Se viene la revolución

Desde que nació el primero de mis hijos me cuestiono y me pregunto qué puedo hacer para darle un futuro luminoso, inspirador, creativo y entusiasta, desde la educación.

Por Jujy Fabini para BabyDove

Desde que nació el primero de mis hijos me cuestiono y me pregunto qué puedo hacer para darle un futuro luminoso, inspirador, creativo y entusiasta, desde la educación. Todo eso que no está en nuestro ADN, porque nacimos, vivimos y aprendemos en esto que Benedetti llamó "el país del más o menos".

Y cuando me encuentro con propuestas que salen de lo habitual me emociono, enloquezco de alegría y me doy cuenta de que hay recovecos de luz y esperanza porque hay gente, cada vez más, y más convencida que está eligiendo caminos, ya hechos, que se pueden explorar para encausar el cambio que necesitamos. Y ahí aparecen las viejas y queridas propuestas llamadas "alternativas", que ofrecen otras formas de llegar a lugares mejores. Montessori, Waldorf, Pickler, Regio Emilia. Quizás las hayan escuchado nombrar, son de las "alternativas" más populares. Las propuestas educativas más innovadoras que se arriesgan a romper con el modelo antiguo y buscan algo nuevo, refrescante y distinto, las están adoptando como nuevas ideas, aunque de "nuevas" no tienen nada, porque todas nacieron en el siglo pasado.

Montessori aísla la dificultad y potencia la percepción, Waldorf trabaja el lenguaje, la narrativa y la imaginación, Pickler el movimiento libre, e induce a cada niño a desarrollarse a su tiempo, y Reggio Emilia se inspira en el arte, la belleza y los lenguajes constructivos. Cada una de estas pedagogías tiene sus particularidades, filosofías, espacios, arquitecturas, juguetes y mobiliarios característicos, pero en tiempos de fusiones está a la mano tomarlas y hacer de todas una interesante, original y atractiva síntesis acorde al siglo XXI. En Uruguay hay algunos intentos, interesantes y aislados, pero intentos al fin. Y eso me encanta.

Todo esto viene a cuento porque hace unos pocos días me enteré de otra, que no conocía, que me pareció increíble y la quería compartir en este post.

Se llama "Escuela libre del bosque" y propone algo tan, pero tan sencillo y de lo que estoy tan, pero tan convencida que me tocó la fibra. La base de esta pedagogía es que el aula es la naturaleza. Nació, obviamente, en los países escandinavos, la adoptaron enseguida en Alemania y Estados Unidos en los años 50 y hoy está revolucionando pacífica y silenciosamente a Reino Unido, como respuesta a una patología que los médicos diagnostican en los niños conocida como "Síndrome de la falta de naturaleza".

El sistema se llama Forest School, hay ejemplares en España y, aunque no lo crean, también existe uno en La Paloma y hay otro en la zona rural del oeste de Montevideo con ganas de concretarse. Estas escuelas están pensadas para niños de 2 a 5 años. Allí aprenden todo lo que necesitan, siempre afuera, mirando el cielo, tocando la tierra, subiendo a los árboles, saltando en los charcos, oliendo las flores, observando el comportamiento de los insectos, las aves y animales. Con maestros capacitados en enseñanza al aire libre, estos niños entienden y viven como propios los ritmos de los ciclos naturales, ejercitan la paciencia, disfrutan de la lentitud y desarrollan una mayor concentración, simplemente porque la naturaleza les da los estímulos que necesitan. Ni más, ni menos.

En invierno también están afuera, más abrigados, frente a un fuego que aprenden a hacer, cuidar y respetar. Se enferman menos porque su sistema inmunológico se fortalece, y si un compañero viene con un catarro es muy difícil que los contagie porque al aire libre los gérmenes no se concentran. Estos niños cuando entran a una escuela tradicional lejos de convertirse en unos pequeños salvajes, salen hechos unos pequeños sabios, conectados consigo mismos, con su entorno y con una capacidad de reflexión y asombro adquiridas que los entusiasma y predispone a querer aprender lo que sea, porque eso está en su naturaleza.

Si les interesa pueden buscarlo y encontrarán varios links de escuelas y artículos periodísticos en los medios más importantes del mundo. Es evidente que no solo en Uruguay las cosas no andan como deberían. La buena noticia es que se está despertando lenta pero firme la consciencia de que hay que cambiar, romper, aprender y empezar de nuevo, y lo veamos o no, de diferentes formas se viene la revolución. La educación es una de ellas. Los niños son los que van a subirse a la ola y nosotros, los padres, debemos vencer nuestros miedos, sacar la tabla, y animarlos a tomarla.