Cuando un niño o niña que ya va a la escuela todavía se hace pis por las noches, la causa suele ser algún conflicto emocional que no ha logrado superar. 

CONVIVIR CON EL PROBLEMA

Lo que este trastorno significa para la familia y el propio niño lo saben sólo aquellos que lo sufren en carne propia: cambiar las sábanas a diario, lavar todos los días, tener siempre ropa de cama tendida, secar el colchón y convivir con ese olor penetrante que lo invade todo… Y luego el miedo a cada noche que el niño tenga que pasar fuera de casa. Para poder irse de vacaciones a un hotel, a veces se convence al niño o niña a ponerse pañales de noche. Pero esto al pequeño le da rabia porque ya tienen 7 u 8 años y no son ningún bebé. Pero aceptan esta solución antes que ponerse en evidencia. Lo que desde luego no hará es irse de campamento con sus compañeros de clase o a dormir en casa de una amiga o amigo, porque en estos lugares no contará con una madre comprensiva que esconda los pañales mojados en su bolso para deshacerse discretamente de ellos. Pocas personas ven en la enuresis un trastorno “inocente” –como morderse las uñas o tener pesadillas-, que algún día desaparecerá por sí solo. Por el contrario, los niños afectados se avergüenzan de su problema, y sus familias tienen la dolorosa sensación de haber fracasado estrepitosamente en algún aspecto de su educación.

LAS POSIBLES CAUSAS

La enuresis nocturna puede deberse a muchos motivos. Muy raras veces (aproximadamente en un tres por ciento de los niños afectados) existe un defecto físico de la vejiga o de la uretra, o bien un trastorno hormonal. En el resto de los casos se trata de niños que expresan sus conflictos emocionales por esta vía. Mojando la cama lanzan un” SOS” en demanda de ayuda. Si su problema no fuera una carga tan grande para todos los implicados, casi podríamos decir que resulta positivo que exterioricen su malestar de alguna forma, aunque sea a través del síntoma de la enuresis. Porque de lo contrario posiblemente nadie se daría cuenta de que no se sienten bien y necesitan comprensión y apoyo. En la “enuresis primaria”, es decir cuando un niño no ha conocido nunca épocas secas, es posible que algo haya ido mal en el aprendizaje del control de la orina. Esto se manifiesta en la imposibilidad de controlar durante la noche. Cuando a dicha alternativa se suma el no poder controlar durante el día es porque, seguramente, un problema orgánico lo impide. Después de esperar el tiempo considerado para el aprendizaje, se deberán iniciar los estudios correspondientes a fin de determinar la causa. En la etapa del aprendizaje (entre los 2 y los 5 años) pueden suceder muchas cosas que impiden que el niño lo afirme y el problema se desencadene después de un tiempo de control. A esta alternativa, en la que hubo un período de estar seco tanto de día como de noche, la llamamos “enuresis secundaria”, las causas más frecuentes son el nacimiento de un hermanito, una mudanza, la separación de los padres. Por supuesto, esto no quiere decir que todos los pequeños que a esta edad tienen un hermanito se conviertan necesariamente en enuréticos. A menudo son los niños especialmente sensibles y los que se exigen mucho a sí mismos los que descargan sus frustraciones a través de la emisión nocturna de la orina. El conflicto del niño suele detectarse en forma más fácil, ya que su causa desencadenante no se sitúa tantos años atrás. Eso sí, hará falta mucha sensibilidad para comprenderlo. Puede tratarse de celos, de conflictos en el colegio o con los amigos, de problemas familiares…

MÉTODOS EQUIVOCADOS

Tanto el niño que lo sufre como sus padres desean resolver el problema de la enuresis lo más pronto posible. Pero no todos los métodos sirven. Sobra decir que los castigos, sermones o burlas están totalmente fuera de lugar. Lo que necesita el pequeño es ayuda, no castigos. Tampoco los premios sirven para nada ¿Cómo vamos a premiar o castigar algo que no depende de la voluntad del afectado? Todavía hay quien recomienda reducir la ingestión de agua a partir de determinada hora o despertar al niño por la noche, pero no son métodos convenientes. No beber cuando se tiene sed es una tortura y, además puede dañar los riñones. También la interrupción del sueño es contraproducente. Está comprobado que los enuréticos no mojan la cama porque su vejiga esté demasiado llena. Algunos pediatras prescriben medicamentos antidepresivos que tienen como efecto secundario inhibir la micción.Está demostrado que no son efectivos y que además pueden producir efectos secundarios en los niños. Por eso se los contraindica. Hay otros medicamentos que, al actuar sobre la vejiga, tienen buenos resultados. Pero para ser indicados tienen que responder a la causa para la que se los recomienda. El pediatra o el urólogo infantil deberán supervisar el tratamiento e indicar cuando suspenderlo.

LOS PADRES PUEDEN AYUDAR

Un 14 % de los enuréticos entre seis y nueve años se curan espontáneamente, y al comienzo de la pubertad sólo queda un pequeño resto que aún no lo ha logrado. Pero no hay que esperar hasta entonces. Muchos de nosotros los psicólogos opinamos que el primer paso para la curación consiste en dejar de prestar atención al problema de las humedades”, es decir, no darle importancia. El segundo paso es pensar en el posible problema del niño. Si sólo moja la cama de vez en cuando, averiguar qué le puede haber pasado durante ese día. ¿Volvió triste o frustrado del colegio, se peleó con un amigo? Tal vez el escollo más arduo se presenta cuando los padres tienen que reconocer que ellos mismos son la causa de los problemas emocionales de su hijo. Por ejemplo, cuando su relación está en crisis, cuando están en vías de divorciarse, etc. En este caso las fuerzas autocurativas del núcleo familiar se ven tan debilitadas que sólo un psicólogo podrá ayudar al niño. Una persona ajena ve las interrelaciones familiares con más claridad que los propios implicados, y dará pronto más eficazmente con el quid del problema.

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