Pensamientos que vuelan

'Aprovechá ahora que está en la panza porque después se te va a complicar'. 'Ay, la que te espera!'. '¿Y cómo vas a hacer con los dos tan chiquitos?'. No sé cómo. Pero lo vamos a hacer.

Por Florencia para Baby Dove

"¡Tan chiquita y ya hermana mayor!". "Tengo una amiga que tiene dos nenes chicos y vive en el caos". "Aprovechá ahora que está en la panza porque después se te va a complicar". "Ay, la que te espera!". "¿Y cómo vas a hacer con los dos tan chiquitos?".
No sé cómo. Pero lo vamos a hacer.
Cuando le contamos a conocidos o amigos que estamos esperando otra bebé, recibimos reacciones de todos los colores. Están aquellos que enseguida esbozan una sonrisa y te abrazan con una alegría transparente, o te dicen que es lo mejor porque se crían juntas y eso las va a hacer inseparables. Y están los que quedan casi en shock y te hacen comentarios como los que escribí al principio de la nota.
La verdad es que siempre pensé que no iba a poder quedar embarazada. Capaz por ser adoptada, hace unos meses compartí mi historia en el blog, (http://www.mamilmaneras.com/madre-no-una-sola/ ). Capaz porque sé todo lo que tuvieron que pasar mis padres para obtener ese título -consultas médicas, tratamientos, lágrimas, silencios-. La cosa es que siempre tuve ese miedo aferrado a mi corazón.
"No vas a poder quedar embarazada". Ese pensamiento flotaba en mi mente una y otra vez al proyectarme en un futuro formando una familia junto a Lolo. Yo dejaba que estuviera ahí. Intentaba no darle trascendencia y, aunque lograba que no perturbara mi vida, siempre estaba allí y se aparecía, insípido pero latente, cada tanto.
El primer análisis de sangre que dio positivo derribo ese mito. Y, cuando nació Alma, lo único que dije fue "no puedo creerlo". Si antes no podía creerlo, ahora menos. Otra vez, mi vientre alberga un nuevo ser y no puedo evitar pensar que por algo eligió este momento - ni antes, ni después- y este hogar acuoso para reposar y crecer.
Me zambullo en lo más profundo de mi ser y no encuentro otra palabra que gracias. Esta responsabilidad de ser mamá, ahora doble, me llena de amor. Aunque a veces aparece el miedo. Miedos que impermeabilizo con la contención y el compañerismo de Lolo, y con la mirada dulce de Alma, con esas sonrisas exquisitas y puras que regala día a día.
Las palabras tienen ese don de transmitir energía, como cualquier mirada o movimiento. Son tan poderosas que si fuéramos más conscientes de nuestras intenciones o consecuencias al decirlas, muchas veces preferiríamos callar. Gracias a Azul tengo más presente esa práctica.
Gracias a este colchón familiar que logramos juntos, los comentarios que no son constructivos fluyen como agua. Se van volando de mi mente, como lo hizo aquel pensamiento -"no vas a poder quedar embarazada"- al aparecer el primer "positivo".