El intestino humano alberga 10 millones de bacterias, diez veces más que las células acumuladas en el organismo, por lo que su equilibrio es clave.

Comer de manera saludable puede frenar el desarrollo de alteraciones de la flora intestinal

Para el responsable del grupo de investigación en Fisiología y Fisiopatología Digestiva del VHIR, Francisco Guarner, se puede considerar que cada individuo humano es un "superorganismo", fruto de la suma de los genes humanos y de los genes del microbioma, es decir, de todas las bacterias y levaduras que lo han colonizado. Pero, además, debido a la elevada cantidad de microorganismos -hasta 2 kilos, un peso comparable a cualquier otro órgano humano-, se puede considerar el microbioma como otro órgano, con su propia función. La importancia de la flora intestinal, única para cada persona, estriba en que tanto sus genes como sus actividades biológicas pueden contribuir a la salud o al desarrollo de enfermedades. Es necesaria porque actúa como defensa del organismo humano y, además, favorece los procesos de digestión y metabólicos, por lo que también tiene una influencia decisiva en la nutrición y en la obesidad. Según aclara Manichanh, "estas bacterias que viven dentro de nosotros y que nos colonizan son importantes para nuestra defensa. Una vez colonizado el intestino, son una barrera que actúa en contra de otros patógenos".

Alteración y enfermedades

Las alteraciones del microbioma se han asociado a diversos desórdenes intestinales, como la enfermedad inflamatoria intestinal y, en este grupo, a la enfermedad de Crohn y al síndrome de colon irritable. El desarrollo de cada una de estas dolencias se asocia a una alteración distinta de las bacterias que colonizan el intestino. En el caso de la enfermedad de Crohn, el equipo de Manichanh ha detectado que la diversidad de las bacterias es reducida si se compara con la de otros grupos de individuos sanos, de forma que alguno de los grupos de bacterias podrían estar ausentes en estos pacientes. "Por este motivo, cada desorden intestinal puede estar ligado a cierta composición bacteriana, es decir, cada clase de diversidad estaría asociada a un tipo de desorden", expone. Los trastornos intestinales tienen, en general, un origen multifactorial y su causa es todavía hoy un misterio. En la actualidad, se tratan los síntomas de estos desórdenes y resulta muy difícil encontrar la causa de la alteración del microbioma. "Tenemos muchos datos respecto a las causas de sus alteraciones, pero no podemos afirmar con seguridad si son causas o consecuencias. Hay que seguir con la investigación", subraya Manichanh. Una de las hipótesis apunta a que la excesiva higiene- o mejoras en saneamiento que han tenido lugar en los países más avanzados- ha podido contribuir a aumentar la tasa de frecuencia de los trastornos intestinales en las sociedades desarrolladas, aunque los expertos insisten en que el origen de estos desórdenes intestinales no está claro. El conocimiento actual de las alteraciones de la flora intestinal impide, por lo tanto, planificar una prevención efectiva y limita las opciones de tratamiento. Hasta el momento, no ha sido posible definir algún cuidado o dieta especial que evite su desarrollo, según Manichanh, quien sostiene que "ser razonable y saludable con lo que se come podría ser una buena solución". En cuanto a los métodos que se han ingeniado para mantener la flora intestinal en buen estado, los productos prebióticos y probióticos, si bien favorecen la digestión, no tienen efectos a largo plazo. Por eso, una nueva estrategia en la que trabajan los científicos para conseguir efectos persistentes es el trasplante de flora intestinal, aunque aún se halla en fase de experimentación.

TRASPLANTE DE FLORA INTESTINAL

Modificar la composición del microbioma, con la introducción de especies de un donante en un receptor, es posible, según se ha publicado en la revista científica 'Genome Research'. El trasplante de flora intestinal se ha efectuado, por ahora, en ratas, pero por primera vez se ha demostrado que es posible variar su composición y que los cambios perduran. El resultado abre la puerta a la esperanza: en el futuro, el trasplante y la bacterioterapia podría ser un tratamiento para las personas con trastornos intestinales. No obstante, los autores del trabajo se muestran cautelosos y recuerdan que este tipo de trasplante todavía está en fase de investigación en modelos animales. La investigación ha estado en manos del grupo VHIR, la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona y la University of Colorado (EE.UU.), que han contado con el apoyo del Ministerio de Ciencia e Innovación, el National Institute of Health (NIH) y el Howard Hughes Medical Institute. El principal mensaje que se debe difundir a la población, a juicio de Chaysavanh Manichanh, es el hecho de que su equipo ha sido capaz de trasplantar el microbioma "durante un plazo de tiempo bastante largo -hasta tres meses-, el suficiente para que adquiera cierta composición bacteriana". También han demostrado que no era necesario extraer antes la flora bacteriana del receptor con antibióticos porque "la colonización del donante ocurría igual". Aunque todavía es demasiado pronto para plantearse realizar este trasplante en humanos, los buenos resultados obtenidos en este primer experimento han supuesto la apertura de una nueva línea de investigación. El trasplante se ha probado en animales sanos y ahora el siguiente paso será hacerlo en animales enfermos. El objetivo es estudiar la composición del microbioma asociado a cada desorden, informa Manichanh.

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