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Lo cierto es que todos conocemos gente a las que les dicen Pancho, Toto, Zapa, Zito, Pepe o Tati y que a veces ni ellos mismos se sienten ya identificados con el verdadero nombre.
¿Por qué sucede esto?
En primer lugar, hay nombres que ya traen aparejado un sobrenombre con años y años de tradición que dificilmente se podrá cambiar.
Es el caso de Francisco, (Pancho), José (Pepe) o Victoria (Vicky) Otras veces el nombre es largo o difícil de pronunciar: Comunmente a los Maximiliano se los llama Maxi y a los Federico, Fede.
También es frecuente encontrar la unión de 2 nombres en uno abreviado: A Juan José se le dice JuanJo, a Juan Miguel, JuanMi y a María Estela: Marie.
Pero también hay sobrenombres pasajeros, que tienen que ver con la ternura y los afectos y hacen que llamemos a nuestro bebé Pollito, Cachorrito, Bomboncito o Tesorito.
Y por último, está el caso de los amigos de colegio, que siempre van a inventar algo nuevo, y en poco tiempo tu tesorito se convertirá en Cabeza u Orejota o el nombre más inimaginable.
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