Ser fuente de vida

Aún recuerdo el dolor de los primeros días de adaptación. Recuerdo la primera vez que me extraje leche. Mis senos rojos. Mis lágrimas que caían en silencio para no despertar a Lolo y a Alma.

Por Florencia para BabyDove

Aún recuerdo el dolor de los primeros días de adaptación.

Recuerdo la primera vez que me extraje leche. Mis senos rojos. Mis lágrimas que caían en silencio para no despertar a Lolo y a Alma. El calor. El sudor. La respiración profunda antes de cada cinchón y el "ay" al hacerlo.

Las consecuencias de tener principio de mastitis me dolieron más que el parto. Creo. ¡Y eso que no tuve mastitis!

Al nacer Alma, la leche me bajó enseguida. Mucha. Pero como madre primeriza no me di cuenta de que lo mejor era empezar a sacarme cuanto antes.

La peque, con su sabiduría innata, se prendió a los minutos de nacer. Ella me guió, como lo hace en todos los aspectos de ser mamá, en esto de la lactancia.

Uno de mis pezones no estaba bien formado y fue ese el que me causó muchísimo dolor.

Sin embargo, a pesar de que esos días quedaron latentes en mi memoria por el sufrimiento generado, de a poco todo se fue acomodando. La leche se fue regularizando. Mis pezones dejaron de doler y comenzaron a tener la forma adecuada para amamantar.

Con Alma pudimos acoplarnos sin mayores dificultades.

Hoy ya hace casi 10 meses que compartimos esta conexión cósmica que nos transporta a un estado meditativo de armonía sinigual.

Es que amamantar es reencontrarse con la fuente de la vida. ¡Ojalá de adultos fuera así de fácil, ¿no?!

La lactancia materna es de las acciones instintivas más majestuosas y sagradas. Tu cuerpo deja de ser solamente para ti. Ahora tiene otro propósito. Gran parte de los nutrientes que consumimos están destinados a nuestro bebé. Es decir, saber que de tu alimentación y tu bienestar depende directamente el crecimiento de una persona es, sin dudas, un gran impulso para generar o mejorar hábitos; es decir, para ser más conscientes de nuestro ser.

La Organización Mundial de la Salud, recomienda amamantar hasta los 2 años o más. Me encantaría pasar esa edad y seguir teniendo esta conexión, sin importar las opiniones externas. Solamente ser, juntas, unidas, cómplices, compinches. En el silencio de nuestro hogar, en el ruido de la ciudad. Las dos abstraídas del tiempo y del espacio.