Es común que los niños quieran una mascota. Y cuando finalmente los padres aceptan regalarles una, hay ciertos puntos que no se deben dejar pasar. El Dr. Claudio Gerzovich, de Buenos Aires, Argentina, es veterinario, especialista en comportamiento animal, y aclara algunas dudas que pueden suscitarse a la hora de regalarle una mascota a un niño. 
 




¿Cuál es la edad ideal para que un niño tenga una mascota?

Esa pregunta en realidad la debería responder un psicólogo ya que es sobre comportamiento humano. Desde mi experiencia en una familia con padres responsables y bien informados sobre el comportamiento canino, a partir de los 6 meses del niño es un buen momento.

¿Qué beneficios tiene para el niño tener una mascota?

Existen numerosos estudios que demuestran que los perros pueden constituirse en verdaderos pilares de la educación de los chicos, de su desarrollo socioemocional en forma general y de su autoestima en particular.

Ellos pueden enseñarles a:

 Valorar la vida

 En la sociedad moderna, los niños viven alejados de la naturaleza y cada vez más cerca de objetos artificiales inanimados, con los cuales no pueden establecer una relación recíproca y que, por lo tanto, no necesitan respetar. Un ejemplo sencillo y cotidiano de este tipo de interacción entre un chico y un objeto lo constituye un juguete electrónico o a pilas.  Un chico lo prende cuando quiere, lo apaga si así lo desea y si el juguete se rompe lo tira y si sus padres pueden le compran otro.  De esta manera, el niño aprende a conocer los mecanismos por los cuales funciona este tipo de juguetes pero no comprende ni las emociones ni las necesidades de una máquina por el simple motivo que no las tiene.  Según la opinión de muchos psicólogos infantiles esto puede producir, en casos extremos, trastornos en el desarrollo socioemocional.

Por el contrario, la convivencia con un ser vivo no humano, como por ejemplo un perro, facilita el aprendizaje de los chicos en la comprensión tanto de los sentimientos de otros seres vivos como de sus necesidades, lo cual redundará en una mejor comprensión de sus propias emociones y necesidades así como de las de sus semejantes.  La consecuencia es un adecuado desarrollo socioemocional de los chicos.

Por su condición de ser vivo un perro puede convertirse en un símbolo para los niños, que les permita conocer, comprender, valorar y respetar los aspectos más importantes de la vida.  Para entender de qué manera puede suceder esto, comparemos la interacción entre un niño y un objeto inanimado con la de un niño con un cachorro.  A un cachorro no se lo puede encender, no se lo puede apagar, si se lastima sufre y hay que atenderlo y para poder convivir en forma armoniosa con él es necesario educarlo. De esta forma, los chicos aprenden que no pueden manejar todo a su antojo, perciben desde pequeños la importancia de respetar al prójimo y a su vez de exigir respeto por ellos mismos.

Atravesar distintas situaciones

Un acontecimiento emocionante y feliz para muchos niños es el nacimiento de los cachorros.  Esta puede ser una excelente oportunidad para que los padres les expliquen a sus hijos cómo es el comienzo de la vida.  Por el contrario, es un momento sumamente penoso para una familia cuando muere su propio perro.  El modo en que los padres enfrenten esta situación seguramente influirá en la forma en la que el niño lo haga a lo largo de su vida. Si los adultos sienten tristeza y la comparten con sus hijos, posiblemente los niños elaborarán y aceptarán con mayor naturalidad un proceso difícil de comprender para cualquier ser humano.

Ser responsables

 Los perros también pueden ser muy útiles en lo referente a la educación cotidiana de los chicos, ya que a través de ellos es posible enseñarles a asumir responsabilidades. Si los padres comparten junto a sus hijos el cuidado del perro de la familia, seguramente los más pequeños de la casa aprenderán a una edad temprana a cuidar y alimentar un animal que depende de ellos.  Por supuesto existen tareas que no son adecuadas para todas las edades, aunque siempre existirá una que puedan realizar.  Por ejemplo, no se le puede dar a un niño de cinco años la responsabilidad del baño de un perro, pero sí la de darle agua en forma cotidiana.  De esta manera el niño no sólo empezará a asumir responsabilidades desde pequeño, sino que llevar a cabo tareas acordes para su edad hará que se sienta más capaz.  Esto será de vital importancia para ayudar a construir su autoestima.

Respetar los límites

Otro aspecto importante dentro de la educación de los chicos son los límites.  En la sociedad actual resulta muy frecuente ver que muchos padres no ponen límites por temor a perder el afecto de sus hijos o por creer que los límites harán que sus hijos sean infelices.  Esto es una verdadera falacia, ya que los límites son una muestra de afecto y una ayuda para la mejor adaptación de los niños a la sociedad que les toca vivir.  A los adultos la sociedad nos pone límites constantemente, lo cual tiende a favorecer la convivencia entre nosotros mismos.  Si los niños no están preparados para conocer la importancia de los límites es posible que en algún momento de su vida se vean profundamente decepcionados.  Por todo esto la educación de un perro, en lo que respecta a la importancia de imponer determinados límites, puede resultar de suma utilidad.

Cuando trabajo junto a los dueños de un perro en su educación, suele llamarles la atención la demostración de afecto que el perro tiene para conmigo, a pesar de que suelo imponerle muchos más límites que ellos.  La explicación es sencilla.  Los límites puestos en forma no arbitraria sino pensando en el bienestar del otro individuo, en forma coherente, paciente y firme, hacen que la convivencia sea predecible, el individuo en cuestión esté contenido y por ello sienta gran confianza tanto en sí mismo como en quienes lo rodean.

Respetar al prójimo

 En muchos propietarios de perros está firmemente arraigada la creencia que estos animales de compañía nunca agredirán a sus hijos.  Sin embargo, esto no es una verdad absoluta.  Si bien los perros suelen ser muy tolerantes con los pequeños que se han criado con ellos, su paciencia tiene un límite.  Si un chico tira de la cola y de las orejas de su perro o lo pellizca, es probable que en algún momento el animal se muestre molesto.  Algunos perros en esta situación sólo se alejarán del niño, mientras que otros reaccionarán agresivamente.  Esta última actitud, que seguramente sorprenderá y causará desilusión a muchos propietarios, les enseñará al niño y a sus padres que la convivencia en armonía se basa en el respeto mutuo.  Por tal motivo antes de sufrir un disgusto y un potencial daño físico será necesario que los padres les enseñen a sus hijos la importancia del respeto por otro ser vivo, ya que caso contrario será probable que el perro, en algún momento de la convivencia, se encargue de hacerlo por sus propios medios.

¿Hay una mascota ideal según las edades?

En la vida no hay nada ideal ni perefcto. Hay animales que se adaptan mejor a distintos tipos de hábitats, a tipos de personas, a tipos de actividades, etc. y por lo tanto cada caso es particular y merece un análisi del mismo tipo. De todos modos si bien la elección del animal es un primer y muy importante paso, no es el único. La elección del cachorro y su educación son también muy importantes.

¿Es importante a nivel afectivo tener un animal en casa?

Otro de los aspectos interesantes e importantes de la convivencia entre los niños y los perros es que los animales suelen ser un gran apoyo emocional.  Este apoyo es diferente de aquél brindado por los humanos y presenta algunas ventajas.

Un perro puede hacer sentir a un niño que es aceptado incondicionalmente ya que no lo juzgará ni criticará -como lo harían otros niños- aun cuando se desempeñe pobremente en la escuela.  Según algunos psicólogos los perros pueden brindar un afecto duradero, de gran importancia para un desarrollo psicológico saludable.  Sin embargo, un perro no puede brindar un apoyo instrumental, es decir, no puede dar consejos ni ayudar en los deberes.  Por lo tanto, es importante saber que si bien los perros pueden constituirse en un apoyo de tipo incondicional, el vínculo que los chicos establecen con ellos se complementa con el que establecen con los humanos.

Mientras escribo estas líneas recuerdo que varios años atrás la maestra de una de mis hijas me invitó a que concurriera al jardín de infantes para explicarles a los chicos diversos temas relacionados con el cuidado que debe recibir un perro.  Para motivarlos acudí al establecimiento acompañado por mi perro Kimba.  Una vez en la salita todos los compañeritos de mi hija se acercaron a Kimba mostrándose sumamente afectuosos.  Sin embargo, al comenzar mis explicaciones todos salvo uno se sentaron a escucharme, aunque a decir verdad sin hacer demasiado silencio.  Por el contrario, el niño que se quedó junto al perro acariciándolo, permaneció absorto y en el más absoluto silencio durante casi cuarenta minutos.  Una vez finalizada la charla la maestra me comentó que el niño en cuestión era el más revoltoso y que ella estaba totalmente asombrada por lo que mi perro y yo habíamos conseguido.  Después de explicarle que el mérito no era mío sino de Kimba, me retiré con la certeza de que los objetivos de mi presencia en el jardín habían sido ampliamente superados. 
 

 En el caso de mascotas como gatos o perros, ¿qué pasa si el niño llega después que la mascota (si sus dueños tienen un hijo después de tener al perro a al gato)? ¿Puede ser que esta experimente celos? ¿Cómo se puede acostumbrarla a que la atención ahora está más centrada en ese niño?

En el caso de los perros debido a que son seres sociales y jerárquicos es importante tener en cuenta que la aparición de un individuo nuevo en el grupo puede afectar influir y alterar ambos aspactos. Por tal motivo es importante que el perro esté bien socializado con bebés y niños por un lado y bien jerarquizado dentro de la familia por el otro. En el caso de los gatos, debido a que son seres principalmente territoriales no suelen verse tan afectados como los perros

Si le regalan una mascota, ¿qué se le debe explicar al niño sobre el cuidado de esta?

En el caso de los perros que además de alimento, agua y cuidado de su salud necesitan respeto, afecto, reglas y actividad física. En el caso de los gatos que además de alimento, agua y cuidado de su salud necesitan afecto pero respeto por su independencia.

 
¿Las mascotas más pequeñas  (peces, roedores, tortugas) son una buena opción?

Eso depende de las necesidades de cada familia y el motivo por el cual adoptarían ese tipo de mascotas

Si la mascota fallece, ¿cómo se lo explica a un niño? ¿Es diferentes si se trata de un gato o un perro?

La muerte es parte de la vida. Es lo único que podemos asegurar sucederá en algún momento. No depende de si es perro o gato y cada familia debe pensar como encarar el tema de la muerte ante los chicos. Pero esa opinión habría que pedírsela a un psicólogo.

Entrevista realizada al Dr. Claudio Gerzovich  
Imagen tomada de: www.morguefile.com  

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