Vacaciones para parir

Hace cinco días que empecé la licencia maternal. Colgué los championes -trabajo como recreadora en un hotel en Punta del Este, mi uniforme es deportivo- y me dispuse a disfrutar a pleno de mis pequeñas Alma y Azul.

Por Florencia para BabyDove

Hace cinco días que empecé la licencia maternal. Colgué los championes -trabajo como recreadora en un hotel en Punta del Este, mi uniforme es deportivo- y me dispuse a disfrutar a pleno de mis pequeñas Alma y Azul. Mi ginecóloga me recomendó trabajar hasta la semana 36. Tengo que admitir que al principio quería trabajar un poco más, hasta fines de febrero -tengo fecha para el 13 de marzo- pero ella, junto a Lolo, me terminaron convenciendo. Y, debo admitir que fueron muy acertados.

Trabajar con niños implica tener una energía y una predisposición permanente. Me encanta tener contacto con ellos y poder involucrarme en los juegos, pero en estos últimos días ya mi cuerpo no respondía como lo hace normalmente.

Las ocho horas se me hacían muy largas y me volvía a casa con dolor en los talones. Y, claro, tener a Alma en casa significa seguir activa por unas horas más -hacerla dormir, darle la merienda y la cena, bañarla y, por supuesto, jugar-. Por lo que, como todo en la vida, me fui en el momento justo.

El último día, mis compañeros me despidieron con aplausos, música, globos y abrazos, lo que traduzco en un empujón de entusiasmo para disfrutar de la última etapa del embarazo. Creo que no debo de ser la única que en ese momento sintió una mezcla de emociones. Por un lado, nostalgia por el hecho de abandonar la rutina y el compartir en un ambiente tan agradable, por otro, una especie de alegría descomunal por poder estar en casa y, finalmente, comenzar a preparar el nido. No solo generar un espacio para las pertenencias de Azul -cuna, ropa, armar el bolso-, sino también desde el punto de vista psicológico. Esto no quiere decir que voy a estar todo el tiempo pensando en que en algún momento voy a parir, sino más bien en poder disfrutar de sus patadas mientras Alma duerme una siesta, tratar de visualizar cómo me gustaría que fuera el parto, y estar más tiempo con "papá Lolo" y que él pueda tener más contacto con su pequeña pateadora -este embarazo nos agarró en plena temporada y con los horarios cruzados-.

El 9 de febrero cumplí 28 años y siento que el mejor regalo es el tiempo. Y este comienzo de licencia me permite compartir mi tiempo con los seres que amo, rodearme de la mejor energía para recibir a Azul y mimar mucho a Alma para que la llegada de este nuevo ser sea lo más armoniosa posible. Así que aquí estamos, de vacaciones para parir de amor, por segunda vez.