Luisa 1 – 0 Invierno

Pasó que la semana pasada Luisa empezó con muchos mocos y tos. Cada vez más, cada vez, cada vez más. El sábado se puso a llorar y no paró enseguida, como suele suceder.

Por Federico Petersen para BabyDove

Estoy entregando esta nota tarde. Una semana tarde. Las disculpas del caso, antes que nada.

Mi idea era escribirla acerca de cómo vivo los partidos de Uruguay y todo el fenómeno mundialista con Luisa. Del campeonato mundial, digamos. Ya no la voy a hacer del mundial de fútbol, porque acabamos de perder con Francia y quedamos afuera. Va a ser del julepe de campeonato mundial que nos pegamos en la última semana.

Pasó que la semana pasada Luisa empezó con muchos mocos y tos. Cada vez más, cada vez, cada vez más.

El sábado, mientras Cavani le hacía el segundo a Portugal (durante el primero ella dormía, se despertó con el griterío demencial que hubo en casa y en la calle, y cuando la fuimos a buscar estaba sentada en su camita diciendo "gol, gol"); se puso a llorar y no paró enseguida, como suele suceder.

Paró al rato. Rato largo.

Y ya no quedó bien, como antes, feliz, radiante. Quedó como caidita. El domingo levantó un poco, pero a la noche, en el hotel (al que nos tuvimos que ir a dormir porque necesitamos electricidad y hubo machazo apagón que nos hizo tener que irnos de casa), no paró de toser y toser y toser.

El lunes a la mañana llamamos a la emergencia y nos dijo lo que tanto temíamos: "llévenla a emergencia porque hay un ruidito que no me gusta nada".

Allá fuimos, y ahí llegaron las nubes. Las agujas, los medicamentos, las caras largas, los cuestionamientos; la carita de Luisa sin energía, sin su felicidad y alegrías tradicionales, sus risas, su desfachatez.

Los que habían llegado para quedarse fueron los llantos constantes, las extracciones de sangre, las nebulizaciones, la búsqueda de venas para ponerle una vía, en sus bracitos blanquitos, gorditos, tiernos y redonditos.

Y las que iban llegando eran las noticias cada vez peores. "Neumonía", nos dijeron.

"Se quedan internados", nos dijeron. ¿Lo qué?

"Si, en CTI pediátrico", nos dijeron. ¿LO QUÉ?

Los recuerdos que creíamos enterrados para siempre de los primeros 21 días de Luisa empezaron a asomar como fantasmas; el corazón partido al medio, la incertidumbre, los pitidos, los llantos de bebés vecinos en el medio de la noche, los dedos acusadores, las entradas intempestivas de enfermeros y médicos a cualquier hora, para pincharla, hacerle fisioterapia o aspirarla; las máscaras de oxígeno, los tubos, los electrodos, los monitores...

Otra vez el viento en contra, otra vez a sufrirla, otra vez a verla tan lejos de lo que ella ES.

No voy a entrar en detalles de esos casi cuatro días, porque quiero quedarme con la actitud de Luisa, con su fuerza, con sus ganas, con su coraje.

Con cómo, una vez más, derrumbó todos los pronósticos, hasta los más nefastos, Como hoy, a minutos de que nuestra selección haya perdido el partido con Francia y quedado afuera del Mundial, ella estaba a minutos de ganárselo a la neumonía, por goleada, y seguir adelante.

En este momento ella duerme en la cama / cuna de la habitación del hospital. Miramos el partido juntos, ella ya a las risas, comiendo, caminando, jugando; ronquita, mimosa. Pronta para ponerse fuerte de nuevo y seguir; seguir mejorando, seguir creciendo, seguir maravillándonos.

Pronta para defender su título de campeona del mundo, el que se gana cada día que se despierta, nos busca la cara y nos da, con una sonrisa de oro, un beso gigante.