Las primas

Por más que al leer y escribir 'las primas' me resulta inevitable no tararear 'saca la mano Antonio, que mamá está en la cocina', no voy a explayarme aquí acerca de los éxitos del conjunto seudo bailantero.

Por Federico Petersen para Baby Dove

Por más que al leer y escribir "las primas" me resulta inevitable no tararear "saca la mano Antonio, que mamá está en la cocina", no voy a explayarme aquí acerca de los éxitos del conjunto seudo bailantero, que en la década de los 80 me ha tocado sufrir. Con "Las primas" me refiero a Luisa y a Jacinta, mi sobrina: su prima.

Jacinta tiene 10 meses menos que Luisa. Recuerdo vívidamente hace ya un año y medio, por ahí, cuando estábamos en casa con Luisa recién nacida, recién llegados a casa y me llega un mensaje de WhatsApp de mi hermano con una foto de un test de embarazo que había dado positivo.

"¿El qué?", le pregunté.

Y él, desde Chile (donde estaba por trabajo) me dijo que le había hecho más o menos la misma pregunta a Cami, su esposa que lo esperaba en Montevideo, pero que no se había aguantado la emoción-miedo-ansiedad-todo hasta su vuelta, y se la mandó.

"Estaba en los planes pero no YA; pero igual obvio que es más que bienvenido". Claro, en ese entonces no sabíamos que iba a ser una "bienvenida" y no un "bienvenido". Cuando nos enteramos dijimos "¡Qué genial! Se van a llevar re poquito, las primas". Sucede que con mi hermano tenemos una GRAN relación, de esas que si no fuéramos hermanos de sangre de padre y madre, igual nos consideraríamos hermanos, porque nos queremos superlativamente. Entonces la ilusión era enorme.

Jacinta nació y fue, y es, una cosita divina y maravillosa. Vino a traerles una felicidad inconmensurable y a seguir agrandando esta nueva forma de esta familia que se viene formando.

Cuando los bebés son recién nacidos son divinos, como todos los humanos en todas su etapas; pero cuando empiezan a crecer, a interactuar, a tener una personalidad, a desarrollar sus propios gestos, "palabras" sonidos y todo eso es una sorpresa nueva cada día y cada día más increíble.

Luisa hace ya un tiempo que está en esa; que camina, que trae cosas, que te da algo y dice "gracias" ("aia", en realidad), o te da un beso, o dice "mamá" o "papá" o "ba-bau" o "vamo" o "no" o "no hay má" y miles más. Esas cosas que hacen que corran los ríos de baba y que empiezan a definir cómo es ella: su personalidad.

Y Jacinta, de a poco, a sus ocho meses, medio que está empezando. Entonces, cuando las juntamos e interactúan, es un deleite maravilloso no apto para diabéticos. Cuando estuvimos en Cuba hace ya un mes (¡ouch!, cómo pasa el tiempo) empezamos a sospechar que íbamos a tener mucho de estos picos de glucemia cada vez que se acercaban; pero ya se está yendo de pista.

El fin de semana pasado le regalamos a mi madre, por su cumpleaños, un fin de semana en una casa que alquilamos en las inmediaciones de Pueblo Edén. El clima nos regaló un sábado cálido y soleado, que pudimos disfrutar al aire libre y que en el medio de las sierras fue un espectáculo increíble, y un domingo lluvioso y frío con agua-nieve incluida, que disfrutamos adentro de la maravillosa casa y que en medio de las sierras fue también un espectáculo increíble.

Pero lejos de estar puesto en el clima, el foco estuvo puesto en ellas: en las primas. En cómo Luisa, por ser la mayor, la buscaba, se le acercaba, le llevaba juguetes; la abrazaba, la acariciaba, la besaba. Y cómo a Jaci le encantaba y le devolvía cada gesto de amor con un gritito y una sonrisita. Y en cómo a todos nos llenó de emoción y felicidad. Se podía VER el amor, se podía TOCAR, lo juro.

A Luisa le fascinan los niños, eso ya lo sabíamos; pero con Jaci es distinto. Evidentemente debe tener que ver con lo que nosotros le "cargamos" a ese vínculo, y es realmente maravilloso verlo ocurrir.

Mi hermano y yo tuvimos la suerte de tener una infancia y adolescencia con primos muy presentes y cercanos, a los que queremos mucho. Ese legado de cercanía e integración familiar es una de las herencias más ricas que nos ha dejado mi abuela, y la honramos cada vez que podemos.

Y en parte debe ser, también, lo que me emociona de ver a Luisa y Jacinta acercarse y quererse: es continuar esa enseñanza, ese legado.

Y es lo más grande que hay porque, hemos aprendido, no hay herencia más rica que el amor, que el quererse y el tenerse.