Halloween o ”Noche de Brujas” es una fiesta extranjera en donde los chicos salen puerta por puerta pidiendo un dulce. Quien no lo tenga corre el riesgo de ser víctima de una travesura infantil.

En Uruguay esta festividad se conmemora desde hace muchos años. Cada vez hay más personas que se suman a los adeptos que se disfrazan o compran las vestimentas para sus hijos. Otros deciden no participar de esa forma, pero al menos compran dulces para satisfacer la demanda de esos pequeños consumidores. 

EL PAÍS digital realizó ayer una nota con varias tiendas de venta de disfraces quienes afirmaron que los números han crecido respecto al año anterior, lo que en un principio marcaría una tendencia a que la gente cada vez más se suma al festejo anglosajón. 

Hoy, se colgó un buzón donde varios lectores han respondido tres preguntas sobre Halloween. La mayoría no se disfrazará, pero sí lo harán sus hijos o nietos. 

La participación a una fiesta de disfraces es pareja. Pero una abrumadora mayoría ha comprado dulces y caramelos para los niños. 

Pero también se ha generado polémica en los comentarios que acompañan la nota. Algunos lectores critican el hecho que se le de importancia a una fiesta que no es uruguaya y que tiene como propósito generar el consumo. 

Como respuesta están quienes recuerdan que Navidad tampoco es una festividad uruguaya y que en ella también se consume, y en realidad bastante más que en Noche de Brujas. 

Finalmente, están quienes no tratan de buscarle un significado tan económico al hecho y simplemente disfrutan ver a niños disfrazados tratando de conseguir —al menos por una noche— la mayor cantidad de caramelos posible. 

El dolor de panza será un dulce precio a pagar.  

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