El portal Pergamino Virtual define al elogio como: ”resaltar positivamente una actitud, una acción por diferentes medios. La palabra y la expresión afectiva son los principales pero abrazos, besos y otras manifestaciones físicas de amor acompañadas por palabras de aliento, hacen de la crianza y del día a día un entorno más saludable y disfrutable”.

Veamos entonces cómo y cuándo aplicar elogios en la crianza de los chicos.

Muchos padres centran su atención en lo que “hacen mal” y no en sus logros. Estos padres corrigen todo el tiempo y critican. Sus hijos por lo general tienen baja autoestima, poca confianza, mala relación con el aprendizaje, el error y el conocimiento, buscan sólo los buenos resultados, no valoran el proceso y tienen dificultades en sus relaciones sociales y afectivas.

En cambio otros  padres que suelen elogiar a sus hijos. Lo hacen principalmente por dos razones: porque están “embobados” con ellos  pero sobre todo,  porque saben que así fortalecen su autoestima positivamente.

Es muy bueno elogiarlos, festejar sus logros y alentar sus progresos, ya que los hace sentir que son fuertes y que son capaces. Además, los motiva a seguir adelante con las buenas acciones. Sin embargo, hay que saber aplicarlos.

Cuando el elogio se puede convertir en un aspecto negativo

“… no hay nada de malo en ayudar a los estudiantes y a otras personas a que se sientan orgullosas de sus logros y buenas obras. Pero hay suficientes razones para preocuparse cuando se motiva a las personas a tener una alta autoestima cuando no se lo han ganado. El elogio debería estar atado al desempeño (incluyendo el mejoramiento), en lugar de darse gratuitamente como si todo el mundo tuviera derecho a él simplemente por el hecho de existir”
Roy Baumeister

En ocasiones, los elogios pueden provocar efectos negativos en los niños. Por ejemplo, cuando les dicen frases como “sos muy inteligente” o “sos lo máximo”, los niños pueden pensar que son superiores a los demás y que no deben seguir esforzándose. Cuando quien lo dice no presta la suficiente atención a las acciones de los niños, también puede provocar un efecto contrario, ya que el niño puede pensar que el elogio no es verdadero y/o que están alabando otra cosa. 

Estudios de la Universidad de Utrecht de Holanda

La Universidad de Utrecht de Holanda realizó tres estudios que demuestran que los elogios excesivos (como “eres increíblemente bueno en esto”) pueden ser perjudiciales para los niños con baja autoestima y beneficiosos para los niños con alta autoestima. 

Para demostrar lo expuesto anteriormente, el investigador Eddie Brummelman realizó tres estudios. En el primero encontró que los adultos son dos veces más proclives a dar elogios exagerados a menores con baja autoestima que a los que la tienen alta. En el segundo  encontró que los adultos alababan a sus hijos un promedio de seis veces por sesión y que el 25% era exagerada. A su vez, en este segundo estudio se volvió a demostrar que dan más elogios excesivos a los niños con baja autoestima.

En el último, los niños copiaron una pintura de Van Gogh y recibieron elogios exagerados, normales o ningún comentario a través de mensajes escritos de alguien identificado como un pintor profesional. Luego, debían realizar otros dibujos pero podían elegir entre copiar unos fáciles donde “no aprenderás mucho” o unos difíciles donde “podrás cometer muchos errores, pero aprenderás un montón”.

Como resultado, obtuvieron que los niños con autoestima baja que habían recibido elogios exagerados elegían la primera opción, mientras que los niños con alta autoestima reaccionaron bien a las alabanzas. Esto demuestra que los elogios exagerados ponen demasiada presión sobre las personas que tienen el autoestima baja. 

El coautor del estudio, Brad Bushman, señaló que “los padres parecen creer que los niños con baja autoestima necesitan de las alabanzas extras para que se sientan mejor” y agregó “si bien es entendible esa actitud, otro estudio muestra que esta manera de proceder puede ser contraproducente”. “Si le dices a un niño con baja autoestima que lo hizo increíblemente bien, ellos pueden pensar que siempre tienen que desempeñarse increíblemente bien. Podrían preocuparse en alcanzar estos estándares altos y decidir no intentar ningún nuevo reto”, indicó Bushman. 

Investigaciones en el libro Mindset de la Dra. Carol S. Dweck 

La Dra. Carol S. Dweck presentó algunas investigaciones sobre este tema en su libro Mindset. Por ejemplo, descubrió que elogiar a los niños por sus habilidades baja el nivel de sus logros y de su autoestima, mientras que elogiarlos por sus esfuerzos aumenta su coeficiente intelectual y su sentido de valía. Como señala la Dra., “decirle a los niños que son inteligentes… los hace sentir tontos y actuar como tontos”

Explica una de las investigaciones: “le da a cada uno de los estudiantes un conjunto de diez problemas considerablemente difíciles de un examen no verbal de IQ. En general lo hicieron bien y cuando terminaron, los elogiamos. A algunos de los estudiantes los elogiamos por su habilidad. A estos les dijimos: ´Uau! Tuviste ocho correctas. Eso es una muy buena calificación. Debes ser muy inteligente en esto…´ Elogiamos a otros estudiantes por su esfuerzo: ´Uau! Tuviste ocho correctas. Eso es muy buena calificación. Debes haber trabajado muy duro´”. A partir de esto se observó que los que fueron elogiados por ser inteligentes empezaron a hacerlo mal, no disfrutaban de los problemas difíciles y temían ser expuestos por no ser inteligentes como los investigadores pensaban, mientras que el 90% de los elogiados por el esfuerzo ponían más esfuerzo, disfrutaban de los problemas difíciles y decían que eran “los más divertidos”. 

La Dra. Dweck demuestra que elogiar una habilidad contribuye a lo que llama una “percepción mental fija” (nacen con esas habilidades, no se pueden cambiar), mientras que elogiar un esfuerzo contribuye a una “percepción mental desarrollable” (a través de la dedicación y el esfuerzo pueden desarrollar su inteligencia, sus habilidades y su autoestima). Por lo tanto, elogiar a un niño por sus habilidades contribuye a que se defina externamente, dice “obtengo aprobación cuando triunfo. Mi valor está pegado al triunfo”, lo que provoca miedo a no triunfar y a no ser valioso. Estos niños no aprenden por disfrute sino por la aprobación. Por otro lado, los niños que son elogiados por su esfuerzo aprenden a definirse internamente, aprenden por disfrute, no están apegados con el resultado (éxito o fracaso). 

Consejos

-Deben observar, prestar atención, interesarse antes de elogiar a los niños. De esta manera los motivan a repetir los mismos comportamientos en el futuro. Por ejemplo, si un niño muestra un dibujo que hizo:

1. Describan lo que ven o sienten (veo líneas dando vueltas, en zigzag, puntos de colores, manchones, etc.). 

2. Pregunten cómo se le ocurrió hacer eso que ven. 

3. El niño se alabará a sí mismo con la contestación a la pregunta y esto será más enriquecedor para la construcción de su yo. Por ejemplo, puede decir “Se me ocurrió porque soy un artista”. De esta manera se dará cuenta y valorará lo que puede hacer solo. 

-Al observar la acción, podrán elogiarlos de manera específica, por ejemplo, buenos elogios serían: “buen trabajo al colocar tu plato en el lavaplatos después de la cena”,  “buen trabajo al usar tus buenos modales en la cena”, “veo que fue difícil realizar estos ejercicios, pero lo lograste” o “te diste cuenta que el hecho de que te hayas quedado estudiando ayer dio buenos resultados”, un mal ejemplo sería decir solo “buen trabajo”. Con una frase completa sabrán exactamente qué comportamiento están alabando.

-Los elogios deben ser apropiados a la edad y a las habilidades del niño. Por ejemplo, no pueden esperar que un niño se vista solo si todavía no tiene la edad para hacerlo. 

-No recuerden las debilidades del pasado, siempre enfóquense en el presente. Por ejemplo, en vez de decir frases como “Al fin te vestiste solo” pueden decir “¡Te vestiste solo!”.

-Eviten las frases hirientes como “¡Qué estupidez!”, “Te portás como un bebé” o “Te portás peor que tu hermano chico”. Todas las personas (niños y adultos) cometen errores y estas frases pueden ser hirientes tanto como los golpes físicos. Con estas frases disminuyen el autoestima y hacen que se sientan débiles. 

-No elogien en exceso, ya que pueden presionar al niño a hacer algo. 

-No abusen de palabras como “lindo”, “divino”, “hermoso”. 

-Siempre enfóquense en el niño y no en el adulto. Por eso, eviten frases como “estoy orgullosa porque hiciste tu cama”, “yo sabía que ibas a aprender a hacer la cama”, “cuando comés toda tu comida me siento feliz” o “estoy orgullosa porque sacaste buenas notas”. Si emplean estas frases, el niño van a intentar hacer feliz al adulto y no a él mismo.  

-Lo mismo sucede cuando dicen frases como “me has decepcionado”, “hacés que me enoje” o “me pongo triste”. En estos casos, responsabilizan a los niños de los sentimientos de los adultos y ellos sienten una gran carga. 

-Disfruten cada vez que sus hijos muestran lo que hacen. 

-Busquen las buenas acciones de cada día para elogiarlos. 

-Como adultos, sean buenos ejemplos. Si quieren que sus hijos realicen una buena acción, háganla ustedes también. 

-Si son niños pequeños pueden motivarlos con un calendario de pegotines. ¿De qué se trata? 

1. Elijan una o dos acciones que quieran lograr de sus hijos. 

2. Hagan un calendario. Colóquenlo en un lugar destacado como la heladera. 

3. Coloquen un pegotín el día que logre el comportamiento deseado. Ojo: no los presionen.

Fuentes consultadas: Revista Ohlalá, www.kidshealth.org, www.livestrong.com, www.crianzapositiva.org, www.laprensa.pe, www.pergaminovirtual.com.ar, www.innerbonding.com

Imagen: Morguefile.com

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