Los sentidos de mi mundo

Una vez en la universidad, un profesor nos habló sobre la importancia de agudizar los sentidos, es decir, estar más atentos y ser más conscientes respecto a nuestro entorno.

Por Florencia para BabyDove

Una vez en la universidad, un profesor nos habló sobre la importancia de agudizar los sentidos, es decir, estar más atentos y ser más conscientes respecto a nuestro entorno. "¿Acaso saben qué tipo de árboles hay en las veredas de este barrio, donde se ubica la facultad?", nos dijo con su acento español. Todos quedamos mudos e inmóviles. Él, con su mirada, nos desafiaba a contestar pero ninguno se animó a hacerlo porque no habíamos sido capaces de divisarlos, aunque todos los días pasáramos por al lado de ellos.

Este recuerdo aparece en mi mente reiteradas veces desde que soy mamá, ya que me encanta contemplar cómo Alma va descubriendo el mundo y a ella misma, a través del desarrollo de sus sentidos. Gracias a ella estoy más despierta, más atenta a las texturas, a los colores, a las formas, los olores y los sonidos.

Vivir junto a esta pequeña es llenar mi vida de más colores porque siempre que la observo parece que descubre algo nuevo. Puedo sentir e imaginarme su cerebro llenándose de nueva información.

Cuando está concentrada escuchando música, fija la vista. Yo me hago la distraída. No quiero interponerme en su exploración sonora. Aunque, a veces, no me resisto y le empiezo a cantar. Ella me mira, me sonríe y "aletea" sus brazos, como acompañando la melodía.

También, le fascina estar en su practicuna acompañada por sus juguetes. Sonajeros, peluches de diferentes colores y tamaños, libritos de tela o de plástico blando -como para meter en el agua y que le encantan para morder-, algún mordillo y el chupete - que utiliza como mordillo-. A todos los tiene dominados. Los agarra con sus manos con gran habilidad y siempre tienen el mismo destino: la boca. Es que morderlo es como la prueba para ser aceptado, querido y reconocido en su universo.

A su vez, con sus manos recorre la barba de su papá y me agarra la nariz, me toca las orejas y nos hace mimos en nuestros cachetes.

Cuando salimos al patio de casa, olemos juntas la fragancia del romero o la lavanda. O, a veces, cuando cocinamos, le mostramos lo que estamos haciendo y ella estira su cuello finito haciendo que su papada desaparezca por unos segundos para curiosear lo que hay en los platos, bandejas u ollas. El aroma a comida es una forma de que asocie la hora del almuerzo o la cena y ella parece que acatara la indirecta y se desespera.

Salir al súper, a alguna tienda o al shopping es toda una travesía para sus sentidos. Sentada en el coche lleva consigo la serenidad que siempre la acompaña pero, a su vez, no para de observar los colores que la abrazan.

Tendríamos que volver a ser bebés para reconectarnos con nuestro entorno. Para sorprendernos con la sencilla complejidad que nos empapa día a día. Aprender y formar parte de la exploración de los más pequeños es, sin dudas, uno de los placeres de ser padres. Mostrarles y demostrarles que el mundo puede ser de los colores que ellos quieran, que existen diferentes texturas, aromas y sonidos infinitos y que apreciarlos los hará más felices.