Al pensar en la protección solar a menudo reducimos el tema a la acción directa de los rayos ultravioletas, sobre la piel o sobre los ojos, pero éstos aunque importantes, no son los únicos efectos negativos del sol.

Al pensar en la protección solar a menudo reducimos el tema a la acción directa de los rayos ultravioletas, sobre la piel o sobre los ojos, pero éstos aunque importantes por cuanto producen quemaduras, cánceres y cataratas con pérdida de la visión, no son los únicos efectos negativos del sol. 

Otros efectos inmediatos causados por el sol son a través del aire caliente, interfiriendo con la regulación térmica del organismo. Cuando sube la temperatura del aire por el efecto solar, el organismo debe poner en marcha diferentes mecanismos para mantener constante su temperatura interna. 

La temperatura corporal es un parámetro principal en lo que definió Caude Bernard como constancia dinámica u homeostasis del medio interno. La temperatura corporal, registrada a nivel rectal o sublingual no debe superar los 37,5° C. Las cifras mayores se consideran hipertermias, denominándose fiebre sólo cuando son causadas por una infección. 

La regulación del calor corporal 

La fisiología humana se reconoce como homeoterma porque sólo puede mantener el funcionamiento saludable de los órganos y sistemas de la economía corporal dentro de ciertos márgenes de temperatura. 

La hipertermia tiene lugar cuando por diversas circunstancias, derivadas del propio organismo, o del medio ambiente, no puede eliminarse el calor que producen las reacciones químicas del metabolismo celular. Ese metabolismo produce energía utilizable por el organismo, y libera energía (exotérmica) en forma de calor. 

En circunstancias patológicas, por ejemplo el hipertiroidismo, se produce un exceso de calor, dado que el exceso de hormona tiroidea aumenta la actividad química metabólica celular. Pero en otros casos, con producción de calor normal, también puede existir hipertermia, o golpe de calor, si el clima excesivamente cálido se acompaña de aire húmedo y con poca brisa. De esta manera la difusión de calor corporal al entorno se hace menor y más lenta porque disminuye la evaporación del sudor a nivel de la piel. 

El golpe de calor y la insolación 

La temperatura corporal no es constante a lo largo del día, adecuándose a las necesidades biológicas del metabolismo. Desciende en la mañana y aumenta entre las 16 y 18 horas alcanzando 37,4° C. 

El golpe de calor ocurre cuando el cuerpo aumenta el calor corporal, ya sea por las altas temperaturas del entorno, y/o por la práctica de un ejercicio físico intenso. Ello causa síntomas banales como mareos, dolores de cabeza, hipertermia, debilidad general y palpitaciones. 

La insolación es un cuadro más grave que puede sobrevenir a continuación del golpe de calor. Se expresa por síntomas fundamentalmente neurológicos: confusión, convulsiones y pérdida de conocimiento. Dado que ocurre con hipertermia, a veces se plantea el diagnóstico diferencial con meningitis. 

La piel suele estar seca y caliente. A veces se asocian vómitos y dificultad respiratoria. 

Medidas a tomar para prevenir y revertir la hipertermia: 

Debe evitarse la exposición al sol entre las 10 y las 16 horas, debido a la mayor presencia de radiación solar UV. Igualmente se evitará realizar ejercicios físicos fuertes en dicho horario. 

La exposición solar deberá protegerse adecuadamente con lentes oscuros, sombrero y ropas livianas y holgadas de colores claros. Ante síntomas de insolación es preciso actuar más tempranamente en los extremos de la vida, antes de los 6 años de edad y luego de los 75, cuando los mecanismos de regulación térmica son más precarios. 

Igualmente, deben apoyarse especialmente a quienes realizan deportes o esfuerzos físicos prolongados con altas temperaturas del medioambiente. 

Los cuidados deberán extremarse en quienes padecen enfermedades crónicas, respiratorias o cardíacas, hipertensión arterial, diabetes y/o obesidad. Los obesos, que tienen un contenido de agua corporal relativamente menor a su masa corporal, son más susceptibles a sufrir hipertermias. 

Debe recordarse que los pacientes que están en tratamiento con ciertos fármacos, como diuréticos, laxantes, algunos antialérgicos, sedantes y antidepresivos, pueden tener mayores probabilidades de padecer los efectos de la insolación. 

Ante los primeros síntomas de un golpe de calor, lo primero es alejar al afectado de la exposición solar. Debe colocársele en reposo en lugar sombreado y fresco, ventilado por corrientes de aire. Se le han de ofrecer bebidas frías no alcohólicas en abundancia. El alcohol está formalmente contraindicado en estas circunstancias. 

Otras medidas aconsejables serán las de retirar toda la ropa innecesaria y mojar la piel con agua templada, fundamentalmente a nivel de la cara, cuello, las axilas e ingles, colocando al paciente ante un ventilador o un acondicionador de aire frío. En caso de no obtener una clara mejoría en el curso de los siguientes 30 minutos deberá realizarse la consulta médica de urgencia. 

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