Por diversas razones, algunos bebés necesitan de un ‘empujoncito’ para venir al mundo; es decir, el parto ha de ser provocado de modo artificial.

Por diversas razones, algunos bebés necesitan de un ‘empujoncito’ para venir al mundo; es decir, el parto ha de ser provocado de modo artificial.

¿En qué semana se puede realizar la inducción?

Las inducciones por consejo médico han contribuido a mejorar la sobrevida perinatal. Es posible inducir un parto a partir de la semana número 38 en la mayoría de los casos, y en ciertas circunstancias se lo puede hacer a partir de la 32 u/o 34 semanas. En situaciones extremas, se ha debido interrumpir el embarazo a las 28 semanas, con buena sobrevida fetal. En el polo opuesto, la mayoría de los obstetras deciden interrumpir el embarazo si éste supera la 42 semana. Diversas enfermedades maternas (entre ellas la diabetes, la hipertensión arterial y la incompatibilidad Rh) requieren la interrupción del embarazo antes del término. La rotura de la bolsa de las aguas luego de cumplida la semana 32 obliga a evacuar el útero precozmente. Las inducciones de parto deben restringirse al mínimo posible y estar debidamente justificadas por motivos exclusivamente médicos. El caso más frecuente es el de los retrasos de crecimiento intrauterinos (como se dan en las patologías citadas).

Así se provoca

La introducción del empleo de las prostaglandinas ha revolucionado el campo de las inducciones. Esta sustancia aplicada por vía vaginal o administra por vía oral, produce inducciones lentas y muy bien toleradas, imitando en un todo al parto espontáneo. Antes de la generalización de su empleo se debía recurrir a la sensibilización del cuello uterino con estrógenos y luego al “goteo” del oxitocina para provocar contracciones uterinas. Muchas mujeres se atemorizan frente a una propuesta de parto inducido. Lo asocian inmediatamente a largas horas de sufrimiento soportando prolongadas y dolorosas contracciones mien tras yacen en una cama con un suero colocado en un brazo. Para evitar este tipo de situaciones es que se recurre a la maduración previa del cuello uterino administrando dosis elevadas de estrógenos. Luego, una vez que se alcanza un aceptable progreso del parto, se emplea la anestesia peridural continua que facilita la dilatación del cuello uterino y alivia el dolor.

De todas formas, es cierto, nada hay como un parto espontáneo y natural. Muchos obstetras experimentados optan por proponer directamente una operación cesárea cuando las condiciones son adversas para el parto por inducción. En algunos se la hace a modo de “prueba” y si no progresa favorablemente se pasa a la cesárea. Distintos trabajos científicos dividen casi por mitades iguales a quienes opinan que cuando el embarazo se prolonga más allá de los esperado se debe inducir el parto y quienes creen (y pueden demostrar), que “finalmente el parto siempre ocurre y el bebé nace bien”, si sólo se tiene paciencia y se espera que comience en forma espontánea. Hay casos en los que es conveniente la espera y otros en los cuales no tiene sentido o bien es riesgosa. Deben tenerse en cuenta las características de cada embarazo en particular.

Testimonio de un parto inducido

‘Yo tuve tres partos y si bien los tres fueron partos naturales, los tres fueron inducidos. En el primer caso rompí bolsa y como no había contracciones, lo indujeron colocando una pastilla en la zona de la vagina, cerca del útero. A las pocas horas empezaron las contracciones. En el caso de mi segundo hijo, me indujeron el parto porque estaba en fecha. En el tercero también, estaba pasada de fecha, en este caso fue con suero y la experiencia fue siempre positiva’.

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