La autora del libro “Basta de tanto”, Adela Dubra, reflexiona sobre la lectura infantil y y el tiempo que los padres le dedican a leerles cuentos a sus hijos. Mirá la noticia que publicó Montevideo Portal

Desde hace al menos una década que se escucha hablar de la “dictadura de los niños”, en alusión a una generación de infantes particularmente exigente y que hace valer sus reglas y demandas en el entorno familiar.

En los últimos años, la sociedad uruguaya (y no solo uruguaya) viene experimentando el complemento de este fenómeno: la “sobrepaternidad” y pulsión sobreprotectora de los padres, traducida en el temor excesivo a los gérmenes, el frío, el aburrimiento e inclusive la proliferación de actividades no curriculares pensadas para la formación de los niños.

Muchos padres están pendientes permanentemente de sus hijos, a los que llevan -generalmente en horarios rígidos- a gimnasia, danza, yoga, clases de música, inglés y tantas especializaciones que no extrañaría que en cualquier momento se sumen la papiroflexia o el feng shui para niños. A ello hay que agregarle las decenas de actividades escolares pensadas fuera del horario curricular, a las que padres y otros parientes se ven arrastrados y forzados a asistir.

Partiendo de esa teoría, la periodista Adela Dubra realizó una investigación recogida en su libro “Basta de tanto (criar hijos, gastando menos, durmiendo más siestas y con pocos juguetes)”, en base a entrevistas con especialistas y el estudio de amplio material bibliográfico. Dubra (39 años, dos hijos) ya va por la tercera edición del libro, que ofrece -desde una mirada abierta y sin dictar cátedra- una alternativa a la crianza en los tiempos modernos.

Si bien Dubra concluye en “Basta de tanto” que es hora de que los adultos se liberen y liberen a sus hijos -recuperando de paso el tiempo personal y la vida en pareja- dedica otro capítulo interesante del texto a la lectura infantil. En él, reivindica el valor formativo que supone leerle libros a los niños y explica por qué los padres deben “enchufarlos” menos a la televisión o la tablet y pasar más tiempo compartiendo la actividad de la lectura.

Ante la proximidad del Día del Niño, Montevideo Portal dialogó con Dubra sobre la importancia del libro infantil, el porqué de su pérdida de relevancia en algunas familias, la dicotomía tecnología-literatura y de paso le pidió unos cuantos consejos a la hora de elegir libros infantiles sin morir en la avalancha de ofertas.

¿Por qué creés que las bibliotecas tienen cada vez menos importancia en la familia uruguaya?

En el último censo nos preguntaron si en nuestra casa teníamos microondas pero no si teníamos libros. Los especialistas coinciden en que hay una generación a la cual sí le leyeron pero que ellos rompieron la cadena, no leen a sus hijos.

Pocas décadas atrás en cualquier hogar uruguayo había una biblioteca y era un poco el orgullo de la familia. No veo eso hoy. Un amigo arquitecto que leyó el libro me dijo: “Es espantoso y es tal cual. Los clientes no me piden bibliotecas y cuando les hago una se las termino llenando yo de revistas porque no tienen libros para poner”. Me gusta mucho una frase de Vargas Llosa que le endilga aún más responsabilidad a la clase alta del Perú, porque, dice, son la gente que tiene plata para comprar los libros pero ni los compran ni los leen.

¿Ese espacio ha sido sustituido por el consumo en general?

Voy a hacer una afirmación temeraria: yo veo mucho padre y madre que se pasa hablando de lo que le compró a sus hijos, de cómo se desloman trabajando para comprarles todo a sus hijos pero ese mismo padre lo mismo llega a la casa y lo único que quiere, porque anda como “quemado”, es prender la tele y mirar cualquier berretada. Está bien, todos necesitamos momentos de evasión, pero sería preferible no estar refunfuñando porque le compraste unos Nike de 2.000 pesos a tu nene. No se los compres y viví más tranquilo sin putear cada vez que llega la tarjeta. Tu hijo, tu mujer, todos más contentos. Y me molesta que digan que son los niños los que piden: los que les metemos el consumo en la cabeza somos nosotros, los que organizamos como programa familiar la ida al shopping o al hipermercado somos nosotros. Los niños que andan todos “lookeados” a los 7 años es porque a los padres les gusta. Les da orgullo, sentirán que les da estatus, andá a saber. Por eso les compran gel para el pelo.

¿Hay que luchar contra la tendencia de darles una tablet a los niños para que jueguen, o ponerles una película, en lugar de leerles o darles libros? ¿Por qué?

Yo no lucho. Trato de darles opciones. La tele, los iPods y nuestros teléfonos son re entretenidos. Es más, miran mucha mejor tele que mi generación, que cuando volvía del colegio lo único que tenía eran telenovelas. O “Venga y atrévase a soñar”. Nos criamos mirando Jimmy Swaggart. Era lo único que había. Ahora tienen a Phineas y Ferb y a los Simpson. Cada generación es mejor que la anterior, no tengo duda. A lo único que me resisto es a que vayan mirando películas si hacemos carretera. En la carretera hay que mirar para afuera, ir contando los kilómetros, mirando el paisaje y las nubes y charlar o escuchar música en familia. En eso soy fundamentalista. Si perdemos la placidez de ir mirando por la ventana para afuera en un auto por nuestro país, ¿qué nos queda?

Además me parece que la tecnología los hace pelearse un poco más entre ellos y los libros los apaciguan. O por lo menos eso pasa en mi casa.

¿Cómo se compatibiliza la idea de dar más libertad a los padres y a los niños -como se dice en “Basta de tanto”- con la necesidad de leerles a los niños, de pasar más tiempo con ellos en la lectura?

Es un libro pro pareja. Es necesario tener tiempo para la pareja. Hay que mandarlos a dormir a cierta hora y a su cuarto; dice Fernando Mañé Garzón (uno de los especialistas consultados en el libro) que el colecho (que los niños duerman de forma sistemática en la cama de sus padres) es un disparate, al igual que el hecho de que los niños vean desnudos a los padres. Hay que tener aunque sea 20 minutos de “vida de pareja” antes de que uno de los cónyuges se quede dormido. La lectura a mí me parece casi como la alimentación. No acepto cuando la gente dice “no tengo tiempo de leerles”. Tenés. ¡Si pasamos boludeando en las redes sociales o chateando! Lo que no tenés son ganas. Y deberías tenerlas porque hay 800 millones de estudios que hablan de la importancia de leerles a los hijos. Además es un momento muy lindo y tranquilo, donde se da casi una comunión, y eso no tiene precio. (Y si me pongo práctica digo: “Y encima lo máximo que te lleva son 20 minutos”).

El tema es elegir libros que a vos como adulto te resulten agradables. Está lleno de libros encantadores y hasta graciosos. Hay que encontrarlos. Y no pretender que lean Moby Dick. Mi hija de 5 años ahora heredó los Gaturro del hermano grande y solo quiere que le lea Gaturro. Me está resultando bastante gracioso el gato por suerte…

En el libro hablás de los “derechos del lector”. ¿Cuáles son los derechos del niño lector, para vos?

Los niños no pueden procurarse los libros solos. Una nutricionista me dijo un día después de escucharme hablar de todo esto: “Es tal cual lo que me pasa a mí con la fruta, la fruta tiene que estar en la casa. Las madres se quejan de que sus hijos no comen fruta y charlando con ellas me doy cuenta que de repente el problema es que la fruta no está físicamente en la casa”. Los libros tienen que estar, y mejor si están en una biblioteca chica o un estante bajo adonde ellos lleguen. Pero el derecho fundamental es que les lean. Alguien dice en el libro que así como bañamos a nuestros hijos cuando son bebés debemos irlos bañando con palabras mientras van creciendo. Una persona con un caudal pobre de palabras es una persona desvalida, una persona que está desprotegida.

Hay un estudio que me resulta muy divertido: alguien investigó que si en una casa hay al menos 25 libros (aunque no necesariamente se lean), aunque se usen para apoyar una mesa, los niños criados en ese hogar completarán, en promedio, dos o más años de estudios que uno que no los tiene.

Si me preguntás por los derechos del niño uruguayo te digo que deberían tener derecho a más y mejores bibliotecas públicas. Pueden cambiar el destino de una vida. En Medellín (Colombia), donde se hicieron espectaculares bibliotecas en los peores barrios, se logró bajar la cantidad de homicidios. Eso sí: son edificios hechos por los mejores arquitectos. Son lujosos. Hicieron acupuntura urbana: el mejor edificio en el peor barrio.

¿Cómo debe hacer un padre o madre para elegir un libro para sus hijos, teniendo en cuenta la abundancia de oferta, que incluye calidades muy dispares?

En “Basta de tanto”, la especialista Ana Maria Bavosi da un palo grande al libro infantil uruguayo. No lo digo yo, lo dice ella que conoce todo el panorama. Y digamos para empezar que en Uruguay no hay buena oferta que venga del extranjero. Y es una pena, porque cuando un niño engancha con un autor o una saga, lo único que quiere es leer.

De cualquier manera, para elegir hay que tomarse un poco de tiempo. Aquí no es común que los vendedores de las librerías sean especialistas en literatura infantil o preadolescente; hay excepciones y cuando uno encuentra un buen consejero… ¡es la gloria! Pero la realidad es más dura y hay un consejo que no falla (y que también sirve para cuando hay que comprar para adultos): tomate 10 minutos y leé tres páginas enteras. Es bastante probable que lo deseches o te decidas. Lo otro: huir de los que son un híbrido con rompecabezas. Se pierden las piezas (no vienen con una caja) y no son ni lo uno ni lo otro. 

¿Hay que confiar en los escaparates de las librerías o bucear en busca de lo realmente valioso?

Bucear. Preguntar. Revolver. Lo que está exhibido suele ser más berreta. ¿O no?

¿Qué es lo mejor, apuntar a los clásicos infantiles o a los libros más “modernos”, los que están más acompasados con el mundo y la niñez actuales?

No me doy por vencida y compro para sobrinos y “ainda mais” libros de “Elige tu propia aventura”, que a mí me fascinaban, pero no hay caso. Toda la saga de “Los cinco”, todo Enid Blyton, me lo dijo Bavosi, les re embolan. Pero hay cosas que les siguen enganchando, como Asterix, Tintín o Condorito. Bueno, Condorito es infalible, yo creo. Mafalda bastante. Es medio impredecible qué funciona y qué no, pero encontrar buenos libros es difícil, como lo es para nosotros.

Yo me paso la vida googleando, leyendo críticas, preguntando a colegas, a libreros. Mi vida es una lista de libros por encargar. La mitad me decepcionan. Te diría que los niños, cuando son chicos, son fáciles. Y si además sos un padre o madre con un poco de swing y le pones voces raras al leerlo, el cuento, sea cual sea, se pone genial.

¿Cuál es el primer libro que recordás haber leído?

No tengo ni idea. Tengo dos hermanos varones mayores que yo y ellos juntaban El Tony, Condorito, Patoruzú, Isidoro Cañones. Cada una de esas revistitas las leí mil veces. Pero también leí mucho “Los cinco”. Adoré “Mujercitas”, “Heidi” y “Papaíto Piernas Largas”, que no es tan conocido pero es una belleza. El primero que me hizo llorar fue “Mi planta de naranja lima”, que me lo dio mi madre a leer. En mi casa había una veneración por el libro. A mi padre, cuando le preguntabas qué significaba algo, te mandaba a buscar el diccionario, que estaba en un lugar de privilegio y que se cuidaba como si fuese oro. En verano, que íbamos a Solís, te mandaban a dormir la siesta con un libro. Yo no podía dormir y leía. Jamás mis padres se quedaron sin su siesta en sus vacaciones por entretenerme. Lo bien que hicieron.

Recomendaciones finales

Para aquellos que deseen comprar algún libro para el Día del Niño, aquí van algunas recomendaciones de Adela Dubra.

-“La bruja Winnie” no falla. De los de Susana Olaondo se supone que “Una pindó” es el mejor pero tengo debilidad por el bicho de luz “Olegario”.

-Hay que tener alguno de monstruos. Cualquier cosa medio asquerosa, que tenga mocos y cosas así. Tengo uno de Barrabás que es divertido y hace poco compré “El pastel revoltoso”, que nos divierte porque el personaje es un mugriento. No digo que sea “el” título, digo que rescato el concepto.

-Recomiendo comprar libros en inglés. Les va entrando. En general, además, tienen lindas ilustraciones.

-Para cuando son más grandes, Roald Dahl. Es buenísimo.

-Voy a pasar un dato que me pasó mi hijo Juan de 12 años: “Terror en la ciudad” de Sebastián Pedrozo. Dice que es el mejor libro que leyó en su vida. Yo lo miré por arriba, parece estar muy bien. Me parece que la edad donde en Uruguay hay menos oferta es entre los 9 y los 11 o 12 y voy a hacer una súper recomendación: “Bonsai” de Hernan Casciari. Es una revista-libro pensada para esa edad y, como dice en la tapa: “Léase Bonsai a los gritos y en familia. En voz baja o a solas es un 32% menos fabulosa”. Algunas historias cortas, entretenimientos y problemas para toda la familia onda: “En una carrera van…”. Ese tipo de cosas. Se pone divertido porque sale en una sobremesa familiar y juegan del abuelo al chiquilín. De verdad. Aquí está costando encontrarla pero hay que llamar a Librería Lautrémont y a El Narrador Libros. En Argentina está por salir el tercer número.

-Última recomendación: huyan de los libros de princesas. No es por un tema filosófico (que también puede serlo), es que son siempre y en el 100% de los casos aburridos. No tienen argumento. Las niñas se entusiasman con la tapa pero después de una lectura no da para más. Nunca lo eligen. 

Fuente e imagen: www.montevideo.com.uy

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