No te extrañé

León cumpiló tres meses y hace una semana volví a trabajar. La licencia maternal es un momento realmente extraño de la vida.

Por Jujy Fabini para BabyDove

León cumpiló tres meses y hace una semana volví a trabajar. La licencia maternal es un momento realmente extraño de la vida. Tan extraño como alucinante para quienes estamos acostumbradas a un ritmo de laburo bastante intenso desde hace años. Alucinante no solo por el tiempo "libre", aunque ahora eso de "libre" sea relativo, sino porque te expone frente a la hoja en blanco de crear una nueva rutina y eso, con la llegada de un nuevo integrante que trastoca lo establecido, no es tarea sencilla.
El último día de trabajo, tres meses atrás, llegué a casa con una pila de libros por leer y un cuaderno destinado a plasmar ideas y proyectos. Sin trabajar iba a tener el tiempo del mundo. Iba a hacer y resolver todo lo que una jornada de nueve horas no me permite.
¡Qué ilusa! ¿En qué momento creí que me sobraría el tiempo? Entre juegos, comidas, rutinas y berrinches de tres varones de menos de cuatro años tomar un pincel y pintar una puerta o agarrar un libro y leer 20 páginas de un tirón es una quimera. Y no solo porque el tiempo de tranquilidad es escaso. Pero así como cuando estás en la rutina de la locura es difícil parar, cuando entrás en la burbuja de madre full time la exigencia es importante y resulta difícil ponerle cabeza a otras cosas.
Soy una agradecida de tener trabajo y dedicarme a hacer cosas que me gustan, pero reconozco que esto del "part time" es una bendición. Trabajar cuatro horas, hasta seis creo yo es la combinación que permite el equilibrio perfecto entre la maternidad y la vida profesional.
Los psicólogos hablan mucho últimamente de la importancia de la presencia y atención de los padres sobre todo en los primeros años de vida. Abundan los casos de niños con trastornos psíquicos, de ansiedad, inseguridad, depresión. Las pediatras se sorprenden de la cantidad de "pequeños obesitos" que aparecen en sus consultas. Es evidente que hay una falta de atención y presencia de los padres importante. Cuando volvemos de mil horas de trabajo agotados, es entendible que resulte más fácil encajarles un celular hasta que se duerman y tirarles por la cabeza comida chatarra para sacarnos de encima el tema. ¿Cómo es posible dedicarles tiempo, atención e identificar sus necesidades sobre todo emocionales cuando trabajamos gran parte del día y nuestro foco de preocupaciones está en la oficina y no en casa?
Trabajar nos permite llevar adelante la vida que tenemos, pagar nuestras cuentas y obligaciones (dormir en paz) y darnos los gustos que queremos además de la gratificación de nuestro desarrollo profesional. Pero lo cierto es que hay momentos de la vida en que la ecuación cambia, como las prioridades y necesidades familiares, y las largas jornadas empiezan a hacer ruido y pesar. Criar a un ser humano es la tarea más compleja y de mayor responsabilidad que un individuo puede tener. Es cansador y muchas veces ingrato, pero a su vez la mayor fuente de felicidad genuina cuando vemos que valió la pena. La conciliación equilibrada de ambas tareas es "el" objetivo.
Si queremos criar hijos felices, plenos, equilibrados, todo ello lo deberíamos experimentar nosotros. "El ejemplo no es lo más importante, es lo único" suele decir un amigo, y coincido plenamente.
Últimamente se habla mucho del capitalismo consciente y están emergiendo modelos como las empresas con certificación " B" y las "Family friendly" que contemplan la maternidad y paternidad con especial atención. Las invito a investigarlo. Estos nuevos paradigmas son una muestra de que la base de una sociedad sana, comprometida, productiva y respetuosa está en el primer núcleo social que es la familia. Es muy fácil en la teoría y ¡tan difícil en la práctica! Algún día, cuando seamos más sabios nos daremos cuenta. Ojalá, no sea tarde. Mientras, sigo disfrutando del medio horario aunque Salva me diga enojado "no te extrañé" cuando llego a casa.