Un monumento para Nani

El plan era que Luisa iba a tomar toda la teta que quisiera. Pero, como les contaba la primera vez que escribí en Mamilmaneras, los planes se nos trastocaron... un poquito.

Por Federico Petersen para BabyDove

El plan era que Luisa iba a tomar toda la teta que quisiera.

Era la mejor forma de que consiguiera todos los nutrientes necesarios, que encontrara en el apego y el contacto con la piel de su madre la paz que necesita para poder crecer y desarrollarse sintiéndose amada, contenida y protegida.

Pero, como les contaba la primera vez que escribí en Mamilmaneras, los planes se nos trastocaron... un poquito.

La primera vez que Luisa ingirió una gota de leche de Nani fue el viernes 24 de febrero, 9 días después de nacer y recibir alimentación por vía parenteral (una aguja enchufada a su bracito que le daba un complemento producido en un laboratorio). Se la dieron en un consultorio de rayos X para testear la sutura que le habían hecho una semana antes: ver si esa gota bajaba por su esófago y llegaba hasta su estómago con normalidad. La gota bajó, llegó hasta el estómago y no volvió. Lo celebramos como lo que era para nosotros: lo más importante del mundo.

Pero quiero detenerme en cómo esa gota llegó a la boca de Luisa, que es como nos ha tocado vivir la lactancia: llegó en una mema, porque Nani se la había "ordeñado".

Es decir, se conectó a una máquina que le "succionó" de forma robótica, plástica y obscena sus tetas durante 30 o 40 minutos. Y es algo que, desde esa vez, Nani hace entre 7 y 9 veces por día.

Sí, hace eso de lunes a domingo para que Luisa pueda comer lo que mejor le hace y no lo que más cómodo le queda a ella o a nosotros. Y lo hace porque Luisa no tuvo la posibilidad de desarrollar el instinto de succión que todos los bebés desarrollan cuando entran en contacto con el pecho de sus madres.

¿Podríamos darle complemento? Sí y no. "Sí" porque es algo que existe y que afortunadamente nutre y hace posible que millones de niños vivan.

Pero "no", porque estamos convencidos de que la leche de Nani es mil millones de veces mejor que el mejor complemento que exista en la tierra (por como se alimenta y porque es su madre, y punto). Y me quedo corto, estoy seguro. Es una enorme responsabilidad y algo admirable: todo lo que ella decide ingerir y todo lo que no, es lo que forma el alimento de nuestra hija.

Por supuesto que es algo que yo no podría, jamás, imponerle; hacer esto es una decisión suya. Una que cuenta con todo mi apoyo, admiración y agradecimiento. Y una por la cual, sí, se merece un monumento.

Un monumento que se llama Luisa, que crece con cada mema llena de leche-amor que le damos, la que devora con los ojitos bien abiertos al principio y entrecerrados cuando van quedando las últimas gotas y sus manitos caen rendidas, mientras rendida cae ella también al sueño reparador que "la cría", como dicen en el campo.

Desde que salimos del hospital intentamos que Luisa "se prenda" a la teta, como aconsejan las tantas asistentes de lactancia que han venido a ayudarnos.

Lo hemos intentado todo y es difícil, porque cada día que pasa y no lo logramos es un día que tenemos menos chances que el anterior. Pero lo seguimos intentando.

Para peor -perdón; mejor; para mucho mejor- en las últimas 48 horas Luisa empezó a pedir MUCHA más comida. Está pasando por un período de crecimiento marcado y pide la comida que necesita para hacerlo, lo cual hace que Nani tenga que redoblar el esfuerzo y pasarse horas enchufada a la máquina de ordeñe.

Y lo hace: día, noche, madrugada, feriado, miércoles o domingo, descansando, paseando (porque también tenemos una ordeñadora a pilas, de lo más top), SIEMPRE sacándose leche para darle a Luisa. Con mucho dolor y sacrificio, pero con MUCHÍSIMO más amor.

Parece que nunca va a alcanzar; se nos van consumiendo las reservas que tenemos congeladas en el freezer y es difícil porque ella hace todo lo que puede y yo no puedo hacer nada más que intentar mantener la calma y apoyar, siempre apoyar.

Y porque sabemos que si se nos acaba la leche... no, no se nos va a acabar.

El cuerpo de Nani es más inteligente y sabe más de amor que toda la academia junta, entiende las señales que está recibiendo y va a llegar a producir la cantidad de leche que Luisa necesita; pero lleva un tiempo.

Mientras, cada mema que logramos llenar hasta arriba y que Luisa se termina, la celebramos como lo que es: lo más importante del mundo.

Y lo celebramos como corresponde: abrazándonos fuerte, haciendo un provechito antes de dormir la siesta.