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Un tiempo de revelaciones, de experiencias místicas, una oportunidad para el autoconocimiento, para bucear en los aspectos ocultos de la psique femenina. Un tiempo en que las luces y sombras emergen y estallan como un volcán en erupción. Es la locura indefectible y un no reconocerse a sí misma, porque, desde el momento del parto, el alma de la mujer se desdobla y se vuelve mamá-bebé, bebé-mamá al mismo tiempo.
Eso es también la maternidad, según la innovadora y algo polémica visión de la psicoterapeuta familiar Laura Gutman, autora de La maternidad y el encuentro con la propia sombra . Su libro, lejos de pretender ser una guía para madres desesperadas, es una invitación a que las mujeres se replanteen las ideas preconcebidas, los prejuicios y los autoritarismos encarnados en opiniones discutibles sobre el parto, el puerperio, la crianza de los niños, la educación, las formas de vincularse y la comunicación entre grandes y chicos.
-Social y culturalmente, se presenta siempre a las madres y a la llegada de un nuevo ser como un hecho ideal, feliz y luminoso. Se requiere cierta audacia para encarar el tema desde "el encuentro con la propia sombra". ¿A qué se refiere exactamente?
-Es cierto que la sociedad o el inconciente colectivo intenta poner a la maternidad como un lecho de rosas. Cuanto más una mamá "compre" esta visión unilateral, más impactante y más brutal resultará para ella el encuentro con los lugares oscuros que aparecen después del parto y en el puerperio. Yo tomo la maternidad como una crisis, como un rompimiento que se produce en el parto y en ese quiebre se cuelan partes de la sombra, es decir pedacitos de alma ocultos o desconocidos hasta entonces, que se manifiestan a través del bebé. El se convierte en espejo cristalino de los aspectos más ocultos de la mamá, de su sombra. Por eso el contacto profundo con un bebé es una gran oportunidad para aprovechar al máximo..
- ¿De qué manera la sombra de la mamá se manifiesta a través del bebé?
-Cuando un bebé nace se produce la separación física. Pero ese cuerpo recién nacido no sólo es materia, sino también un cuerpo sutil, emocional, espiritual. Aunque la separación física efectivamente se produce, bebé y mamá siguen fusionados en el mundo emocional. El bebé se constituye en el sistema de representación del alma de la mamá. Todo lo que la mamá siente, recuerda, lo que la preocupa, lo que rechaza, el bebé lo vive como propio. Porque en ese sentido son dos seres en uno. Entonces, la mamá atraviesa este período desdoblada en el campo emocional, ya que su alma se manifiesta tanto en su propio cuerpo como en el cuerpo del bebé. Y lo más increíble es que el bebé siente como propio todo lo que siente su mamá, sobre todo lo que ella no puede reconocer, lo que no reside en su conciencia, lo que ha relegado a la sombra. Entonces, si un bebé se enferma o llora desmedidamente, o si está alterado, además de hacernos preguntas en el plano físico será necesario atender el cuerpo espiritual de la mamá, reconociendo que la enfermedad del niño manifiesta una parte de la sombra de la mamá.
-¿Y cómo la mamá puede canalizar esa manifestación del bebé para su propio crecimiento?
-Si un bebé llora demasiado, si no es posible calmarlo ni amamantándolo ni acunándolo, en fin, después de cubrir sus necesidades básicas, la pregunta sería: ¿Por qué llora tanto su mamá? Si el bebé no se conecta, parece deprimido, ¿cuáles son los pensamientos que inundan la mente de la mamá? Si un bebé rechaza el seno, ¿cuáles son los motivos por los que la mamá rechaza al bebé? Las respuestas residen en el interior de cada madre, aunque no sean evidentes. Hacia allí debemos dirigir nuestra búsqueda, en la medida en que la mujer tenga la genuina intención de encontrarse consigo misma.
Este estado de fusión emocional dura dos años, tiempo en que la mamá experimenta estados alterados de conciencia por vivir desdoblada en varios campos emocionales. Esta es la locura del puerperio.
- ¿Por qué dos años? Comúnmente se habla del puerperio como un período que dura cuarenta días.
-Se considera puerperio a los primeros 40 días después del parto, porque se toma como parámetro la cicatrización de la episiotomía, la veda sexual o moral para que el varón no quiera exigirle genitalidad a la mujer... Yo creo que es un fenómeno emocional. Mientras dura la fusión emocional, dura el puerperio. Recién a los dos años, el niño comienza a separase emocionalmente de su madre. Hasta entonces era bebé-mamá, un ser totalmente fusionado, que habla de sí mismo en tercera persona: "Matías quiere agua". Recién a los dos años comienza decir "Yo quiero agua". Cuando se construye como ser separado, ahí empieza lentamente a separase emocionalmente.
-¿Cómo nace su teoría?
-Sinceramente, no sé cuando ni cómo nace mi "teoría", ya que no la vivo como "teoría" sino como una práctica constante. Básicamente a través de la observación de cientos de madres en relación a sus bebés. Fue muy revelador para mí, cuando hace unos 15 años leí el libro "La enfermedad como camino" de Dethlefssen y Dahlke, un médico y un astrólogo alemanes, ambos junguianos. Empecé a investigar las teorías de Jung en relación a la manifestación de la sombra, y al sentir que los niños pequeños estaban tan involucrados dentro del campo emocional de las madres, y viceversa, se me ocurrió observar si lo que manifestaban -y que era incomprensible muchas veces para las madres- podría ser expresión de situaciones emocionales que ellas no podían reconocer como propias. Es muy frecuente que las madres no hablen de sí mismas en las consultas, sino de lo que les pasa a los niños. Y fue cada vez más evidente para mí, que este "juego" era permanente. Por ejemplo, cuando yo coordinaba grupos de crianza, y algún bebé estaba muy inquieto, intentaba inducir a la mamá en un recorrido íntimo hasta que "tocaba" un punto doloroso personal, de su historia primaria. Aunque considerase que el asunto estaba "superado", cuando lograba hablar del tema, el bebé automáticamente dejaba de llorar. Y el grupo era testigo de esta "magia". Pero no era nada mágico, era la madre que se apropiaba de una parte de su sombra, que de otro modo el bebé estaba obligado a manifestar. De a poco fui aprendiendo a reconocer más rápidamente el lenguaje de los bebés y niños pequeños "fusionados" al campo emocional de la mamá. En realidad, el verdadero trabajo de búsqueda lo realiza cada madre, en mi rol sólo apoyo la búsqueda genuina, porque cada individuo sabe profundamente lo que le pasa. Los bebés son seres sutiles, por eso lo manifiestan con total desparpajo. En ese sentido son verdaderos espejos del alma.
-En su libro hace una distinción entre el dolor como algo necesario y positivo para el crecimiento, y el sufrimiento, innecesario y destructivo. ¿Qué diferencia hay entre uno y otro?
- Cuando hablo de la diferencia entre dolor y sufrimiento, me refiero al parto en sí mismo. Hoy en día, casi todas las mujeres paren anestesiadas, en partos "conducidos" por la introducción de occitocina sintética para regular la duración y la intensidad de las contracciones. En general la mujer no es respetada, no se le permite mover, caminar, comer, ir al baño, está normalmente atada al sillón de partos que es terriblemente incómodo, se le acalambran las piernas, se la rasura, entran muchas personas, médicos y paramédicos mientras la mujer está con los genitales expuestos, hay poca calidez y sobre todo nada de intimidad. El marido normalmente está "pintado" haciendo de cuenta que es un buen papá moderno. Es tanto el sufrimiento, que las mujeres en vez de pedir contención, abrazos, calor, amor, silencio, música, agua, algo dulce para la boca, suavidad... piden a gritos anestesias. Y las reciben. Si pudiéramos imaginar un parto de verdad acompañado, con libertad de movimientos, en la fecha verdadera (aunque "se atrase") en intimidad con una o dos personas del circuito más íntimo, el dolor sería entonces el vehículo para el recogimiento, para la introspección, para salir del mundo de las formas y entrar en el mundo sin límites, sin palabras, sin luces... es un momento de apertura de conciencia, al borde de la vida-muerte-vida... Así el dolor es soportable, es necesario, porque nos permite "salir" del mundo racional, y sólo fuera del mundo racional se puede parir en libertad. Las mujeres que hemos parido verdaderamente en libertad, podemos contar lo que es el paraíso.
- No hay modelos ni recetas sobra cómo ser madre en el siglo XXI. ¿Cuál cree que es el mayor desafío para las mujeres de hoy?
-Es cierto que no hay modelos, el que podemos llamar tradicional, es decir el que han vivido nuestras abuelas, se refiere a la mujer ama de casa que crió niños y crió esposo. Muchas de ellas han sido esclavas de los deseos de los demás. Hoy en día, algunas mujeres estamos en un polo aparentemente lejano, trabajamos todo el día, ganamos dinero, a veces somos exitosas, creativas, independientes. Cuando aparece el primer hijo, en mi opinión, si hemos construido toda nuestra identidad en lo que llamo la energía Yang, es decir, en los aspectos concretos de trabajo, dinero, relaciones sociales, etc... esto que nos trae el bebé no tiene nada que ver con lo "normal"... y tendemos a huir hacia los lugares conocidos: desesperadas por volver a trabajar, a ser quienes éramos antes. Para mí, esto también es falta de libertad interior. Hay que revisar los acuerdos de pareja anteriores al nacimiento del hijo, cuánto somos capaces de apoyarnos uno al otro y viceversa. Maternar es fundamentalmente conectarse profundamente con la energía Yin, que es lenta, silenciosa, de tiempos prolongados, redonda, calentita, suave, interna, oscura, pegajosa... Navegar entre las dos energías es para mí uno de los principales desafíos para las mujeres modernas. Ni huir de lo desconocido, ni alejarnos del mundo infantilmente como nuestras abuelas. Y saber que hay otras personas alrededor para ocupar ciertos espacios por un tiempo: el varón será sostén para que la mujer pueda maternar. Y si no hay varón maduro, habrá otras redes, familia, amigos, grupos de apoyo. No se puede maternar sin sostén. No se puede maternar sin fusión emocional. No se puede maternar sin buscar el propio destino.
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