Niña bisilábica

Son las 11 de la noche. El sonido del ventilador invade el cuarto, el aire está espeso. Con Alma -y Azul- estamos recién bañadas.

Por Florencia para BabyDove

Son las 11 de la noche. El sonido del ventilador invade el cuarto, el aire está espeso. Con Alma -y Azul- estamos recién bañadas. Nos abraza, aparte del calor, la oscuridad de una noche preciosa -para dormir afuera-.
Siento mis tobillos latir con vida propia. Mi columna apoyada sobre el colchón busca acomodo para relajarse. Azul se mueve muchísimo y me impulsa a inclinarme, como siempre, para la izquierda así mi costilla derecha logra reponerse de esos pies flacos que la acribillan sin cesar.
En este ambiente de verano, se escucha mi voz al compás de las letras de Eduardo Mateo.
De repente, la voz de Alma se suma a este concierto a capela. Mi volumen baja para darle protagonismo a ese tono único y dulce que invade mis oídos y hace palpitar más fuerte a mi corazón. Más que una canción parece un relato: tataaaa, nanaaa, mámmma, Iaaaaia, papáaa, Andreee, Aguuusss... Toda la familia tiene lugar en su canto nocturno. En un momento, comienza a repetir "Lolo, Loooolo, Loloooo" - así le decimos a su papá-. Su lengua vibra al compás de estas dos sílabas, parece que nunca va a detenerse. Su melena se refugia, quieta, en la almohada que está a mi lado por unos segundos y, luego, retoma el movimiento de su cuerpo al ritmo de "Lolo".
Yo me hago la dormida, no quiero que la artista se sienta observada, pero no puedo evitar entreabrir los ojos y reírme ante esa vibración sonora repetitiva.
Hasta que, de tantas idas y vueltas, giros, muecas, risas y cantos, el silencio parece ganar terreno. Y, de un segundo a otro, canta victoria. Ahora sus ojos cerrados y su cuerpo acurrucado al mío me permite adentrarme en el mundo de los sueños.
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El mundo comunicacional de Alma está compuesto por palabras de dos sílabas. Con ellas se hace entender. Por ahora, le es suficiente. La verdad es que nunca tuve la oportunidad de vivir tan de cerca el crecimiento de un ser humano. Ser mamá me permite ir descubriendo los recovecos infinitos de esa mente en desarrollo. Estoy anonadada de como logra, con un año, transmitir lo que quiere y lo que no; como imita las palabras que le compartimos, como logra interpretar lo que le expresás, como entiende cuando le decís "no" - aunque haya que decirle varias veces, en el fondo ella sabe que es algo riesgoso lo que está haciendo-.
Parece que en esta etapa comienzan a sumergirse en una taza gigante de sopa de letras en donde van armando palabras y reteniendo todo, mucho más de lo que uno se imagina.
Esto me hace pensar en qué importante es ser conscientes de cómo nos dirigimos al otro, qué palabras usamos, porque sus oídos están activos siempre, abrazando cada palabra, apropiándose, poco a poco, de ellas. Así, sin que nos demos cuenta.
En estos momentos, donde tenemos multiplataformas para expresarnos, donde las palabras, a veces, se distorsionan o se las vapulea tornándolas frágiles, olvidando lo que esconden detrás, ¡qué bueno que tengo a Alma! Para recordarme lo importante que son, para valorarlas, reflexionarlas y poder escoger las más bonitas para regalárselas. Y así, ella crece y crece, por ahora, siendo mi niña bisilábica.