Mamá de Varones

Hace unos años charlando con una amiga me dijo una frase que me quedó dando vueltas en la cabeza. Ella afirmaba que era una mamá de varones. Estaba convencida que no sabría cómo ser mamá de una nena. Yo pensé en su momento que exageraba, pero hoy en día no podría estar más de acuerdo con ella.

Por Sabina para Baby Dove.

Hace unos años charlando con una amiga me dijo una frase que me quedó dando vueltas en la cabeza. Ella afirmaba que era una mamá de varones. Estaba convencida que no sabría cómo ser mamá de una nena. Yo pensé en su momento que exageraba, pero hoy en día no podría estar más de acuerdo con ella.
Yo soy mamá de dos y siento que si me embarazara de nuevo tendría otro varón, porque es mi naturaleza, porque es lo que soy: mamá de varones.
Cuando supe que iba a tener otro varón, lo primero que hice fue decidir que iban a dormir en el mismo cuarto, y no hay día que esté más convencida de esa decisión. ¡Es que ellos hacen todo juntos! ¡No hay quien los separe ni un solo segundo!
En cuanto uno abre los ojos el otro también, parece que tienen una especie de antena que les avisa que el otro hermano ya se levantó. Hasta la hora del baño es juntos. Incluso, los días en que Vicente no quiere bañarse en la bañera, sino con la ducha, porque quiere bañarse rápido para seguir jugando, tenemos un problema con el chico porque no hay quien le haga entender que en la ducha los dos no porque se enfrían.
Y es que Vicente parece ser el ejemplo a seguir, y Quique hace e imita absolutamente todo lo que hace el hermano más grande. Desde un ruido, una risa, un juego. Sus juguetes favoritos son los favoritos del hermano y si Vicente cambia de juego Quique también. Lo que a veces es un problema porque Quique quiere justo lo que tiene Vicente en ese preciso momento. No se conforma con otra cosa que no sea eso. Y claro, aunque hay que enseñarles a compartir, también hay que enseñarles a esperar y que no pueden tener todo lo que quieren.
Ser el hermano mayor a Vicente lo ayudó con el tema de la paciencia. La verdad es que (ya lo he dicho muchas veces) Quique es una fuente inagotable de energía y, además de ser muy demandante, es bastante caprichoso. Y Vicente aprendió a tenerle paciencia en los juegos y en sus demandas. Hasta le ha cedido espacios que eran impensables y eso me hace sentir orgullosa. Aunque a veces siento que Vicente tiene que crecer más rápido por el hermano. No sé muy bien cómo ponerlo en palabras. Pero para muchas cosas al ser el hermano mayor tiene que comportarse distinto.
Tienen una relación tan especial y bonita que emociona. Quique lo saca de quicio a Vicente, le pega, le roba los juguetes, le tira del pelo y Vicente lo aguanta todo, quizá porque ya sabe lo importantes que son los hermanos en la vida. No pueden estar el uno sin el otro.
De noche, cuando se pasan a la cama de mamá y papá, si llegamos a llevar a uno para dormir más cómodos de vuelta a su cama, el otro empieza a llorar y a pedir a los gritos que vuelva. Cuando vamos en el auto cada uno en su sillita, van agarrados de la mano todo el viaje. Y es que además de ser hermanos siento que son amigos. Sí, aunque sean chiquitos, son amigos. Se respetan y complementan. Son compinches y muy unidos. Y me siento orgullosa de que así sea. Porque los hermanos son de las cosas más lindas de la vida. Nuestros primeros recuerdos siempre son con ellos. Las primeras peleas, los primeros llantos, las primeras risas a carcajadas. Quienes tenemos hermanos sabemos que no hay nada en el mundo que pueda hacer que la relación acabe. A pesar de las diferencias, de los enojos, de las posibles distancias. Los hermanos son para siempre y son un puerto seguro al que volver si nos sentimos perdidos.