Desde que nace el ser humano posee la capacidad de diferenciar el habla de otros sonidos, aún cuando no entienda su significado.
 

De esta manera, el uso del lenguaje va desarrollándose a medida que también se desarrolla el cerebro, la capacidad de pensar y la capacidad motora; facultades todas que van habilitando al niño a explorar y darle sentido al mundo. El lenguaje va así uniéndose a esas experiencias y desarrollándose progresivamente desde las palabras sueltas hasta las oraciones complejas y de los conceptos simples a los más abstractos. 

Sin entrar a definir términos como lengua materna o bilingüismo, está claro que un niño puede aprender más de una lengua al mismo tiempo. El hecho que esa lengua sea considerada primera o segunda lengua, dependerá de la forma en que fue adquirida. Salvando algunos casos, en general en nuestro país el aprendizaje de un idioma en la escuela es considerado como aprendizaje de una segunda lengua –ya que supone la existencia de una primera: el español-. 

¿Cómo enseñar?

En la historia de la enseñanza ha habido muchas teorías acerca de cómo se aprende el lenguaje. Las más relevantes son las teorías racionalista y empirista. La posición racionalista asume que los seres humanos tienen una capacidad innata para desarrollar el lenguaje; que están genéticamente programados para desarrollar el sistema lingüístico de una manera determinada. Por otro lado, los empiristas mantienen que la experiencia del aprendiz es más importante que cualquier capacidad innata específica. Este punto de vista considera el aprendizaje como el resultado de fuerzas externas que actúan en el organismo, más que el resultado del surgimiento de mecanismos biológicos internos relevantes al lenguaje. Las distintas teorías (Gramatica Universal (Chomsky); Comportamental (Skinner); Teoría Monitor (Krashen); Conexionismo, Procesamiento Distribuido Paralelo (PDP) (McLelland, Rumelhart, Passer); Teoría cognitiva (McLaughlin, Anderson, Shiffrin&Schneider, Ausubel).) que han abordado la enseñanza del lenguaje parten de una u otra base.

Pero independientemente del/los método/s que elijan las instituciones, la enseñanza de una segunda lengua debe ser considerada un proceso que supone un tiempo y un espacio. Consideramos importante que este tiempo y este espacio promuevan prácticas multisensoriales que ayuden tanto al aprendizaje experimental como lingüístico del idioma, así como también ayuden a los niños a entender las relaciones entre los conceptos nuevos y sus propias experiencias.

Deja un comentario