Olvidó su contraseña?

Juegos sexuales infantiles: curiosidad desde chiquitos

  • 303644
  • 22


A menudo los adultos olvidamos que ellos no sólo preguntan y elaboran teorías, sino que expresan su sexualidad en juegos y conductas de muy diferentes tipos.

Estas conductas se originan ni más ni menos que en la curiosidad (necesidad de exploración), pero en muchos casos constituyen una búsqueda de placer por autoestimulación o por contactos con los demás.

SENTIR PLACER CON EL PROPIO CUERPO

El desarrollo de la sexualidad humana comienza con el contacto físico inicial, con los abrazos y caricias que el bebé recibe. El niño/a necesita vivir esa experiencia prolongada de sentirse protegido y querido por sus papás o por quienes cumplen la función de tales.

La capacidad erótica del ser humano comienza a desarrollarse en los primeros meses de vida. El bebé acariciado tiene más chance de madurar su capacidad de intimidad física y de sentir placer, que el bebé que no recibe caricias.

LA MASTURBACIÓN O AUTOEXPLORACIÓN

La autoexploración o masturbación es otra experiencia fundamental para el desenvolvimiento saludable de la sexualidad de niños y niñas. En muchos casos, antes del primer año de edad, el pequeño aprende a obtener placer con su propio cuerpo, pues descubre sus genitales en el juego mientras lo cambian: siente “cosquillitas” agradables y las vuelve a repetir, sin ser este juego ni más ni menos que un aprendizaje, un reconocimiento, de su propio cuerpo y un disfrute plenamente natural y saludable.

LOS JUEGOS SEXUALES

Iniciando el segundo año de vida, pero por sobre todo a los 3 y 4 años, el niño no sólo toca sus genitales sino que intenta tocar los de otros. Estos juegos ocurren sobre todo entre hermanos, hermanas, primos, amigos y vecinos. Es la edad en que quieren jugar “a los doctores” y a “papá y mamá”. Con el juego buscan satisfacer su curiosidad, saber si los otros son iguales a ellos o diferentes.

En general, estos juegos son mixtos, y no están contraindicados; a veces somos los propios adultos quienes adjudicamos malicia a estas prácticas, sin darnos cuenta de que si hay algo malo en ellas, probablemente no radique en lo que los niños o niñas hacen, sino en el ojo adulto que proyecta allí sus pre-conceptos.

No olvidemos que así como el niño madura intelectualmente y quiere conocer cosas y fenómenos nuevos, tambien quiere conocer su cuerpo y sus sensaciones, y el cuerpo y las sensaciones de los demás.

Lo único recomendable es que los padres verifiquen que tanto niños como niñas que participan en estos juegos sean de la misma edad, y que ninguno participe obligado.

EL DORMITORIO DE PAPÁ Y MAMÁ

Suele ser bastante común que hasta los 4 años, aproximadamente, los niños entren en el cuarto de los padres y se metan en la cama. Incluso hasta a veces con más edad.

Un niño o niña puede ir a la cama de sus padres, una noche o una mañana, si les gusta, sin que esto deba ser motivo de una alarma.

Asimismo, una madre o un padre puede llevar a su cama, una noche o una mañana, a su hijo o hija, porque disfruta de ello, y no por eso debe culparse. Lo que no debería ocurrir es que se utilice al pequeño sistemáticamente como sustituto de algo que falta o como un objeto para calmar las ansiedades propias.

Si la excusa para llevarlo o llevarla es “que llora”, lo que debemos hacer para calmarlo cuando suplica llorando nuestra compañía, es acudir a su habitación. Allí podremos sentarnos a su lado, hablarle tiernamente, cantarle una canción o contarle un cuento, hasta que vuelva a conciliar ensueño.

Cuando nuestro hijo o hija sistemáticamente duerme en nuestra cama, la espontaneidad sexual de los adultos y del pequeño se perturba: el niño elaborará fantasías en torno a las relaciones sexuales, que no serán beneficiosas para su desarrollo emocional. 

SUGERENCIAS

Regla básica: Siempre que el niño o la niña haga una pregunta referida a la sexualidad, responda, aunque sea para decir que no sabe la respuesta y que lo va a averiguar.

NUNCA DIGA: ”Cuando seas más grande te responderé” o cosas como:

*Preguntale a papá cuando llegue

*Preguntale a tu madre, eso es cosa de mujer

*Ahora no tengo tiempo

Y no finja que no escucha lo que el pequeño dice o pregunta.

ALGO QUE CONVIENE RECORDAR

-Aunque no hable de temas sexuales con sus hijos, los educa igual en este sentido. De su actitud, fundamentalmente, depende que su hijo o hija aprenda que la sexualidad es algo bueno o malo, lindo o feo, sobre lo que se puede conversar o no.

-La educación sexual es responsabilidad de la pareja y no de uno sólo de los dos integrantes. El padre que no participa se pierde de un proceso muy rico para él y para su hijo o hija.

-Ofrézcales información correcta, recuerde que cuando pregunta es porque está pronto/a para recibir la respuesta.

-No le ponga sobrenombres a los genitales, llámele a las cosas por su nombre, refiérase a ellos con la terminología correcta, lo mismo que hace cuando habla de los ojos, las manos y los pies.

-Cuando refiera a los genitales señale siempre que ambos sexos son distintos, que a ninguno de los dos les falta nada, hable de tenencias, no de carencias.

-Permítale que explore y toque su cuerpo, enséñele el concepto de “intimidad” que debe caracterizar los juegos sexuales, distinguiéndole del concepto “a escondidas”.

-Las actitudes y comportamientos represivos pueden comprometer el desarrollo natural del niño o la niña, dificultando la realización de una vida sexual plena de placer y amor en el futuro (En casos de autoerotismo compulsivo, en que tanto niño o niña se estimulan todo el tiempo sin discriminar lugares ni momentos, consulte a un especialista en el tema a fin de determinar si esta actitud implica otra problemática)

-Si ud. siente vergüenza al hablar de estos temas, no olvide que se debe probablemente a que es difícil dejar de lado la propia educación, pero entienda que se puede cambiar y que, de hecho, ya lo está haciendo al informarse a partir de esta nota.

-Si su niño o niña no ha preguntado nada sobre sexualidad y ya tiene cerca de 6 años, es probable que haya recibido algún mensaje indicando que no debe hablar del asunto. Aproveche las oportunidades cotidianas –una mamá embarazada, un beso en una película, dos perritos copulando- para iniciar el tema.

-Muy pronto su hijo o hija se dará cuenta de que es posible hablar de estos temas. No exija respuestas, no obligue al pequeño/a a hablar. Cuando él o ella lo sienta , tomará la iniciativa.

Buena suerte!

 

Por Equipo de Mundobebe.com

Equipo de Redacción