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La performance del equipo uruguayo en mundial de Sudáfrica 2010 no nos deja solo bien parados a nivel deportivo. Nos deja un ejemplo de humildad, compañerismo, tesón, esfuerzo, trabajo en equipo, coraje, ganas y rebeldía. ¡Qué felices debemos sentirnos los padres que nuestros hijos tengan hoy por ídolos a Forlán, Suárez, Diego Pérez, Muslera, Abreu o Cavani!
Casi no tengo recuerdos de momentos con la efervescencia y alegría popular que estoy viendo estos días en las calles de Uruguay. Digo casi, porque como hincha de Peñarol viví con mucha emoción el quinquenio logrado hace unos cuantos años ya. Pero fue diferente. Porque esto es un país entero vibrando al mismo tiempo. Con los chicos y los grandes pintados de celeste, con banderas en los balcones y en los autos, con afiches pegados en paredes y ventanas de oficinas públicas y privadas, con gente bailando en la calle hasta cualquier hora! Para mí no se trata únicamente de un triunfo deportivo. Se trata de que los uruguayos vimos lo que queremos ver. Nos sentimos representados por un grupo de jóvenes que encarnaron los valores que queremos para nuestros hijos. Porque vimos gente educada, responsable que nunca pensó en llevarse el mundo por delante, como sí lo hicieron otras selecciones que quedaron en el camino, sino que pensaron en dar lo mejor que sí para lograr el mejor resultado. Con humildad, ganas, alegría y esperanza.
En una nota aparecida este jueves en el semanario Búsqueda (jueves 8 de julio de 2010) Escanlar cuestiona la actitud de extrapolar un triunfo deportivo a otras áreas del ámbito social y cultural. Mi respuesta es que en una época en que los ídolos mediáticos inventados aparecen a cada rato, tenemos motivos para estar felices. Porque lo querramos o no, nuestros hijos reciben una enorme cantidad de estímulos a través de los medios de comunicación y éstos influyen en la formación de sus valores y creencias. Seamos conscientes de ello o no, juegan un rol en su formación social y cognitiva. Y lo que ven muchas veces es el culto al cuerpo y al sexo, al dinero y al éxito. Ven que el tímido nunca puede ser popular y que para ser valorado hay que ser un poco pícaro o avivado. Aunque no podemos generalizar, no escapa a nadie que ven peleas sin sentido, violencia, o que inmiscuirse en la vida privada de los demás es divertido.
Por eso me alegro de lo que vieron estos días. Me alegro de haber leído la biografía de Forlán y enterarme de su esfuerzo, sacrificio y voluntad para llegar a donde llegó. Me alegro de saber que es un hombre culto, sensato, que habla varios idiomas, que no se olvidó de los amigos de su niñez. Que demuestra inteligencia pero que a la vez tiene la sangre caliente como para enojarse cuando no recibe el pase que estaba esperando o las cosas no salen como quisiera.
En definitiva, soy una más de las que dice ¡GRACIAS MUCHACHOS! Y sobre todo: ¡Mucha suerte Suárez! Que disfrutes el nacimiento de la hijita que está por llegar. Seguramente ese día vas a volver a tocar el cielo con las manos.
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