Vamos de paseo

Con Nani siempre tuvimos claro que queríamos tener hijos. Tan claro como que antes de que eso ocurriera queríamos viajar mucho; todo lo que fuera posible.

Por Federico Petersen

Con Nani siempre tuvimos claro que queríamos tener hijos. Tan claro como que antes de que eso ocurriera queríamos viajar mucho; todo lo que fuera posible.

Y lo hicimos. Metimos un montón de viajes y paseos, más lejos y más cerca, conocimos muchísimos lugares, visitamos amigos y nos hicimos de miles de recuerdos y memorias que nos acompañan fuertemente, incluso físicamente en forma de recuerdos, adornos y souvenirs que descansan sobre las paredes o algún estante o mesita de nuestra casa.

Es que creíamos que una vez que naciera Luisa (claro que en ese entonces no teníamos ni idea de que Luisa iba a ser Luisa), sería más complicado e íbamos a poder viajar menos.

Pues no.

O sea, si es más "complicado" en el sentido práctico o logístico (no es lo mismo que se muevan dos adultos que se manejan con lo que haya a mano, que con una beba que tiene sus necesidades, horarios, tiempos, etc.).

Pero la verdad es que estamos viajando bastante más. Al viaje que hicimos por el norte argentino (Salta, Jujuy y los hermosos pueblos que hay a lo largo de toda la Quebrada de Humahuaca) y el que hicimos recientemente por Brasil (Río de Janeiro y Buzios), se le sumarán un viaje a Cuba en julio y otro a Estados Unidos en setiembre.

Los motivos de esta feliz sorpresa son varios; uno de ellos, quizás de los más fuertes, es que hasta los 2 años Luisa no paga pasaje. Y si, estamos tratando de sacarle todo el jugo posible a eso que no sé si llamarlo beneficio, ventaja o cómo, pero que bienvenida sea; igual que la ventaja (esto sí tengo claro que se llama así) de no tener que hacer colas para subir a un avión o pasar por migraciones.

Otro es que los abuelos se están copando con llevar a Luisa de viaje y, al menos por ahora, eso tiene que ser con nosotros. El viaje por el norte argentino fue una invitación de su abuelo paterno y el próximo a Cuba, al que también vienen mi hermano, cuñada y sobrina Jacinta, uno de su abuela paterna.

Otro motivo es una combinación de impulso con saber escuchar algunas señales. Medio místico, pero fue así.

Hace como tres semanas mi hermano me dijo: "no sé si en un rapto de locura, o qué, pero sacamos entradas para ir a ver a Neil Young, en setiembre, en un lugar que se llama Saratoga Springs, cerca de Nueva York".

A los dos o tres días, de la nada, Nani me comenta que vio una casa en Airbnb, que le encantó; una cabaña toda de madera con grandes ventanales, en un lago, con un parque hermoso y gigante alrededor. Cuando me la muestra y me fijo en el mapa donde era, veo que estaba cerca de Saratoga Springs (a 140 kilómetros averigüé luego).

Entonces le digo: "¡Ah!, mirá, ahí van a ir Gonza y Cami con Jaci a ver a Neil Young, me comentó hace un par de días".

Nani me miró callada durante unos segundos que se me hicieron largos; yo la miré sin entender mucho, pero había algo en sus ojos que me hicieron pensar que tenía algo en mente.

Y de repente: "¿Querés ir?", me dijo.

Sí, quería ir. Me moría de ganas de ir. Me encanta Neil Young (además, luego averigüé que también tocará Willie Nelson a quien también adoro), me encanta viajar, me encanta hacerlo con las personas que más quiero, y me encanta que tomemos decisiones que sé (lo sé) nos hacen como familia. Encima una amiga de Nani acaba de tener un hijo y está viviendo en Brooklyn, así que también iremos para visitarlos y conocer al pequeño Lino.

Obvio, sale un montón de plata, pero para eso nos rompemos el alma trabajando.