El accidente es un suceso eventual, inesperado y generalmente desagradable. La Organización Mundial de la Salud (OMS) lo definió en 1958 como ”Un acontecimiento fortuito, generalmente desgraciado o dañino, o como un acontecimiento independiente de la voluntad humana, provocado por una fuerza exterior que actúa rápidamente y que se manifiesta por un daño corporal o mental”.

Etimológicamente procede del Latín, de la palabra “ACCIDENS” que significa, “QUE OCURRE”. La prevención es fundamental ya que en muchos países los accidentes constituyen la primera causa de muerte en los niños. A pesar de que ha habido un avance notable en la reducción de las muertes ocasionadas por diversas enfermedades, la tasa de mortalidad a causa de accidentes ha disminuido muy poco.

Y las cifras son alarmantes. En Estados Unidos cada año mueren unas 29.000 personas a causa de los accidentes caseros. Esta cifra debería ser suficiente para que los padres pensaran muy bien en las posibilidades de accidentes e hicieran que la palabra “descuido” deje de formar parte de su vocabulario. 

Y aún sin llegar a la muerte, hay muchos casos que provocan hospitalizaciones por períodos prolongados. 

La creencia más errada que existe respecto a los accidentes es que son algo inevitable, cuando en realidad se le pueden aplicar los mismos criterios que a cualquier tipo de suceso o enfermedad: la labor preventiva y educativa ocupa un lugar fundamental. También es importante el factor legislativo ya que debe proteger al niño desarrollando normas en relación con la seguridad dentro del hogar, en la guardería, en los juguetes, en los parques y lugares públicos, haciendo que los envases de los productos tóxicos de limpieza y medicamentos se fabriquen con dispositivos de seguridad para impedir que el niño lo pueda abrir, etc. 

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