Ser madre es...

Resulta difícil escribir todo lo que una palabra tan pequeña envuelve pero hace días que vengo haciendo este ejercicio y me parece lindo poder compartirlo. Aquí va.

Por Florencia para BabyDove

Resulta difícil escribir todo lo que una palabra tan pequeña envuelve pero hace días que vengo haciendo este ejercicio y me parece lindo poder compartirlo. Aquí va.

Ser madre es:

-Convivir con el sueño.

-Aceptar que no todos van a estar de acuerdo en la forma de crianza de tus hijos y, sin embargo, creer en tu instinto, y en la raíz que guía este camino: el amor.

-Entender que no sos "miss músculo". Que tu casa va a estar, la mayoría del tiempo, desordenada y que, ¡igual podés ser feliz! - en mi caso, me costó bastante aceptarlo-.

-Saber que, ahora, la decoración principal de tu casa serán juguetes.

-Por momentos, sentirse saturada y que el cuerpo y la mente no te da para más, pero igual sacar fuerza y tratar de ser consciente de que el caos va a pasar.

-Ser consciente que eres responsable, junto a tu pareja, de generar un ambiente armonioso. Que sus ojos te observan, por lo que, todo lo que hagas o digas frente a ellos les marcará.

-No dejarse llevar por pensamientos pasajeros que lo único que hacen es alejarnos de nuestra esencia. Por ejemplo, "soy mala madre". No lo eres, confía en ti.

-Desayunar tres o cuatro horas después de haberse levantado. Y, todavía, paradas o dando teta y rápido.

-Comer el almuerzo o cena fríos - y disfrutarlos de todas formas-. A veces me pasa, incluso, que me olvido de tomar agua y, al rato, lo hago.

-Posponer las ganas de ir al baño, siempre o casi siempre.

-Ducharse en tiempo récord con la cabeza estirada mirando qué hacen los peques y el oído atento.

-Luchar con el reloj, con la puntualidad - cosa que ya de por sí me cuesta-.

-Revalorizar a los seres que te rodean. Recibir amor y cooperación de la familia es de los tesoros más preciosos de la vida pero, cuando sos madre, saber que tus hijos crecen compartiendo y aprendiendo de ellos no tiene precio.

-Es explotar tus dotes musicales. Cantar mucho, quizás desafinado pero con mucha dulzura y mucho ímpetu. Dejar la playlist de Luca Prodan o Nirvana por un tiempo y poner play a canciones infantiles nuevas o reflotar las que te acompañaron de pequeña.

-Llorar, a veces por angustia pero la mayoría por felicidad, en silencio, cuando todos duermen y tu introspección se agudiza.

-Entender que los hijos no son la posesión de uno ni la proyección de lo que quisiste ser. Saber que influirás directamente en su destino pero no por eso pretender que sean lo que tu querés.

-Sonreír. Reírte a carcajadas todos los días.

-Darse cuenta que tenés mucho por mejorar. La inocencia y pureza de tus hijos son un regalo para crecer como seres humanos.

-Descubrir que sos más fuerte de lo que creías, que sos capaz de agrandar el corazón, ser más comprensiva, tolerante, creativa y amorosa.