Se acerca el tan esperado día y decidimos reflexionar acerca de el tan anhelado “regalito” que están esperando los chicos.

Más allá que a todos y todas nos gusta recibir obsequios, me gustaría que pensemos juntos y juntas en lo que se ha transformado este famoso día.

En este tiempo en que el “síndrome consumista”, si podemos llamarlo así, no es ajeno nadie, menos lo es para nuestros pequeños y pequeñas voraces consumidores. Son infinitas las ocasiones en que una mamá, un papá o cualquier otro adulto, abuelas, abuelos en compañía de un niño se enfrenta a una situación de pedido como: “Comprame esa pelota”, “Cómprame esa muñeca”, “comprame, compráme”.

La inspiración del niño o la niña para tal pedido surge del juguete de moda que tiene fulanito o del que vio en el televisor. Esta situación frente a una negativa muchas veces acaba en una rabieta porque el adulto que le acompaña puede haberle dicho “no puedo comprártelo”.

Este tipo de situación requiere, tanto del niño como del adulto, un trabajo en conjunto. El niño, mediante un proceso que le demanda una elaboración del tema, tendrá que aceptar el “no se puede”. Y situaciones vividas anteriormente, en la que también se le demostró que hay cosas que no se pueden hacer, le servirán como base para poder tolerar esta nueva negativa. Por su parte los padres u otros adultos, enfrentados a la situación de “tire y afloje” en la que el pequeño intenta persuadirlos por medio de distintos métodos, tendrán que buscar la forma de resolver la situación.

No nos podemos olvidar que en el adulto se movilizan muchos aspectos haciendo que tome la decisión de comprarlo por Ej.: su historia, su pasado, el recuerdo de cuando él como niño también pedía. En ocasiones los padres se dicen “De chico yo no tuve el futbolito y siempre lo quise tener ahora que puedo se lo compraré a mi hijo” Y muchas veces ocurre que estos juguetes son utilizados más por los padres que por los niños.

Y es indudable que EN EL DÍA DEL NIÑO PIDEN MÁS QUE NUNCA. Y aquí de acuerdo con sus valores y principios, los padres adoptan actitudes diversas frente a los pedidos de consumo de sus hijos. Pero el problema es común a todos: “los niños siempre piden más.”

Analicemos un poquito:

Hay una presión ejercida sobre el niño e indirectamente sobre los padres, que tiene que ver con las promociones, la publicidad, la televisión, el supermercado, la sociedad en general. Para poder evitar esto hay que hacer un esfuerzo constante que muchas veces por algún lado se nos escapa y no da un 100% de resultados. Y son los padres los que deben tomar la decisión: comprar o no comprar, responder o no responder al pedido del niño, esa es la cuestión.

La publicidad promete placer y felicidad, y el niño y la niña no son ajenos a todo esto, ellos mismos con su espontaneidad, no sólo deciden las compras que ellos protagonizan, sino que influye positivamente en las que por su causa realizan los mayores. Este protagonismo del niño en el ámbito familiar, ha llevado a que la publicidad se interese por él como promotor de ventas y consumidor asegurado de alimentos, ropa, juguetes.

Nuestra propuesta es:

Disfrutemos el día del niño, pero tratemos de diferenciar lo que es obsequiar a nuestros niños con algo lindo que tanto le gusta, y el mero consumir objetos o productos, que no necesitan y que solo cumplen una alegría a corto plazo.

Y a no olvidarnos que para los chicos no hay nada más maravilloso que un rato con mamá y papá. Si regalamos autitos podemos construir juntos una pista para ellos, si regalamos muñecas podemos hacer una gran casita con una caja y algunos pedacitos de retazos viejos, si regalamos colores podemos hacer juntos afiches para decorar el dormitorio. Usando la imaginación, este día del niño puede ser un gran día para toda la familia!

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