Tudo joia

El 7 de diciembre del año pasado, mientras yo estaba en una despedida del año con gente de mi trabajo, me llegó un mensaje de Nani que decía: 'Hay unos pasajes para Río de Janeiro re baratos; podríamos ir en marzo, ¿no?'.

Por Federico Petersen para BabyDove

El 7 de diciembre del año pasado, mientras yo estaba en una despedida del año con gente de mi trabajo, me llegó un mensaje de Nani que decía: "Hay unos pasajes para Río de Janeiro re baratos; podríamos ir en marzo, ¿no?".

Antes de que pudiera responderle "Buenísimo, mañana lo vemos bien", me cayó otro que decía: "la oferta se termina a las 11 de la noche".

Eran las diez y algo.

Mi mensaje de repuesta fue algo así como, "Vamos, de una".

Y así fue que se resolvió un tema que nos suele llegar por octubre o noviembre de cada año que es el qué vamos a hacer en las vacaciones del año siguiente.

En seguida alquilamos un cuarto en Río y una posada en Buzios y medio que nos olvidamos del asunto.

"Todo llega", dicen, y es verdad; hasta las vacaciones. El bendito y célebre 10 de marzo llegó, y con él el momento de volver a viajar con Luisa, esta vez para conocer y disfrutar de Río de Janeiro y Buzios.

Y esta vez: los tres solos. Aunque ya habíamos tenido la experiencia de viajar con ella, en esa ocasión teníamos ayuda de abuelos, y ahora no. Además, en esa época ella se quedaba más bien quietita; ahora...no.

Estuvo divino y Luisa es una genia; un placer viajar con ella. Obvio que cansa, de hecho de vacaciones a nivel descanso tuvo el nombre, nomás. Porque era seguir sus horarios y su empezar a caminar, y eso cansa. Pero fue una experiencia memorable que nos llenó de buenos recuerdos y lindos momentos.

En el avión parecía la reina del carnaval, cuando en alguna caminata que hacíamos con ella por el pasillo, entre los asientos (para estirar las piernas, ayudar a que el tiempo volara tan rápido como el avión y combatir su aburrimiento) ella iba saludando con una mano y tirando besos con la otra, cosa que aprendió no sabemos mucho de quién o dónde, a hacer ese mismo día (y obviamente hace que te la quieras morfar).

En Río teníamos alquilado un apartamentito (con énfasis en la parte de "ito": era un colchón en el piso, con una cocina y un baño, básicamente), a 15 metros de la rambla de Ipanema. Llegamos, nos acomodamos apenas, dejamos todo y en seguida meta a caminar, como viajamos, cuando viajamos.

Teníamos hambre y decidimos ir a buscar un lugarcito que encontramos en Internet, en Leblon, que se llama Vegetariano Social Club. Estaba bien cerca, comimos bien rico, y nos pareció que habíamos llegado a una ciudad amable aunque MUY calurosa.

Así fueron pasando los días, recorriendo, paseando, conociendo y sobre todo metiendo mucha playa, cosa que a Luisa le parecía fantástica, porque disfruta del agua como pocas veces he visto. Es llegar nomás, que cuando te vas acercando al agua (aún antes de haber elegido un spot en la arena para dejar las cosas) ella ya va levantando los brazos y gozando, festejando, arengando. Cuando le sacamos el pañal para ponerle la malla ella se te escapa y empieza a gatear hacia el agua, y se manda, de una, sin miedo.

Claramente Ipanema no es La Floresta, por lo que los cuidados los extremamos, pero pasamos horas y horas en el agua, y otras tantas bajo la sombrilla, con Luisa durmiendo sobre un pareo, entre cocos y cervezas, beach volley y samba.

Si Río ya había sido amable con su recibimiento, Buzios no hizo más que profundizar esas sensaciones. Al estar situados literalmente arriba de una playa, el horario de amanecer de Luisa (7:00 am, minutos más, minutos menos) nos vino al pelo, porque bajábamos a la playa cuando no había nadie en ella, subíamos a desayunar cerca de las 10, cuando no había nadie, y bajábamos a la piscina del hotel a las 11, cuando todos se habían ido a la playa, y a nosotros nos venía bien la sombra de las sombrillas del hotel.

Lo único que no calculamos bien, pero que tampoco fue grave, fue que Buzios es un lugar bastante poco amistoso con los cochecitos de bebé.

La semana pasó volando y el 18 nos tocó volar de vuelta a Montevideo, después de tres horas de Uber hasta el aeropuerto de Río. Luisa se la re bancó, es una genia, así que ahora habrá que pensar el próximo viaje. Veremos, pero por como vienen las conversaciones me parece que van a ser bastantes más horas de avión.

Por ahora, a seguir disfrutando de esto tan reciente; volvimos con las rodillas un poco cansadas, pero con el corazón contento, las pieles tostaditas y los pelos con olor a mar.