Tocar el piso con las manos

Alma hace 11 meses que vive en este hogar, pero ahora la perspectiva es otra. Su autonomía es otra. La forma de explorar el mundo, de abrazarlo y aceptarlo es otra. Ahora, toca el piso con las manos.

Por Florencia para Baby Dove

Un día, Alma hizo fuerza para salir de mi vientre. Sus movimientos perfectos, combinados con mi puje, la desplazaron hacia este mundo en el que respirar es el primer paso. Su cuerpo necesitaba sostén, pues no conocía aún sobre la gravedad.
Otro día, de bebé, su cabeza comenzó a sostenerse sola, ya no era necesario agarrársela al tenerla en brazos.
Su espalda descubrió nuevos y fascinantes movimientos. Hacía falta pestañear una vez y ya la veías boca abajo con sus ojos color café bien abiertos, sus cejas casi transparentes levantadas y su boca entreabierta; sorprendida de esa pirueta que llegó a su vida para quedarse.
También se dio cuenta del sonido que producen sus manos al chocarse. Y ahora, cada mañana cuando despierta, es lo primero que hace; además de repetir ese movimiento coordinado varias veces en el día.
En un momento, descubrió sus pies. Más bien se enamoró de ellos -¿quién no se enamoraría?-De su suavidad. De su forma. No sé, pero se enamoró y, desde entonces, cada vez que hay cambio de pañales o es hora de bañarse y la acostamos sobre la cama, es automático: levanta sus piernas, se los agarra y se ríe a carcajadas.
También se fanatizó por las migas. Su motricidad comenzó a ser tan fina y delicada que ni la más pequeña logra escapar de sus manos -y, por lo tanto, de su boca-.
Su cuerpo fue cobrando fuerza y estabilidad. Comenzó a sentarse sola y a jugar horas en esa posición.
El ritmo de la música la conquista de a partes. Primero sus manos empezaron a moverse al escuchar alguna melodía. Después su tronco, con movimientos sutiles y tambaleantes muy graciosos. Al tiempo, su cabeza sintió la necesidad de moverse de un lado a otro, como diciendo "no" mientras su melena se despeina más y más, sus ojos se entrecierran y sus paletas se asoman al compás de su risa. Una vez que comenzó a pararse, la música se apoderó de sus piernas. Sus rodillas dispuestas a articularse una y otra vez. ¡Este combo es puro rock!
De a poco, a su tiempo, comenzó a inclinarse para adelante hasta lograr quedar de rodillas apoyando sus manos.
Después de tener dominio sobre su cuerpo, halló la revolución del movimiento: ¡puede desplazarse sola, con su pequeño cuerpecillo! Primero, se animó a salirse de los límites de la alfombra. De a poco, rompe las fronteras invisibles y encuentra nuevos rincones del hogar, dispuesta a hallar pelusas, migas o lo que sea. Porque, aunque hace 11 meses que vive en este hogar, ahora la perspectiva es otra. Su autonomía es otra. La forma de explorar el mundo, de abrazarlo y aceptarlo es otra. Ahora, toca el piso con las manos.