Para ser padres, obviamente antes debe formarse una pareja que idealmente debe compartir valores, gustos, actividades y así proyectar juntos una familia. Pero ¿cómo nace realmente el amor? ¿Cómo saber si esa persona es la ideal para establecer un proyecto de vida en común?

Cuando hace 20 años llegaron a la Tierra las primeras imágenes de la superficie lunar, fueron muchos los que sufrieron una profunda decepción. Aquel lugar inhóspito, y lleno de agujeros como un queso gruyere, no podía ser el astro brillante y misterioso que había inspirado a poetas y enamorados durante siglos. Algo similar es lo que sucede con el amor. Los que lo sienten creen estar experimentando algo mágico y sobrenatural: sus ojos brillan, su corazón late aceleradamente, una extraña alegría los embarga, tienen insomnio, adelgazan y se sienten particularmente atractivos y, de hecho, lo están… Pues la mayor parte de estas reacciones se deben a un complicado, pero absolutamente natural, proceso biológico, desencadenado por las hormonas.

EL CEREBRO SE ENAMORA

Aunque siempre se haya dicho que el órgano del amor por excelencia es el corazón, el verdadero responsable del enamoramiento es el cerebro. Este es, tal vez, el único mecanismo que aún conserva un halo de misterio, porque los investigadores no han conseguido averiguar cómo ni por qué surge la primera chispa. Un buen número de ellos comparte la teoría de que durante la infancia la memoria archiva, de forma inconsciente, una serie de recuerdos agradables para el niño: olores, sabores, rasgos físicos y de carácter de sus padres, el tono de determinadas voces entrañables, etc. Y un buen día, al llegar a la edad adulta, se encuentra con alguien que responde, en todo o en parte, a estas características, y entonces, se produce un clic en el cerebro y éste se pone a trabajar desaforadamente. Lo primero que hace es ordenar a las glándulas suprarrenales que empiecen a fabricar grandes cantidades de adrenalina, para poner al organismo en un estado de stress positivo. Es esa inexplicable zozobra que acomete a los enamorados. El enamoramiento da lugar al estrés más fuerte que puede sufrir el ser humano y, además, no es posible mitigarlo ni con el ejercicio físico ni con ninguna otra actividad. Por ello, esta especie de enajenamiento, de locura temporal, nunca dura más de algunas semanas, el cuerpo no podría soportarlo.

DE ADENTRO A AFUERA

Lo primero que hace la adrenalina es acelerar el latido del corazón, al tiempo que eleva la tensión arterial. Estos cambios tienen un efecto muy curioso en la fisonomía de la persona enamorada. La piel toma un agradable color sonrosado, se vuelve más luminosa y adquiere una tersura desconocida. Los labios, por su parte, se llenan y se hacen más oscuros y brillantes, al igual que sucede en los momentos de máxima excitación sexual, y por ello resultan tan atractivos. Esta impresión es la que se trata de imitar con lápiz de labios. Pero no acaba aquí el efecto de la adrenalina. Esta sustancia influye también sobre los ojos: relaja los músculos orbitales, lo que da a la mirada una sensación de placidez y dilata y oscurece la pupila. Esto último es un punto básico del atractivo, ya que la pupila dilatada produce, en quien la percibe, una sensación de bienestar y de excitación. Y es que nada provoca tanto el amor como el propio amor. El cuerpo de la persona, presa de la pasión, emite unas señales inconscientes que la transforman en atractiva y deseable para quien recibe el mensaje, y dan lugar a una reacción positiva y de acercamiento. Al mismo tiempo, según algunos científicos, el organismo humano segrega, al igual que los animales, unas hormonas sexuales, conocidas con el nombre de feromonas. La función de estos compuestos no es otra que la de atraer al sexo contrario. Y algo debe de haber de cierto en esta teoría, porque sucede frecuentemente que, cuando alguien está viviendo una apasionada historia de amor, se vuelve muy deseable para todos los que la rodean. El amor es también uno de los mejores métodos para adelgazar. Por un lado, la adrenalina logra que comiendo lo mismo y con una actividad física similar se quemen muchas más calorías. Por otro, cuando se viven esos momento de enajenamiento se olvida la comida y el resultado es que desaparecen algunos kilitos y la persona se siente más atractiva.

AMOR SALUDABLE

Poca gente sabe que el enamorarse, además de ser una experiencia maravillosa, redunda positivamente en la salud. Las glándulas suprarrenales producen más cortisona de la habitual y esta sustancia es un magnífico inhibidor de las infecciones. Aunque no está comprobado científicamente, pero hay muchas probabilidades de que el enamoramiento ponga en marcha el mecanismo de producción de endorfinas. Estas sustancias, se segregan por orden del cerebro para calmar el dolor y proporcionar una sensación de euforia y felicidad. Son las que hacen, por ejemplo, que los deportista se sientan más alegres y livianos después del ejercicio físico.

LOS RESORTES DEL ATRACTIVO

Pero si estos procesos químicos internos tienen lugar por igual en todas las personas ¿Qué es lo que hace a unas más atractivas que a otras? Aparte de la biología, existen tres pilares básicos: la sonrisa, el rostro y la voz. Una sonrisa sincera, en la que participan los ojos, es uno de los mayores encantos que puede poseer una persona. Da a la cara un aspecto más bello y es un gesto que produce una reacción en cadena, es contagioso. Y cuando dos personas se sonríen una a la otra se establece inmediatamente una corriente de comunicación y atracción entre ellas. Por otro lado el tono de voz es muy importante, pues proviene inconscientemente de la identificación de ese timbre sonoro vocal que se emplea al hacer el amor. Durante los momentos de mayor excitación todas las voces se hacen más profundas. Nuestra memoria inconsciente tiene archivado este dato como una sensación agradable. Por ello, al escuchar una voz de estas características, la persona que la posee se transforma de repente en alguien deseable y atractivo. Pero de nada sirve que el organismo, desde su lado puramente químico, ponga todo de su parte; el amor, para que perdure, hay que mimarlo. La biología cumple su cometido, pero el mantener viva la ilusión del primer encuentro es cosa de cada uno.

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