Mi hijo no habla con algunas personas, ¿debo preocuparme?

A veces dura unas semanas o meses, pero también puede durar años. En ocasiones el niño no habla con algunas personas y en otras en un ambiente específico.

Habitualmente el niño habla con las personas de mayor confianza, como padres y hermanos, y es más renuente a hacerlo con desconocidos. También es frecuente que los chicos elijan un compañerito con quien sí se sienten cómodo y con quien conversan en los recreos.
Es un problema de ansiedad infantil que puede darse a raíz de timidez extrema o de una situación muy estresante que provoque esta reacción, aunque no hay causas específicas que determinen este comportamiento. Aunque no pareciera tener origen genético, sí es frecuente que en algunas familias se repita a lo largo de varias generaciones que algún miembro lo desarrolle.

Es de destacar que no se manifiesta siempre de la misma manera. Algunos niños disfrutan activamente del contacto con los demás y juegan sin mayores problemas, sin embargo, permanecen en silencio. Hay otros que desarrollan con el amigo más cercano estrategias de comunicación alternativa (signos, miradas, gestos, etc.).

Hay también otro grupo que considera la mayor parte de las interacciones sociales incómodas y no participa en absoluto. Por tanto, estamos delante un mismo trastorno que puede tomar diferentes niveles de expresión y afectación social. A veces, si no es tratado, puede convertirse en una fobia social cuando el chico crece, por eso es muy importante detectarlo y tratarlo a tiempo, pero sin presionar excesivamente al niño, porque eso puede hacer que el chico se cierre aún más y sea contraproducente.

Hay que entender que se trata de un miedo extremo y que el niño no decide NO hablar, sino que algo en su interior le impide hacerlo aunque lo desee.

Pero a su vez, tampoco hay que considerar que como los padres lo entienden, pueden dejar que la situación se instale y dure cada vez más tiempo.
No se puede diagnosticar hasta que no pasan varias semanas o meses con esta situación, ya que a veces el inicio del colegio o una situación estresante familiar, como el fallecimiento de un integrante, pueden ocasionar este comportamiento pero que luego se corrige solo, sin intervención de profesionales.
Es conveniente hablar con maestros y psicopedagogos para analizar las causas y determinar el tratamiento a seguir. En algunos casos se recomienda tratamiento psiquiátrico también. Si se produce una intervención oportuna el pronóstico es muy bueno, pero hay que tener paciencia y tolerancia con el niño, y entender que no es un capricho sino una situación emocional que debe procesarse con el tiempo que sea necesario.