La mayoría de los padres de familia quieren hablar con sus hijos sobre sexo y sexualidad pero no están seguros de cómo deben comenzar. La educación sexual comienza con el nacimiento del niño y no termina hasta más allá de la pubertad.

Poco a poco, según su entendimiento y edad, nuestros hijos deberán ir comprendiendo qué es la sexualidad, cómo funciona su cuerpo,y en que puede diferenciarse su propia sexualidad de la de otros.

Los bebés y los niños/as pequeños aprenden por experiencia y observación, no sólo por lo que se les diga, por lo tanto, las demostraciones afectivas de la pareja constituirán la educación sexual temprana del pequeño y refuerzan la idea de que amar y tocarse son cosas maravillosas.

Ante las preguntas de nuestros hijos, lo más importante es manejarse con la verdad,y ofrecerle al niño/a la cantidad de verdades que pueda manejar., es decir, comenzar por hechos simples e ir construyendo una información más compleja a medida que el niño/a va creciendo.

Partiendo del hecho de que el niño es un ser sexuado y sexual desde el nacimiento, su desarrollo es el que nos va a dar la pauta de sobre qué y cuando debemos informarlo, simplemente, atendiendo sus preguntas, sus curiosidades, sus miedos, sus gustos y disgustos.

Alrededor de los 2 o 3 años los niños /as comienzan a preguntar explícitamente sobre sexo, es a esa edad que descubren sus genitales como aquella parte del cuerpo que lo diferencia del otro sexo y lo manifiesta espontáneamente de acuerdo con su adquisición del lenguaje, sin sentir aún la presión de la censura social sobre el tema. Sus preguntas surgirán en un determinado orden que corresponde a la manera general en la que investigan el mundo, es decir con las conocidas preguntas qué, por qué y cómo.

Por ejemplo, ante la pregunta de ¿qué es eso? señalando el pecho de su madre, conviene contestar en un lenguaje familiar y añadir una pequeña explicación : "se llama pecho y sirve para dar leche a los bebés".

Por el momento el niño/a no quiere saber más. Aunque es posible que la respuesta despierte otros interrogantes.

A partir de los 3 años, el niño/a empieza a interesarse por la relación causa-efecto y es capaz de salirse del presente e imaginar el pasado. Es la famosa edad de los por qué.

Es el momento de explicarles cómo nacen los chicos, de una manera sencilla y que puedan entender, utilizando imágenes que le sean familiar, sin excluir los sentimientos.

En la edad del cómo, surgirán preguntas como "si crecí en tu panza cómo entré en ella ". Habitualmente estas interrogantes se presentan alrededor de los 5 años. No hay que olvidar que el mismo hecho de que formulen la pregunta significa que son capaces de entender la respuesta.

Alrededor de los 8 o 9 años, las preguntas cesan, y el niño entra en una fase en la que el desarrollo se vuelve más armonioso. La sexualidad ya no parece preocuparlo, pero como padres, este es un buen momento para repasar lo aprendido y preparar a su hijo/a para los cambios que le esperan en la pubertad. Los temas que deben tocarse ahora son la menstruación, las poluciones nocturnas, los cambios físicos durante la pubertad, y hacia el final de este período ( 12 años aproximadamente ) también la masturbación, los anticonceptivos, las enfermedades de transmisión sexual, el aborto, la homosexualidad, etc.

Esta etapa es buena para el tratamiento de estos temas porque los chicos no se hallan implicados emocionalmente, lo que permite cierta neutralidad.

La educación sexual es un proceso que nos prepara para la vida y la relación con otras personas, y que sólo será fructífero y útil si está estrechamente vinculado con el interjuego que el individuo tiene con su familia y la sociedad. 

Asimismo, es un factor muy importante para proteger a nuestros hijos frente a la posibilidad de que exista un abuso deshonesto, cosa muy frecuente en la sociedad actual. Precisamente, para que un chico/a pueda defenderse ante una situación de este tipo, es indispensable que sepa de lo que se trata, y si no ha recibido una educación sexual apropiada, no sabrá comprender los hechos y mucho menos describirlos.

La educación sexual consiste en un largo proceso de sucesivos diálogos, y en ellos, los padres debemos primero que nada examinar nuestras propias convicciones sobre el sexo y si no nos sentimos cómodos con el tema, leer un libro, conversar con algún amigo cercano, etc. Importa también manejarse siempre con la verdad y hacerles saber a los chicos acerca de los aspectos emocionales de una relación sexual en tanto implican cariño, atención y responsabilidad. Es una buena ocasión para dar a conocer a nuestros hijos/as nuestros propios valores sobre el sexo.

Una buena educación sexual es aquella con la que ambas partes, padres e hijos, se encuentran cómodos, y que, a la vez, no reprima la natural evolución de los niños.

La foto fue tomada de: www.morguefile.com 

Deja un comentario