para él. Esa frase me tocó tanto, que logré volver en mí y conectar con aquel bebito mío que, efectivamente, estaba llorando sin parar porque algo le molestaba y él no era capaz de solucionarlo solo.

Y es que para Vicente todo es más profundo de lo que realmente es. Vicente tiene mucho miedo al cambio. Supongo que esto responde a que cuando tenía dos años lo mudamos de país, se murió mi papá y un año después lo destronábamos de su reinado con un hermano. No es fortuito que sea tan inseguro y tan reacio a que las cosas cambien. Además, siempre está pensando más allá de todo lo que pasa. A veces vamos en el auto y él va mirando por la ventana completamente callado, mirando hacia afuera con un aire hasta melancólico. No siempre me atrevo a preguntarle en qué está pensando. Por un lado, para no invadir constantemente su privacidad y su mundo interior, y por otro lado porque a veces me da miedo por donde pueda salir con su respuesta, ya que la última vez que recuerdo le pregunté:

-Vicente, ¿qué estás pensando?
-Estoy pensando que los regalos no son importantes, lo importante es la vida.